
Hay cosas que son tan obvias que no haría falta decirlas. Pero, sin embargo, se dicen. Y hasta sirven para dar título a películas, como Subir y bajar abajo. Nada que ver con Arriba y abajo, esa serie de época tan recordada.
En nuestro teatro el uso de esas obviedades es, a veces, inevitable. La muestra más evidente es la expresión “querella criminal”, que es la expresión que se emplea para referirse, sencillamente, a la querella que se interpone ante los órganos jurisdiccionales penales por lo cual el adjetivo “criminal” sería innecesario.
Cuestión parecida es la de la famosa, sobre todo en medios de comunicación y tertulias varias, del término “denuncia penal”, cuando la denuncia, en Derecho, es de naturaleza penal sí o también. Otra cosa es la demanda que, aunque suele remitirnos a la jurisdicción civil, puede ser propia de otras jurisdicciones, aunque nunca de la penal.
Pues bien, este uso reiterativo de lo que resulta obvio tiene un nombre en el lenguaje, el de pleonasmo. Y ojo, que no todos son una redundancia innecesaria. De hecho, la propia Real Academia ha manifestado respecto del ya mentado “subir arriba” o “bajar abajo” que, aunque parezcan una redundancia, son pleonasmos que constituyen expresiones correctas si se usan en el contexto adecuado. No obstante, yo entiendo, con el permiso de los señores de la RAE, que es difícil subir en una dirección que no sea arriba, o hacer lo propio cuando se trata de bajar.
En cualquier caso, y otro de los pleonasmos – ¿o redundancias? – más frecuentes, y no solo en el ámbito jurídico, es una expr4esión que cada día se escucha más, la de “valorar positivamente”. Según la bendita RAE, “valorar” consiste en “reconocer, estimar o apreciar el valor o mérito de alguien o algo”. Por tanto, si se valora a alguien, ya se hace de una manera positiva, por cuanto que se aprecian su valor o sus méritos, y no hace falta que se diga eso de “positivamente”. Sobre todo, porque no cabe decir, como antónimo, que algo se valora negativamente. O no cabía, porque hace y tiempo que la Real Academia dobló la testuz y admitió que se puedan utilizar ambos adverbios -positiva o negativamente- tras el verbo “valorar”. Para que luego digan que la RAE no se adapta a los tiempos. Lástima que para otras cosas le cueste mucho más, como para hacer desaparecer la acepción de “mujer del juez” al referirse “jueza”, aunque sea coloquialmente y en desuso. Y otro tanto cabe decir de la “fiscala”. Y eso a pesar de la campaña que se instó desde la Asociación Mujeres juezas allá por 2016, que consiguió que se erradicara como una de las acepciones, pero no que despareciera totalmente.
Pero hay otros muchos pleonasmos que utilizamos sin apenas ser conscientes de ello. Uno de los más frecuentes es afirmar que algo es así “en mi opinión personal”. Como si la opinión pudiera ser de otra naturaleza. ¿O acaso alguien ha oído hablar de la opinión animal o mineral? Pues eso.
En Derecho también se ha empleado en algunos casos otra expresión que, per se, es un pleonasmo. Me refiero a la de “accidente fortuito”. Porque algo es un accidente o no lo es -o sea, entraríamos en el campo del ilícito penal o de otro tipo-, y, si es fortuito, es per se un accidente. Una obviedad obvia.
También hemos oído decir a testigos que vieron las cosas con sus propios ojos o las escucharon con sus propios oídos, como si se pudiera ver o escuchar con los ojos o los oídos de otro. Y otro tanto cabe decir de “callarse la boca”, porque es evidente que, aunque se pueda silenciar a alguien para que no escriba algo, es finalmente su boca la que habla y, en su caso, cala.
Lo mismo cabría decir de la referencia a la edad. Si alguien tiene catorce años, huelga decir que tiene catorce años de edad. Pero se dice. Del mismo modo que se dice que una catástrofe fue terrible, como si las catástrofes pudieran ser poco catastróficas, valga la redundancia. ¿O no?
Y hasta aquí estos pequeños apuntes sore redundancias y pleonasmos. Seguro que a quien me lea se le ocurren muchos más, y quedo abierta a sugerencias. Pero, mientras tanto, no me olvido del aplauso, que dedico hoy a quienes se siguen esforzando cada día en hacer buen uso del lenguaje. Que no siempre es fácil.








