MEDALLAS: ¿OSCAR EN JUSTICIA?


RAIMUNDA

                Ya llevamos muchas representaciones en nuestro gran teatro, y todavía no hemos recibido ningún premio, más allá del aplauso del público, que no es poco. Pero no hay espectáculo que no tenga su noche de lucimiento en esas entregas de premios que todos hemos visto por televisión. Oscars, Goyas, Césars, Tonny, Palma de Oro de Cannes, Concha de Oro de San Sebastián y miles de otros premios que, más o menos merecidos, adornan el palmarés y las estanterías de los agraciados. Y, por supuesto, nuestra función no podría dejar de tener los suyos propios.

                Reconozco que la idea me vino fruto de la indignación. La indignación que me produjo cierta concesión de una “raimunda” –nuestro Oscar por antonomasia- hace unos cuantos días. Como no me gusta ponerme medallas que no me corresponden, reconozco también que, además de la indignación, me inspiró el post que un ilustre –además de Ilustrísimo- compañero, Salvador Viada, publicó en su blog, que a su vez fue rebloggeado por mi querida Loreto Ochando en su –nuestro- http://nosinmitoga.com/ Así que vayan los reconocimientos por delante. Al César lo que es del César.

                Lo bien cierto es que nuestra función tiene también sus propios premios. Y sus galas de entrega, no creamos que no, aunque bastante diferentes a las de la farándula. En lugar de vestidos de Versace o de Dior, las sempiternas togas, engalanadas con “placa y medalla de acuerdo con su rango”, como dice la ley. Y nada de alfombra roja ni de photocall: una sala de vistas, a poder ser la más solemne, o un salón de actos que haga las veces. Mucho más formales pero con menos glamur, qué duda cabe.

                Nuestro Oscar por antonomasia es, como he dicho, la Cruz de San Raimundo de Peñafort –vulgo, “raimunda”-, en sus distintas modalidades, que se otorga –o debería otorgarse- por los méritos del premiado al servicio de la justicia y de los ciudadanos. Conozco muchos compañeros, de esta carrera y de las carreras hermanas, que la han obtenido más que merecidamente. Por su servicio a la causa durante su carrera, por su intervención en juicios especialmente difíciles, por haber sido objeto de un ataque en el cumplimiento de su deber y por mil cosas más. También se dan algunas por haber servido en determinados organismos o instituciones, a los que no haré referencia directa por causas que ya saben quienes me conocen, aunque admito que la entrega con que se realizan estas funciones bien merece un reconocimiento. La mayoría de ellas, insisto, merecidísimas, como una a la que tengo un especial cariño y que llegó demasiado tarde, como tuve ocasión de contar en su día (http://nosinmitoga.com/2014/03/05/la-medalla-que-llego-tarde/). Por eso, precisamente, resulta irritante que algunas se den sin ton ni son. Porque son minoría y ensucian a quienes la ostentan con honor. Pero bueno, también hay Oscar que consideramos injustamente concedidos. Gajes del oficio, supongo.

                Pero además de “raimundas”, hay otros premios. Medallas otorgadas por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, por Colegios Profesionales, por Asociaciones públicas o privadas, y por cualquier institución u órgano que tenga a bien reconocer la valía de un compañero. Me quito el sombrero ante ellos, por supuesto. Pero también me gustaría hoy hacer un reconocimiento extra, el de las medallas que nunca se entregan y que se merecen tanto como las otras. La recompensa a llevar el trabajo al día, a hacerlo con entrega, a no desfallecer ante las adversidades, a seguir manteniendo la ilusión, a luchar por la justicia. El premio que nunca se da al trabajo callado y eficaz.

                Por eso, desde aquí enviaré hoy mi aplauso a todos los distinguidos por méritos propios, desde luego. Pero con una ovación especial a todos los que también lo merecen por su trabajo diario y no lucen medallas. Al menos, que reciban el aplauso del público. Lo mejor que uno puede recibir en un escenario.

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4 pensamientos en “MEDALLAS: ¿OSCAR EN JUSTICIA?

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