Maquillaje: cosmética jurídica


MAQUILLAJE

En todo este tiempo –ya casi año y medio- en nuestro escenario, no habíamos dedicado apenas tiempo a algo tan importante como el maquillaje. Sin él, muchas obras carecerían de sentido, o resultarían poco o nada creíbles. ¿Qué sería sin maquillaje El Planeta de los Simios? ¿Cómo convertirían la respingona naricilla de Nicole Kidman en el aspecto que tiene en Las Horas? O cómo harían que el lagarto bueno de V se convirtiera en el terrible Fredy Kruger?

En nuestro teatro también gastamos maquillaje, desde luego. Pero en este caso es algo diferente. Nuestro maquillaje más bien es una cosmética casera, destinada a hacer parecer lustroso a lo que no lo es tanto. O si. Que cada cual juzgue al final de la función.

Para nosotros, nada de brocha, de sombras de ojos, ni de salsa de tomate que haga las veces de sangre. La sangre, por desgracia, es de verdad, de más víctimas de las que quisiéramos. Y en cuanto a lo otro, pues nada de eso.

La verdadera cosmética judicial es otra cosa. Es una sesión de maquillaje que tiene lugar en un gabinete de belleza llamado BOE, y llevado de las manos de unos esteticistas que no son tan profesionales como nos gustaría. Lo que pretenden con esa peculiar sesión de belleza no es otra cosa que tratar de hacer aparentar que algo viejo es nuevo, que algo que está a punto de romperse parezca que está recién estrenado. Pero al igual que maquillar a una actriz de 90 años para aparentar 18 no resulta, nuestro maquillaje tampoco es efectivo. Resulta poco creíble y se cuartea y acaba viviéndose abajo. Y la actriz madura termina por mostrar sus arrugas entre capas de carmín. Como en aquella escena de Qué fue de Baby Jane

Y así, no hace mucho nos maquillaron los viejos juicios de faltas y los convirtieron en delitos leves –o, mejor, levitos-. Y convirtieron al imputado en investigado, encausado o vaya usted a saber qué como si con eso dejara de ser lo que siempre ha sido.

Otra de las sesiones de cosmética ha sido la de pretender vendernos una figura vieja, la cadena perpetua, como una institución jurídica flamante y de nuevo cuño, la prisión permanente revisable. Más de lo mismo.

Pero parece que cambiar el nombre renueva las instituciones. Y quizás por eso decidieron llamar a los Secretarios Judiciales Letrados de la Administración de Justicia, sin dotarles de unos medios que les hubieran ido mucho mejor que ese bautismo. Que digo yo que mejor sería dar al niño de comer que prepararle un bautizo por todo lo alto.

Y los ejemplos podrían sucederse, desde luego. Pero hay uno que nos tiene a todos hablando solos. La famosa digitalización o papel 0, ese niño que no es tan niño y que trae una padrina adosado, el dichoso Lexnet, que tendría que ser el colmo de la modernidad y de momento no es sino el colmo del despropósito. O de cómo construir un ático sin haber terminado el primer piso siquiera. Lo que se viene siendo empezar la casa por el tejado en versión judicial.

¿Qué exagero? Puede ser. Al fin y al cabo, los fiscales no usaremos Lexnet de momento porque es imposible materialmente, y así lo ha dicho la Fiscal General del Estado. Como no podía ser de otra manera. Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Lo que me cuesta un poco de comprender es cómo quienes se supone que somos garantes de la legalidad podemos garantizar una ley que no vamos a cumplir por imposibilidad material. Pero igual son cosas mías.

Pero como soy buena chica, me creo a pies juntillas lo que me cuentan abogados y procuradores, que no es otra cosa que eso de que el invento da continuos fallos y problemas. Aunque eso sí, tiene una flamante cuenta de twitter para que la actriz madura parezca de quince años. O no.

Y es que lo podemos llamar digitalización, Papel 0, Lexnet o como queramos, pero la cuestión es que el sistema procesal no está ideado para ello, y las causas judiciales tienen que acabar impresas y unidas con grapas o similares. Así que, en vez de llevar los escritos impresos, pues se mandan –si se puede- a través del ciberespacio para que lleguen al juzgado, que es un espacio nada ciber, y se impriman allí. Estupendo. Y eso según Comunidades Autónomas, que en algunas se ha dicho que nanai de la China.

Así que así estamos. Dándonos purpurina sin habernos puesto siquiera una buena crema debajo. Y tratando de hacer parecer nuevo un sistema que no lo es tanto.

Por eso hoy el aplauso va dedicado a aquellos que han conseguido hacer llegar sus escritos, a los que los han logrado recibir y a esa doble pantalla que han puesto a en algunos sitios. Con la esperanza de que no nos llamen desde allí como a la Carolyn de Poltergeist, claro.

 

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2 pensamientos en “Maquillaje: cosmética jurídica

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