
Aunque haya quien se confunda, no es lo mismo ser eficiente que ser eficaz. Incluso se pueden ser las dos cosas al mismo tiempo, si nos ponemos. De cualquier manera, hasta el mundo del cine se hace eco de la diferencia, con títulos, por un lado, como Efficiency y de otro, Ciudadano eficaz o Amor eficaz
En nuestro teatro necesitamos de ambos conceptos, aunque no siempre somos capaces de distinguirlos. En su día, ya dedicamos un estreno a la eficacia y también hemos hablado de la famosas Ley de eficiencia procesal, cuyo nombre completo es el de Ley Orgánica 1/2025, de 2 de enero, de medidas en materia de eficiencia del Servicio Público de Justicia. Y de eso es de lo que iba a hablar hoy.
La ley se autodenomina de “eficiencia”, de modo que habrá qué saber qué es exactamente la eficiencia. La RAE la define como la «capacidad de disponer de alguien o de algo para conseguir un efecto determinado» y también se describe como la «cualidad de eficiente», refiriéndose a la capacidad de lograr resultados deseados utilizando el mínimo posible de recursos. El Diccionario panhispánico del español jurídico destaca que es un principio de la administración pública para maximizar la gestión utilizando los mínimos recursos
Por su parte la IA (la prima lista de nuestro hasta ahora imprescindible San Google) nos da la clave -a su inteligente juicio, obviamente- para diferenciar eficiencia de eficacia al decir que mientras la eficacia es lograr el efecto deseado, la eficiencia se centra en el cómo se logra (con menos medios). En definitiva, la eficacia se centra en el fin, mientras que la eficiencia se enfoca en el proceso.
Así que, llegada a este punto, hay que destacar dos cuestiones sobre la eficiencia: de una parte, se centra en el proceso no en el resultado, y de otra, insiste en el uso de menos medios. Y aquí está el quid de la cuestión de esta ley de a que, hasta ahora, que no acabamos de ver las ventajas.
Si queremos ser eficientes, como el título de la ley, tendremos que centrarnos en reducir al mínimo posible los medios utilizados. Si queremos ser eficaces, sin embargo, iremos al resultado, aunque hayamos de usar más medios. Y, en mi opinión, cuando de Justicia se trata, lo importante es el resultado, la Justicia con mayúsculas, el dar a cada uno lo suyo del cual nos hablaban desde los tiempos del Derecho romano. Y, si para eso necesitamos más medios deberíamos tenerlos a nuestra disposición, aunque los utilicemos, eso sí, de una manera eficiente y no despilfarradora.
Pensemos en un ejemplo. Para ser eficientes en el sentido más estricto del término, habría que plantearse el sistema de recursos: cuantos menos, mejor, porque se acaba de forma más rápida y ágil el proceso. Si queremos la eficacia es obtener una resolución justa, sin embargo, deberíamos tener el mayor número de instancias posibles a fin de que se haga Justicia en todos los sentidos del término. Aunque, por supuesto, lo ideal sería combinar ambas.
No obstante, tal vez al legislador le traiciono el subconsciente y se tomó lo del ahorro de medios al pie de la letra, porque hasta el momento en lo que más se ha notado lo de la eficiencia es en una disminución de plazas, incluso amortizando jubilaciones, que no sé dónde nos va a llevar, pero dan ganas de decir aquello de “Virgencita que me quede como estoy”. Y quede claro que no solo me refiero a jueces y fiscales, que ya han anunciado a bombo y platillo que van a crear muchas plazas, aunque yo como Santo Tomás, hasta que no lo vea no lo creeré. Me refiero también a LAJs y funcionariado, que cuando nos descuidamos os desaparece alguno. Ya veremos adónde vamos a parar.
Eso sí, con el lenguaje es con lo único que no se ahorra. Se nota que nuestra saliva es gratis y nuestro teclado sufrido, y de ahí que lo antes llamábamos “juzgado” sea una plaza de una sección de un tribunal de instancia. Aunque se lo han puesto difícil a la prensa, que a ver cómo dan un titular diciendo que el titular de la plaza X de la sección Y del Tribunal de Instancia Z ha acordado tal o cual cosa.
La cuestión es que llevamos ya un tiempo de rodaje, y a poca gente he oído hablar de las ventajas de esta ley y a muchos de lo contrario. Igual con el tiempo la cosa mejora, que no quiero ser ceniza.
En cualquier caso, si tengo que elegir yo prefiero ser eficaz que eficiente. Prefiero centrarme en lograr una solución justa que en ahorrar medios para tratar de llegar a ella. Aunque, evidentemente, lo ideal es ser ambas cosas. Por eso hoy daré el aplauso a quienes lo consiguen. No puede ser de otro modo.









