
No es oro todo lo que reluce. Y aunque creamos que la igualdad está lograda, todavía queda un largo camino. Un camino que se ve en películas que todo el mundo conoce, como West Side Story, en cualquiera de sus dos versiones, o Philadelphia.
En nuestro teatro ya hemos visto causas de discriminación en las dos publicaciones anteriores, pero quedan algunas por analizar. De las que están y de las que no están en el Código Penal. Así que vamos al lío.
La aporofobia, de la que ya hablamos en otras de nuestras funciones también es de las causas que se introdujeron más tarde, en 2021. Es un término acuñado por la filósofa Adela Cortina, que significa “odio al pobre”, esto es, discriminación a indigentes, mendigos o pobres en general por el hecho de serlo. Por desgracia, recordamos casos en que se ha llegado a quemar a personas sintecho en el cajero donde pernoctaban como manifestación más extrema, aunque hay otras. Es mucho más frecuente de lo que podríamos creer, pero por las circunstancias de las víctimas se denuncia poco.
La exclusión social es muy parecida a la anterior, aunque esa formulación abarca muchos más supuestos, y no hace necesario probar una situación de indigencia absoluta o miseria total para considerar que estamos ante esta motivación.
En cuanto a la enfermedad como causa de discriminación, puede parecer difícil de apreciar, pero no lo es tanto. Pensemos, sin ir más lejos, en los que sucedía con los enfermos de SIDA en su momento e incluso lo que sucede con algunas personas seropositivas en la actualidad.
Por último, contempla el Código la discriminación por discapacidad, quizá la causa más cruel por la especialísima vulnerabilidad de las víctimas, las personas con discapacidad . Comprende, por descantado, los casos de discapacidades físicas, sensoriales o psíquicas. Un ejemplo desgraciadamente conocido es el de los casos en que se prohibió la entrada en una discoteca o un hotel a un grupo de personas con síndrome de Down, o el de impedir a un invidente que su perro guía suba a un taxi. Dada las especiales condiciones, sobre todo en casos de discapacidad psíquiica, es difícil que las víctimas denuncien porque muchas veces ni siquiera son conscientes de lo que ocurre.
Pero aquí no acaba todo. Hay otras posibles causas de discriminación que no están en la redacción del precepto. ¿Quiere eso decir que esos atentados quedan impunes? Pues no, aunque no podrían perseguirse esos hechos como delito de odio, si a través de otros tipos legales como los delitos contra la integridad moral o las coacciones. Eso es, precisamente, lo que hacíamos cuando causas como la aporofobia no estaban específicamente contempladas.
Así que, veamos algunos ejemplos. El primero de ellos seria la discriminación por el aspecto o razones estéticas, que no se encuentra entre las razones de discriminación del Código Penal pero sí entre la que considera publicidad ilícita por sexista nuestra Ley general de publicidad. Aunque se puede referir a cualquier ámbito de nuestro aspecto -gafotas, narigudo, tetona- pero la gordofobia se lleva la palma, con efectos muy peligrosos en la salud física y psíquica, como lamentablemente vemos en muchos casos.
Otra causa no contemplada sería la discriminación por el origen geográfico, no nacional, esto es, por ser de otra ciudad, pueblo o comunidad autónoma, por ejemplo. Muy relacionado con ello está la discriminación por causa de usar uno u otro idioma cooficial, que tampoco tiene epígrafe concreto, aunque es objeto de discusión.
Íntimamente relacionado con lo anterior está la llamada glotofobia o discriminación por razón del acento y que ha dado lugar, incluso, a manifestaciones en defensa de determinados acentos o modos de hablar, como ocurre con el andaluz.
Para acabar, hay que aludir a aquellas causas que tienen un nombre propio pero que no están incluidas expresamente, pero sí tienen cabida en otras. Es lo que ocurre con la islamofobia o la gerontofobia, que entran dentro del racismo y el edadismo, y es exactamente lo que ocurría antes de su regulación expresa con el antigitanismo, como vimos.
Y con esto se cierra el telón de las causas de discriminación. Aunque antes hay que dar el aplauso, que va de nuevo dirigido a quienes luchan contra esto, aunque hoy quería dedicárselo especialmente a las organizaciones del tercer sector que están en la brecha cada día. Gracias por estar ahí.








