PUÑETAS: MUCHO MÁS QUE UNA EXPRESIÓN


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A hacer puñetas. Ahí es donde mandamos a alguien cando no queremos ni verlo, como haríamos, por ejemplo, con el director de nuestra función, al que ya dediqué un post, si no cumple con su labor como corresponde. También decimos que cuando alguien nos da la lata excesivamente nos hace la puñeta, y hasta empleamos la expresión “¡Puñetas!” como muestra de asombro, de fastidio o de enfado, cuando no queremos usar de otras más malsonantes. Y, por último, si una persona es muy pejiguera o puntillosa, la llamamos “puñetera”. Pero en nuestra función, las puñetas tienen otro significado. Forman parte del vestuario habitual y significan mucho más que todo eso. Y bastante más agradable, por cierto.

Los fiscales y los jueces, y desde hace un tiempo, también los secretarios judiciales, ponemos las puñetas en nuestras togas a partir del momento en que ascendemos a la categoría segunda, esto es, la que convierte a los jueces en magistrados y a nosotros en el equivalente. Al mismo tiempo, la galleta plateada vira a dorada. Son, ni más ni menos, que fruto del paso del tiempo en nuestras respectivas carreras, algo así como las canas de la toga. Y claro, como canas que son, blancas e impolutas. O al menos, así deben ser.

Hace apenas unos días que estrené mis nuevas puñetas. Las segundas, que ya no soy tan joven. A las anteriores les había dado tantas horas de vuelo, que pedían a gritos un descanso. Aún no sé si se han jubilado por incapacidad de seguir adelante o sólo padecen una incapacidad temporal, pero confío en que las manos de hada de mi madre las devuelvan a la vida y puedan intercambiarse dando descanso a su fatigosa vida de función en función.

Todas las puñetas tienen su historia, que hasta podría ser un argumento para nuestro espectáculo. Las que ahora estreno son regalo de una buena amiga, de su traje de valenciana (son las que ilustran la parte superior de esta entrada), y ya le he dicho que una parte de ella me acompaña a la sala cuando voy a juicio. Pero sus predecesoras también tienen una bonita historia que contar. Fue otra amiga, esta vez virtual –aunque espero desvirtualizarla pronto- quien me sugirió vía twitter que deberían tener un lugar en nuestro escenario. Y tenía razón, así que dicho y hecho.

Las puñetas que lucía hasta ahora fueron un regalo de una tía mía. Me las trajo el mismo día que aprobé la oposición, aún sabiendo que tardaría años en llevarlas. Pero me hizo una ilusión enorme, porque estaban hechas con una primorosa puntilla de bolillos perteneciente al ajuar de novia de su madre, la Señora Pepa, a la que yo tenía un gran cariño. Son unas puntillas preciosas, y únicas, o casi, porque sólo existe otro par igual: las de su hijo, magistrado, creo que ya en desuso.

Aparte de haber conocido toda clase de juicios, también tienen una bonita anécdota que contar. Han protagonizado un artículo en varios periódicos y su fotografía las ha hecho casi famosas. Cuál no sería mi sorpresa al descubrir en una librería que eran portada de un libro –“Abogados del poder”- y, hace nada, del cartel anunciador de una jornada conjunta de Medel, Jueces para la Democracia y la Unión Progresista de Fiscales (por si alguien no lo cree, aquí dejo la prueba gráfica) Aunque nadie les pidió permiso a ellas ni a mí –sí al fotógrafo autor-, se pusieron muy contentas. Ahora son algo así como las estrellas entre todas las puñetas. Y claro, necesitan un descanso en el spa del costurero de mi madre. Y no se lo podía negar. Difícil listón les han puesto a sus sucesoras, pero seguro que también hacen un buen papel. Yo misma no puede evitar la tentación de usar su imagen en una entrada anterior (https://conmitogaymistacones.com/2014/10/17/jefes-presidentes-ii-los-que-mandan-mas/)

Y no sólo las mías tienen un pasado. Las que más y las que menos, podrían contar miles de cosas. Las de mi preparador –uno de ellos-, que aún conserva, las compré yo misma en una de mis viajes a Madrid siendo opositora. Y otras compañeras me han contado que se las hicieron en Camariñas, o que se las encargaron a las monjitas de un convento que conocía su abuela. Y seguro que cualquiera podría contar anécdotas de las suyas.

Así que vaya desde aquí un homenaje a todas esas sufridas puñetas que simbolizan horas y horas de representación en nuestro escenario.

Y, por si alguien no cree lo que digo, aquí queda el testimonio gráfico. Antes de que me mandéis a hacer puñetas, por supuesto.

abogados del poder Cartel-MEdel-definitivo

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10 pensamientos en “PUÑETAS: MUCHO MÁS QUE UNA EXPRESIÓN

  1. ¿Sabes el origen de la expresión “vete a hacer puñetas”?

    Resulta que las puñetas, tradicionalmente, se hacían de encaje de bolillo. Al ser un diseño circular y ancho, se van añadiendo poco a poco más hijos, más bolillos y más alfileres al soporte de hacer el bolillo. Se van enredando, enredando los hilos… y se dice que sólo las buenas bolilleras saben hacer buenas puñetas, porque es muy complicado terminar unas buenas puñetas sin que se líen.

    Esto lo sé porque me lo contó una amiga, que nada tiene que ver con la profesión de jurista, que es bolillera. A ella le hicieron un encargo determinado para un magistrado de Murcia y, después de un mes y medio de trabajo intenso, tuvo que renunciar, porque no podía terminarlas sin líos en la hiladura.

    Por eso cuando mandamos a alguien a hacer puñetas, lo mandamos a que haga una labor ardua y complicada, para que esté ocupado y nos deje en paz.

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  2. Como dato curioso, el Real Decreto de 28 de noviembre de 1835 impuso a los magistrados y fiscales el uso de gorra negra de figura circular, cubierta la parte superior por un embutido que hacía sobresalir el casco una pulgada en lo alto y en la circunferencia, teniendo en medio una borla de seda. A los pocos años se volvió a imponer el birrete de seis lados. No es hasta el Estatuto General de la Abogacía del 2001 (art. 49) que declara, como potestativo el uso de birrete, en el art. 37, disponía que los abogados no estarían obilgados a descubrise más que a la entrada y salida de las Salas que concurran para las vistas y en el momenot de solicitar la venia para informar. Como diría el mismísimo Robin Food los abogados visten toga “sin chorradas”, tan humilde, como digno, tan negro… que con lo mínimo, alcanza el mismo señorío. De ahí que su portador tenga tratamiento de Señoría (letrado de la defensa), Su Señoría Ministerio Fiscal, y sus señorías los Secretarios y procuradores… Sin perjuicio de la Señoría de las Señorías jejeje

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