Reyes Magos: oro, incienso y mirra


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En estos días, es frecuente ver en los medios de comunicación esas ingeniosas y tan originales entrevistas a famosos en que el preguntar, haciendo larde de una imaginación sin fin, le pregunta al interviuado: ¿Qué le pide al los Reyes?. Y, por supuesto, alguno de los famosos de turno, por no dejar de estar a la altura de tan inteligente cuestión, responden eso de “salud, mucha salud” o, alcanzando un nivel estratósferico, cosas como la paz mundial, y que yo la disfrute con los míos. Nada tópico, oiga. Como tampoco la canción, tan traída y llevada en estos momento: tres cosas hay en la vida, salud, dinero y  amor…

En nuestro particular teatro también escribimos cartas a los Reyes. Y ojo, que nuestra originalidad también es como para darnos el Nobel, no vayan a creer. Pero hace falta tanto, y se resume en tan poco, que ser original sería casi ser extravagante. O extogavante, que viene más a cuento.

El pasado año ya hicimos nuestra propia carta a los Reyes desde Con Mi Toga y Mis Tacones. Pero temo que me confundí, o que tal vez nos hemos portado fatal. Porque no nos han traído nada de lo que pedimos. Y es que como solo les dije eso de que no trajeran más carbón, no debí expresarme bien. O tal vez los Reyes Magos aún no dominaban el idioma toguitaconiano y no entendieron. Así que, por si acaso, empezaré pidiendo algo para ellos mismos: la piedra Justicieta, apta para traducir a lengua corriente las peticiones de los juristas. Que parece que a veces no se entienden. Pero, por si aún no la han podido estudiar, ahí van las peticiones con su debida traducción

Oro. Eso es fácil. Necesitamos dinero, dinero y dinero. Como todos, dirán algunos. Sí y no. Porque el dinero que necesitamos no es para nosotros solo, sino para todos. Necesitamos dinerillos para reparar las tablas del escenario, para cambiar los remendados telones por unos nuevos, para renovar por completo los decorados, para tener sistemas que permitan que los estrenos y las funciones sean ágiles, para que haya más actores y el que hace de San José no tenga también que suplir al pastorcillo o hasta al buey, si me apuran. Y también para que todos puedan acceder al teatro y para que retribuyan diganamente y a tiempo a los intérpretes  Es decir, y traduciendo con la piedra Justicieta y el diccionario toguitaconiano, hace falta modernizar las sedes que lo requieran, dotar de medios que nos hagan ingresar –por fin- en este siglo, proporcionar sistemas informáticos que agilicen en vez de dificultar el trabajo, crear plazas de Jueces, Fiscales, LAJs, funcionarios y lo que haga falta, recuperar a los sustitutos para todos esos casos que son necesarios. Y, por supuesto, que nadie deba pagar tasas para acudir a la justicia -las ONG,s y las empresas de cualquier tamaño han de pagar-. Y que se retribuyan de una manera justa y puntual los servicios como guardias y turno de oficio. Casi nada.

Incienso. Recordando la frase de un amigo que manifiesta con toda rotundidad –no exenta de cierta dosis de ironía- que huele a incienso cada vez que lee determinadas cosas, nuestro incienso no puede ser otro que una dosis extra de sentido común a la hora de legislar. Un sentido común que debe empezar por preguntar a quién sabe para regular las cosas de modo que la ley no vaya por un lado y la realidad por otro. Como sucede con el ya famosos Papel 0, que más que papel 0 es papel mojado. O como sucedió con el Registro Civil , con el que hubo de echar marcha atrás por imposibilidad efectiva. O como sucederá con la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, y ello solo por citar algún ejemplo. Y, por cierto, recuerdo que el momento es muy propicio para retomar estas cuestiones, y que un pacto por Justicia sería un estupendo cofre de incienso que perfumaría con sus vapores a toda la sociedad y no solo a Toguilandia. A quien corresponda, que igual hasta me lee. ¿Por qué no?

Y por último, mirra. La mirra es el gran desconocido, algo que casi nadie sabemos bien qué es, y menos para que sirve ni cómo encontrarla. Pero debía ser la pera limonera, porque los Reyes Magos no se anduvieron con chiquitas a la hora de llevar sus regalos. Por eso, nuestra mirra no puede ser otra que esas cosas intangibles y difíciles de encontrar, pero de enorme valor. La ilusión  de quienes estamos y seguimos en esto, que es tan volátil y más aun en estos tiempos, los sentimientos que ni pueden dejar de estar presentes, y el tiempo, ese que no tenemos y necesitamos tanto.

Así que, queridos Reyes Magos, este año lo dejamos muy claro. Tanto que había pensado aplazar el aplauso para cuando vea si han cumplido. Pero mejor lo anticipo, no nos vayan a traer carbón solo por eso.

 

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