Ilusión: agárrala como puedas


ilusión

                Pocas profesiones requieren un componente tan alto de ilusión, y de vocación, como la de artista. Todos los que hacen del espectáculo su modo de vida comienzan porque su ilusión es tan grande, y tan fuerte, que es capaz de superar todos los obstáculos que se pongan por delante hasta llegar a su meta, brindar su arte al público.

                Y los protagonistas de nuestro teatro no son distintos. Cuando alguien decide poner en stand by su vida entera con tal de conseguir su sitio en estrados, lo hace porque la ilusión, y las ganas, son tan fuertes que pueden con todo. Y necesita que esa ilusión siga día a día, que habite los apuntes y los Códigos porque en otro caso acabará tirando la toalla antes de haber podido apretar el botón de on.

                Pero la meta está más lejos. No basta con llegar a alcanzar el objetivo soñado, convertirse en uno de los protagonistas de nuestro gran teatro. Hay que salir todos los días al ruedo y ofrecer una nueva función. Y para esto, también es indispensable la ilusión, ese bien precioso y preciado que, a veces, se nos escapa entre los dedos como un pez, como decía aquella preciosa canción de Victor Manuel, Solo pienso en ti.

                Aunque no seamos filósofos, ni falta que nos hace, hablamos mucho entre los compañeros de esa etérea protagonista que sobrevuela las tablas de nuestro escenario: la ilusión. De hecho, era una de nuestras peticiones en la carta a los Reyes que hicimos en su día https://conmitogaymistacones.com/2015/01/05/reyes-magos-no-mas-carbon-por-favor/ y no sabría decir muy bien si los Magos de Oriente cumplieron su cometido. Y, mientras algunos afirman que les es esquiva, cuando no piensan que se ha ido definitivamente, otros recuerdan con tristeza cómo conocen a gente muy válida que se viene abajo después de que se la anden cortando hachazo tras hachazo. Y otros más andamos aferrándonos a ella con uñas y dientes, aunque a veces quede colgando de un hilo al borde de un precipicio.

                Porque no es fácil mantener la ilusión por el trabajo bien hecho cuando hay que pelearse con ordenadores, con programas informáticos y con medios materiales del Pleistoceno. Porque es más difícil todavía cuando hay instalaciones donde se pone en juego algo mucho más tangible, nuestra integridad física, con techos que se caen y expedientes que pugnan por dejarnos sepultados bajo su peso. Y también es difícil cuando uno no sabe cuándo saldrá adelante tal o cual asunto por falta de plazas, más aún tras la volatilización de los sustitutos.

                Pero, como las mejores cosas de la vida, la ilusión no se recupera con dinero, con esa anhelada dotación de medios que ignoramos si llegará algún día. O al menos no sólo con ella. Los inconvenientes de un sistema rígido, que no siempre valora a los mejores, que deja que seres brillantes pierdan su luz entre trabas burocráticas y falta de motivación profesional, es la peor enemiga de ese ente llamado ilusión. Y contra esto no es fácil luchar. Que el mundo no anda sobrado de Quijotes.

                Pero hay que tirar hacia adelante, y pensar lo que al público le importa nuestra función. Que aunque a veces cueste hacerse a la idea, esa mujer que se sintió ultrajada por la vecina que la llamó “sucia”,  ese hombre preocupado porque no le reparan los daños de su moto o el dueño de la tienda que ve cómo todos los días le rapiñan las golosinas, esperan de nosotros que hagamos justicia. Que la justicia no es sólo cosa de corruptos, de asesinos, de macroestafas o de ingeniería financiera del más alto nivel. Todos esperan algo de nosotros, y se lo debemos. Y no podemos cumplir si la ilusión se marchó para no volver.

                Ella está ahí. Y solo espera que la recuperemos en esa mujer que por fin se decidió a romper la relación con su maltratador, en esa familia que se sintió confortada porque se hizo justicia con quien rajó su vida por la mitad con un horrible crimen, en ese menor que consiguió salir de un espiral de violencia antes de que le devorara, en ese drogadicto que se rehabilitó y también en ese ciudadano que ve que quienes se enriquecieron con el dinero de todos acaba pagándolo

                Así que os daré un consejo a todos, como el dueño del bar del anuncio de la lotería, con título de película: Agárrala como puedas. Vale la pena el esfuerzo.

                Por eso, hoy no pido aplauso ni ovación para ella. Porque la ilusión no necesita de eso, sólo quiere una casa donde poder quedarse. Así que hagámosle hueco aunque a veces cueste tanto. Cojámosla bien fuerte, y ya sabemos. ¡Arriba las togas!

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5 pensamientos en “Ilusión: agárrala como puedas

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