
Las personas no siempre somos conscientes de nuestros actos, ni siquiera cuando creemos que sí lo estamos. La manipulación, que hace que alguien actúe siguiendo los designios de otro, sea consciente o inconsciente, sutil o descarada, es protagonista de diversas películas, entre las cuales, tal vez, las más características sean El show de Truman, El silencio de los corderos, La naranja mecánica u, obviamente, Manipulación.
En nuestro teatro, como no podía ser de otro modo, la manipulación juega sus cartas tanto a uno como a otro lado de estrados, y tanto en la vida profesional como personal. Porque en Toguilandia somos seres humanos, aunque a veces, viendo lo que se ve y oyendo lo que se oye, cueste de creer.
La manipulación en estado puro tiene su reflejo más claro en dos figuras propias del Derecho Penal íntimamente relacionadas, la autoría mediata y la inducción que pueden verse, incluso, como dos caras de la misma moneda.
La autoría mediata es la de quien comete los hechos delictivos como instrumento de otra persona, incluso sin saber lo que está haciendo. Sería el caso de quien utiliza a otra persona para trasladar droga de un lugar a otro, incluso atravesando fronteras, colocándole las sustancias en su maleta o en su carga sin que esa persona lo sepa. No me refiero al caso de las llamadas “mulas”, que son captadas entre personas con extrema necesidad para trasladar drogas de un lugar a otro y que suelen pagar muy cara su desesperación. En este caso no hay manipulación y, si la hay, es otra forma sutil llevada por la necesidad, pero no hay desconocimiento. También hay caso de autores mediatos cuando se utiliza para delinquir a personas menores o discapaces.
La inducción es un modo de participación que equivale a la autoría directa en cuanto a penalidad y en cuanto a reprochabilidad podría ser incluso mayor. Es la acción de quien, de uno u otro modo, convence a otra persona para cometer un delito. En nuestro Derecho solo se castiga cuando efectivamente se ha cometido el delito, salvo los supuestos en que está expresamente penada esa acción previa, como sería la apología de determinados delitos, la inducción a la prostitución o la incitación al odio.
Aparte de estas figuras jurídicas tan evidentes, hay otros casos en que la manipulación se utiliza como argumento para tratar de exculparse. Sería el caso de esas mujeres, con nada menos que una infanta a la cabeza, que dicen no ser conscientes de lo que hicieron, porque firmaban todo aquello que les decía su marido que firmaran. Y es que el amor es lo que tiene.
Un caso similar sería el que todos aquellos que utilizan como estrategia de defensa que es obligaron a hacer tal o cual cosa, como sucede en algunos supuestos de chantaje, Como excusa, puede valer, aunque habrá que ver caso por caso. No nos quedemos con la idea de que basa decir que me obligaron a hacer algo para salirme de rositas.
En mi vida profesional, he visto ejemplos de manipulación real o utilizada como excusa incluso para acceder a determinados puestos dentro de la carrera. He llegado a oír que Fulano o Zutana se presentaron para determinado cargo porque les forzaron o indujeron a hacerlo. Allá cada cual con sus razones. O con sus explicaciones si no lo ha logrado
En el plano personal, quienes habitamos Toguilandia somos tan susceptibles de ser manipuladores o manipulados como cualquiera. Las togas no nos inmunizan a nada, aunque, en los caos en que alguien se presenta como víctima, nos ayudan a detectarlo, porque ya se sabe que sabe más el diablo -toguitaconado- por viejo que por diablo.
No obstante, no quiero acabar este estreno sobre manipulación sin referirme a una forma sibilina que nos impide, incluso, darnos cuenta de lo que ocurre. Es la de quien, habiendo realizado determinado hecho reprochable, da la vuelta a la tortilla prestándose como víctima de la reacción que la verdadera víctima tuvo al ser atacada. Sería el caso de una persona que se dedica a acosar a otra hasta sacarla de sus casillas y, cuando esta reacciona, se dedica a presentarse como víctima de su reacción en lugar de como provocadora de su reacción. Y es que hay gente que es muy ladina.
Y hasta aquí el estreno sobre manipulación. El aplauso se lo dedico hoy a quienes son capaces de detectar a quine manipula, aunque sea un lobo con piel de cordero Porque no es nada fácil.








