Rebajas: leyes low cost


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De vez en cuando, llega la época de rebajas. Y se nota hasta en los escenarios. De una parte, hay obras que desprenden toda la gama de las compulsiones compradoras, como las de la protagonista de Loca por las compras, o el glamur de Pret a Porter o Sexo en Nueva York. De otra, cada día tenemos más posibilidades de encontrar entradas para ver las obras a precio de ganga, si uno está atento emulando a Rastreator y pilla un Atrápalo como puedas.

Pero en nuestro teatro no necesitamos rebajas, gangas, ofertones ni Rastreator. Nosotros vivimos en un permanente mundo low cost, como si nuestro mundo estuviera continuamente a precio de ganga o expuesto entre las sobras de una tienda de Chinos. Dicho sea con todo el respeto para los chinos y sus tiendas, que nos sacan de más de un apuro con sus bolis, sus pósits y sus grapadoras. Que no sé qué haríamos sin ellos, vaya.

Pero parece que es la moda. Las últimas reformas legislativas, ésas que nos han traído corre que te pillo y nos tienen sin vivir en nosotros a profesionales y estudiantes –¡pobres opositores!- venían con un regalo incorporado. O, mejor dicho, un no-regalo. Una Disposición Adicional flamante y nuevecita que nos advierte a todos que ésta o aquélla ley no supondrán ninguna dotación de medios personales ni materiales, ni previsión presupuestaria alguna. Por si había dudas. Y eso sí, ahorrando, ahorrando –como aquello de tacita a tacita-, esa Disposición en modo copia-y-pega la han ido colocando en todas las macroreformas con que han tenido a bien atizarnos. Desde las leyes de Enjuiciamiento Civil o Criminal al Estatuto de la Víctima. Pura ganga. Lo que no sé bien es cómo, a ese precio, no han dictado leyes que prohíban el hambre en el mundo o decreten el fin de las epidemias. Total, para no hacer nada para ello, se podrían haber venido arriba. Pero casi que mejor no dar ideas, que una nunca sabe quién la lee. Y luego llega el Tío Paco con las rebajas.

Y la verdad es que una no alcanza a saber dónde son más intensas las rebajas. Si en el hecho o el derecho, que en definitiva acaban viniendo a ser lo mismo. La ley crea la moda del disposicionadicionalismo, consistente en que se haga lo que se haga, se prevé que no se prevea nada. Que nos las apañemos, vaya. Y que si a alguien se le ocurre darnos una grapadora de más, un quitagrapas –otro bien preciadísimo, hasta el extremo de tener que haber atado el mío con un cordel al pomo del cajón-, pues estará incumpliendo la ley. Un prevaricador de tomo y lomo.

Quizá por eso ha salido a la luz uno de nuestros modernísimos sistemas de transporte de expedientes. Que no es la telepatía, como se empeña en decir el corrector cuando una intenta escribir que se haga por vía telemática, sino algo más revolucionario. Los carritos de supermercado, ni más ni menos. Tecnología punta para trasladar expedientes de juzgado a juzgado, a fiscalía o adonde corresponda. Lo bien cierto que es que estábamos tan acostumbrados a verlo que hasta en una entrevista un fiscal bien conocido por el asunto que lleva lo tiene detrás en la fotografía que ilustra el reportaje. Y a nadie se le ocurrió quitarlo, porque lo vemos como normal. Hasta que el poder de las redes y el ingenio de los internautas –de una, en concreto- me abre los ojos, a mí y a muchas personas más, sobre lo chocante de la situación. Por decirlo de algún modo. Hablar de corrupción con cifras astronómicas con semejante telón de fondo.

Pero quizás se trate de una mera confusión de términos. Confundieron el Papel 0 con el presupuesto 0. Y en vez de papel 0 quedó en papel mojado. Pero seguro que se dan cuenta y lo corrigen. Que no nos quepa la menor duda. Aunque mientras nos toque sufrir el lowcostismo sobre las ruedas de un carrito de Mercadona.

Pero mientras lo piensan, y preparan a modo corta-y-pega la consiguiente Disposición Adicional, me cuentan de la nueva medida de ahorro. Y de modernización, faltaría más. Se trata de la digitalización de los carritos. Ruedas 0, se va a llamar. Y va a ser la sensación. No cuento más, no vaya a hacer spoiler y la cosa pierda la gracia. Pero preparémonos para sensaciones fuertes. No digo más.

Hasta entonces, no olvidemos el aplauso de hoy. Que va destinado a todos los que con su esfuerzo suplen las carencias de esa lowcostización de la justicia, pertenezcan al gremio que pertenezcan. Con mención especial a dos inspiradores de este estreno, Carmen y Fernando, parte de dos de estos colectivos que soportamos esa justicia a precio de saldo.

Y mientras, en un universo muy lejano, las redes seguían haciéndose eco del fenómeno…

 

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