REDES SOCIALES: UN PODER POR EXPLORAR


VCIA Y REDES 15

                Ya lo decía la vieja canción: “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”, y el espectáculo no puede permanecer ajeno a ello. Todos los actores tienen hoy su cuenta de twitter con miles de seguidores, su perfil de Facebook o de Instagram, o un blog, y algunas de las estrellas más rutilantes del panorama musical empezaron difundiendo un vídeo en Youtube. Es el poder de las ya no tan nuevas tecnologías, las hoy llamadas TIC que, como dije en otra ocasión, son algo más que un movimiento espasmódico de algún músculo.

                Pero aquí nuestros protagonistas andan bastantes pasos atrás, al menos los de uno de los lados del banquillo. Porque, así como los abogados –también los procuradores- se han incorporado de modo masivo a la blogosfera y otros mundos virtuales, quienes lucimos puñetas lucimos también una reticencia a las redes que hace juego con la vetustez de nuestra puesta en escena. Y quizás habría que hacérselo mirar.

                En efecto, aunque hay cuentas de twitter de jueces, de fiscales y de secretarios –individuales o colectivas- muy activas, y también muy atractivas, son –somos- una anécdota entre la totalidad de nuestras carreras, que recela mucho del pajarito azul. Y algunas de ellas lo son bajo un pseudónimo que impide conocer la verdadera identidad de su titular, cosa que comprendo y respeto, dicho sea de paso. Y es una pena que seamos tan pocos porque, bien usada, es una herramienta muy útil y puede llegar a ser un arma muy poderosa además de un modo de trabar en algunos casos estupendas relaciones que acaban siendo personales, por qué no decirlo.

                Otras redes, particularmente Facebook, son más utilizadas por nosotros, especialmente en aquellas modalidades que permiten grupos cerrados y una cierta reserva de la publicidad, y son un instrumento fantástico para poner inquietudes en común, consultar temas jurídicos e incluso para hacer terapia de grupo, que ya dice el refrán que “a mal de muchos…”. A estas alturas de la corrida no descubro el misterio de Fátima al hablar del Foro de Fiscales o el de Jueces Indignados. Por razones obvias, no puedo entrar en el segundo, pero respecto del primero puedo afirmar que es muy activo, tanto en participantes que escriben como en aquellos otros que están ahí y solo leen. Lo que también respeto, por supuesto. La libertad de expresión también comprende la de callar si uno no quiere hablar, por descontado.

                Donde si parece que nos hemos incorporado es a los famosos grupos de whatsapp y similares. La supuesta intimidad de hablar entre compañeros con un punto en común –sea asociativo o de pertenencia a una sección, grupo o similares- ha sido mejor recibida que las redes abiertas. Por algo se empieza. Y puedo dar  fe que resulta muy práctico, por más que en ocasiones den ganas de tirar el móvil por la ventana, de tantas alarmas de los diversos grupos en que acabamos metiéndonos. Menos mal que existe esa posibilidad de silenciar grupos para darse un kit kat atecnológico de vez en cuando.

                Pero no podemos dar la espalda al mundo real, que hoy es más virtual que nunca. Como he dicho antes, las redes bien usadas pueden ser una poderosa arma. Lo estamos viendo contantemente quienes trasteamos en ellas. Un claro ejemplo es esa plataforma llamada Brigada Tuitera que, armada y pertrechada de sus respectivos teléfonos móviles, llena los dominios del pajarito azul de estrellas rojas con una #T en medio, y que pretende pelear por algo tan obvio como una justicia ágil, eficaz e igual para todos, de ahí que su santo y seña sea la lucha contra las tasas judiciales, aunque no es el único caballo de batalla. Su mensaje, canalizado en esencia vía twitter, ha traspasado y llegado a otros mundos más allá del virtual, y ya se han hecho eco de su existencia varios medios de comunicación. Porque los juristas no podemos permanecer ajenos a la realidad.

                De otra parte, también resultan verdaderamente útiles otros grupos destinados a compartir información de nuestro interés, de los que en los últimos tiempos he conocido varios gracias a la generosidad de un compañero de la carrera hermana, que se lamentaba de la poca implantación que instrumentos como éstos tienen aún entre nosotros. Y es que muchos no saben lo que se pierden.

                Así que hoy la ovación es virtual, y va virtualmente destinada a todos los que, desde el ciberespacio, se animan a compartir experiencias, a desvelar inquietudes, a reivindicar y a hacernos, en definitiva, más cercanos. Porque el futuro ya está aquí. Sin necesidad de que vengan desde una nave espacial a desvelarlo… ¿o tendremos que esperar a que venga la señora de la lejía en versión togada a contárnoslo?

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