
Cuando ocurre un acontecimiento histórico, todo el mundo fija en su memoria qué hacía en esos momentos. Una pregunta, la de ¿Dónde estabas entonces?, que ya formaba parte de una canción que ya es un clásico, Insurrección, de El último de la fila y que, a su vez ha dado lugar a títulos de series y programas como el que no hace mucho se emitía en una cadena nacional, con ese mismo título, u a otros en el ámbito autonómico como Dejavu en la Televisión valenciana.
En nuestro teatro, todo el mundo recordamos qué hacíamos cuando pasaron determinados acontecimientos. Y hoy conmino a quienes me leen a que me acompañe en este viaje, pero siempre relacionando los hechos con lo que ocurría en Toguilandia. ¿Me acompañáis?
Podría empezar recodando qué hacía cuando murió Franco o cuando tuvo lugar el golpe de Estado frustrado, pero como era una niña o un adolescente, mi vida toguitaconada no había empezado, así que pasaré de puntillas por estos casos.
Mis primeros recuerdos de acontecimientos importantes relacionados con Toguilandia son dos. El primero tuvo lugar cuando yo era adolescente, pero el juicio comenzó cuando ya era opositora, y supuso un hito judicial en mi comunidad, además de una catástrofe muy recordada. Se trata de la denominada “pantaná de Tous” y de ella me quedó una anécdota fantástica, la de un agricultor que, espontáneamente, declaró cuando actuaba como testigo que dijo “Hostia, el Ebro”.
El segundo caso ha arcado un antes y un después en la vida judicial y sobre todo en la crónica de sucesos. Se trata del caso de las niñas de Alcácer, y recuerdo que, cuando se encontraron los cadáveres, yo, que ya había aprobado la oposición y estaba en casa a la espera de destino, me vi sorprendida por la llamada y un periodista a mi casa -nada de móviles entonces- porque el plumilla confundió mi nombre con el e mi prima forense y lo buscó en la guía telefónica. Lo que más me llamó la atención era que este tipo hizo la llamada mucho antes de que la noticia saliera a la luz. Así que me enteré casi antes que nadie de mi mundo. Posteriormente, veía el circo que muchas veces se montaba ante la puerta de la Audiencia en cada sesión y el que se emitía por televisión luego. Incluso tuve alguna intervención por sustitución de una compañera en el juicio por las injurias a profesionales de la justicia en medios de comunicación.
Mi siguiente recuerdo ya no es tan local, pero sí muy trascendente. Cuando tuvieron lugar los atentados del 11 S me encontraba de guardia en un juzgado de Valencia. Y la guardia se complicó tanto por otros motivos que hasta las 8 de la tarde no supimos bien qué había pasado. Hasta entonces teníamos una noticia difusa de algo que igual podía ser un accidente que el mismísimo fin del mundo.
Por su parte, el 11 M me pilló de camino al juzgado del pueblo que despachaba entonces, donde nos esperaba una sesión de juicios de faltas. De lo que más me acuerdo es de la sensación de horror desde que salí de casa, en que apenas harbaban de algún fallecido, al imparable aumento de la cifra de fallecidos en los escasos 15 kilómetros que separaba mi casa del juzgado. Y, por supuesto, la desazón que nos causó conocer la verdadera magnitud de la tragedia.
Otro de los acontecimientos que nos han marcado, judicial y personalmente, ha sido la pandemia. Como servicio esencial que somos, estuve haciendo guardias con regularidad, las primeras incluso sin mascarilla. Y, por supuesto, llegando con el salvoconducto que me permitía salir de casa. Recuerdos de los que parece hacer mucho tiempo pero que vivimos hace apenas un lustro. Y no solo eso, sino todas las repercusiones de retrasos y suspensiones hasta que, tiempo más tarde, logramos ponernos al día. O todo lo al día que fue posible.
¿Y cómo no recordar algo tan doloroso para mi tierra como la Dana de 29 de octubre de 2025? Pues, una vez más, me pilló de guardia. Y, una vez más, fui enterándome entre detenido y detenido del escalofriante aumento del número de víctimas. Ahora recuerdo esos días cuando veo las dificultades de un proceso judicial largo y complejo. Espero poder ver el juicio, y que se haga justicia.
Aunque si de recuerdos dolorosos hablamos, también en mi Valencia natal vivimos algo que no olvidaremos nunca: el accidente de metro de 2006, cuya larga trayectoria judicial finalizó hace relativamente poco. Aquel horror me pilló en mi despacho, junto a la que entonces era mi compañera de despacho que comentaba que la guardia estaba siendo muy tranquila. Lo que sucedió minutos más tarde ya es historia. Una historio que a buen seguro les suena a quienes estaban en ese trance cuando el accidente del Alvia o el reciente accidente de Adamuz.
Y hasta aquí estos hitos. Podrían ser más, pero son mis recuerdos. Y dedicare mi aplauso a quienes hicieron más llevadero lo que sucedía. ¿Cuáles son los vuestros?









