Avatar de Desconocido

Acerca de gisbertsusana

Fiscal con vocación de artista. Me tomo la vida con mucho humor y siempre subida en mis tacones.

Adicciones: diferentes consecuencias


              No sé si desde que el mundo es mundo hay personas que por una u otra razón se enganchan sin remedio a algo, pero, desde luego, conforme el mundo evoluciona y existen más estímulos, hay más posibilidades de adicción. Durante mucho tiempo, la más temida de las adicciones era la droga, y hay muchas películas que muestran la terrible época de consumo de heroína y sus consecuencias, como Heroína, El pico, Historias del Kronen o la más reciente, Romería. Sin embargo, la adicción al alcohol, socialmente admitida, también da lugar a terribles consecuencias, como reflejaba la clásica Días de vino y rosas. Y no son las únicas. El juego, como ya reflejaba El jugador de Dostoievski o películas como Casino es otra de las grandes adicciones, la ludopatía, aunque cada vez surgen nuevas.

              En nuestro teatro, las adicciones tienen un reflejo evidente en muchas materias, aunque sobre todo en lo que al Derecho Penal y la imputabilidad se refiere. No obstante, no todas se tratan del mismo modo ni producen los mismos efectos. Así que, como siempre, vayamos por partes.

              Sin duda alguna, hay que empezar por la reina de las adicciones, especialmente por sus graves efectos en materia delictiva. Y esa no es otra que la drogadicción. La adicción a las drogas está contemplada específicamente en nuestro Código al hablar de “drogas tóxicas, estupefacientes y sustancias psicotrópicas”, y puede dar lugar a la exención total de la responsabilidad penal, a la semiexención o eximente incompleta o a una simple atenuante, siempre y cuando se tenga constancia de que el consumo de drogas alteraba en mayor o menor grado las condiciones intelectivas y volitivas del autor, es decir, su capacidad de entender y querer. Puede darse incluso el caso de que, aun constando que había consumido drogas, ese consumo no tenga trascendencia penal, bien porque no alteraba sus condiciones, o bien porque formaba directamente parte del delito, como ocurre en el caso de la conducción bajo los efectos de las drogas. Con esto, aprovecho para tratar de derribar un mito, el de que basta con drogarse para que un delincuente no entre en prisión.

              Cuando de drogas se trata, la exención de responsabilidad puede venir por tres caminos: el primero, porque se esté tan pasado de rosca que uno no sea capaz de enterarse de nada -o de casi nada, si es eximente incompleta, o de poco si es atenuante analógica-; el segundo, porque tenga un síndrome de abstinencia -vulgo, “mono”- de mil pares de narices hasta el punto de necesitar delinquir para obtener la droga; y el tercer caso, porque sea un toxicómano de largo recorrido hasta el punto de causarle considerables efectos en su inteligencia y voluntad, con las gradaciones correspondientes.

              Estos casos nos evocan la peor época de la heroína, con el reguero de muertes por sobredosis y SIDA que fueron el pan nuestro de cada día en las ejecutorias que despachábamos. En cuanto a la necesidad de obtener droga y delinquir para ello, aunque pudiera darse con cualquier adicción, es característica de esta, ya que, al no ser legal el consumo y ser delictiva la venta, el modo de obtenerlo es difícil y el precio puede ser astronómico. Em cualquier caso, no pensemos que la cosa se acabóen aquellos tiempos porque cada día surgen nuevas drogas cuyos efectos pueden ser tan perniciosos como los de la heroína pinchada en su día.

              La otra adicción específicamente contemplada en nuestro Código, dentro del catálogo de las eximentes , con su posibilidad de exención completa, incompleta o moderada, es la del alcohol. Sus características son diferentes por cuanto que, al tratarse de una sustancia cuyo consumo y venta no solo no es ilegal, sino que está socialmente permitido, se desdibujan los casos antes expuestos con las drogas. Es difícil, por no decir imposible, encontrar a un alcohólico con un síndrome de abstinencia tal que le haga atracar una bodega, y también es difícil pensar que ha delinquido para subvenir su necesidad de alcohol, porque todo el mundo sabe que hay briks de vino baratísimos en cualquier supermercado. Sin embargo, la cuestión de la toxicomanía, aquí con el nombre propio de alcoholismo, es la más característica y sí que pude dar lugar a exenciones de responsabilidad importante por no encontrarse en sus cabales.  

                   Aunque también aquí trataré de derribar un mito: no solo no basta emborracharse para no ir a la cárcel, sino que, en algunos casos, como la conducción alcohólica, es esa borrachera la que les puede llevar prisión. Y ya puesto, me atreveré con otro mito, el de la relación entre la violencia de género y el alcohol: es cierto que muchos maltratadores beben, pero cuando beben no pegan a cualquiera sino solo a sus mujeres, y son bien pocas las sentencias que atribuyen efectos de rebaja de la pena en violencia de género al consumo de alcohol. La frase, tantas veces repetidas por las víctimas “no fue él, sino el alcohol” es una tontería como un piano, si se me permite la expresión. Las botellas de whisky o de vino, o las latas de cerveza no maltratan a nadie, sino que lo hacen quienes se las beben. ¿O no?

              Además de estas adicciones específicamente contempladas en el Código, hay otras tan frecuentes como estas.  Tal vez la más conocida sea la de la ludopatía, o adicción al juego, que pude dar lugar a conductas muy graves, sobre todo por la desesperación de quine lo ha perdido todo y necesita dinero para seguir alimentando su adicción. Em este aso la vía de alegación para disminuir la pena sería la de la alteración psíquica, en sus diferentes gradaciones, puesto que no está recogida de modo expreso, aunque ya hay numerosa jurisprudencia que aborda el tema.

              Sin embargo, hay otras adicciones de las que se habla mucho hoy en día y que aun no tienen un reflejo constatable en nuestro teatro. Claros ejemplos serían la adicción al sexo, la adicción a Internet o a las redes sociales u otras todavía más dudosas como la adicción a las compras. Estaría bueno pensar que existe una patente de corso para abastecerse de Luisvis, Manolos y cualquier otro capricho a costa de eximente de adicción. Por si hay alguien que se lo había planteado que vaya olvidándose. A otro perro con ese hueso, que en Toguilandia no nos chupamos el dedo.

              No me olvido de una de las adicciones más frecuente y menos reprochada, como es la adicción al tabaco. Sin poner en duda el carácter adictivo de la nicotina y demás, lo que no se puede afirmar es que esta adicción tenga ninguna consecuencia legal. Al menos por ahora, que si avanza la tendencia legislativa que proscribe el uso del tabaco y empieza a subir su precio, habrá que ver lo que pasa a los tontos y tontas que sigan sin renunciar al fumeteo.

              Las adicciones, por otro lado, dan lugar a considerables problemas a quienes las padecen y a sus familias, que las padecen tanto o más que ellos. Chicos que roban o pegan a sus padres por esta causa son un grave problema más social que jurídico. Y a menudo nos superan en el juzgado de guardia, ya que no tenemos solución a nuestra mano porque, como he dicho, el problema es social.

              Y, por último, hay que reiterar eso de que no solo de Derecho Penal vive el jurista. Y, por eso, hay que resaltar que las adicciones y sus consecuencias de carácter psíquico pueden dar lugar a distintos grados de discapacidad con las consecuencias jurídicas correspondientes.

              Y hasta aquí, el estreno de hoy. El aplauso se lo daré, sin duda alguna, a todas las personas que se dedican a tratar de revertir sus efectos mediante los programas de deshabituación. Pocas veces más merecido.

#Septiembre : Estrenos


           Nunca olvidaré aquel mes de septiembre. Lo estrenaba todo. Nueva ciudad, nuevo colegio, nuevos libros, nuevos compañeros y hasta nueva familia. Aunque lo de la familia, más bien era un reestreno, porque mi nueva familia era la misma que llevaba acogiéndome varios veranos, en una especie de ensayo general de la función definitiva, que empezaba ahora.

            Estrenaba ropa, y mochila, y uniforme, y un chándal para hacer deporte de rayas azules y blancas que me encantaba. Estrenaba también un montón de material escolar, porque mi reestrenada familia no había escamoteado gastos y se había negado a que heredara nada del que, a partir de ahora, sería mi nuevo hermano mayor. Así que tenía un estuche lleno de lápices de colores, de bolígrafos, de gomas de borrar y de rotuladores de todas clases que no se me acabarían en varios cursos, así como libretas de todos los tamaños. No me faltaba detalle.

            Pero, aunque todo aquello me gustaba, había algo que me hacía una ilusión especial. Permanecía en la estantería de mi nueva habitación, con la misma caja y con el lazo rojo que tenía el día que me lo regalaron.

            Con cuidado, como una ceremonia mil veces ensayada, bajé la caja de la estantería y la abrí con cuidado. En su interior, dos zapatillas de ballet me miraban desafiantes, como llevaban varios días haciendo sin que yo respondiera a su llamada

            En esta ocasión, sin embargo, todo era distinto. Porque ahora, por vez primera, podría estrenar mis dos zapatillas. Y no me importaba tener que encajar una de ellas en la prótesis que, por fin, se había acoplado a lo que algún día fue mi pierna izquierda, aquella que se quedó en mi país de origen junto a la que, hasta entonces, había sido mi familia.

            Ahora ya podía decir que aquel mes de septiembre lo había estrenado todo.

Medio ambiente: emergencia


              Hubo un tiempo en que pensábamos que el entorno, la vegetación, las montañas, los ríos y hasta el frio y el calor eran cosas que venían dadas y eran invariables. Como Las cuatro estaciones de Vivaldi. Pero ya hace mucho que nos hemos dado cuenta de la capacidad humana para destrozar lo que la naturaleza nos da, para hacer que La selva esmeralda o El lago azul se conviertan en un enjambre de rascacielos o en unas aguas contaminadas y que El tesoro del Amazonas se pierda para siempre.

              En nuestro teatro, ya hace algún tiempo que nos percatamos de la importancia del medio ambiente y así surgieron, de una parte, los delitos contra la flora y la fauna y, de otra, la Fiscalía de Medio ambiente, una de las primeras especialidades que vieron la luz en el sistema organizativo del Ministerio Público.

              Los delitos contra el medio ambiente ya hace tiempo que existen y, aunque pueden compartir denominación, son de hecho variados en su objeto y en su modus operandi, máxime teniendo en cuenta que la especialidad no solo incluye este tipo de delitos sino también los relativos al patrimonio histórico con los que, si bien comparte reprochabilidad, no se parecen demasiado en su naturaleza.

              Uno de los delitos más frecuentes en esta materia era la de realizar construcciones ilegales en parajes en los que no estaba permitido.  Fundamentalmente, se trataba dl caso de quienes alzaba chalets en terrenos donde solo estaba permitida la construcción de casetas para aperos de labranza. Así, había veces en que lo que figuraba como el lugar donde guardar los instrumentos agrícolas se convertía en auténticos casoplones, y el pozo se tornaba poco menos que una piscina olímpica. Por no hablar de que allí no se cultivaba ya ni un triste tomate.

              También en su día fueron frecuentes, sobre todo en determinadas zonas, los delitos de caza, la mayoría de los cuales han acabado siendo infracciones administrativas. Todavía recuerdo las veces que, en mi primer destino, tuve que calificar como delito el hecho de encender las luces del coche para cazar.

              No obstante, lo más típico son las causas por contaminación en sentido amplio, sea de las aguas o la tierra por medio de vertidos, del aire por emanaciones o gases, o incluso contaminación acústica y hasta lumínica. Por supuesto, en estos casos, siempre teniendo en cuenta la barrera entre el ilícito administrativo y el penal, y también la posibilidad de pedir indemnización por la vía civil, que no solo de Derecho Penal vive el jurista

              En cualquier caso, hay dos ramas de este tipo de delito que, aunque no llegan a desgajarse del todo, sí que adquieren sustantividad propia hasta el punto de tener sus propias especialidades dentro de la especialidad. Se trata del derecho relativo a los incendios forestales y al maltrato animal.

              El maltrato animal ha ido ganando espacio en nuestro Derecho. De hecho, ha tenido una de las evoluciones más notables, teniendo en cuenta que, hasta no hace demasiado, el hecho de matar o lesionar un animal doméstico se consideraba delito -o falta, en su caso- de daños, puesto que los animales se consideraban al mismo nivel que los bienes muebles, como semovientes. Por suerte, a día de hoy se les considera seres sintientes y sujetos pasivos de un delito de maltrato que puede llegar a ser grave y a tener penas específicas, como la prohibición de poseer otro animal.

              En cuanto a los incendios forestales, no hay más que echar un vistazo a lo que ocurre cada verano para percatarnos de la importancia del tema, cada vez mayor habida cuenta la realidad del cambio climático que tenemos encima. Hay que recordar que en un principio estos supuestos se juzgaban por el tribunal el jurado, aunque una posterior reforma eliminó esta especialidad procesal.

              Estos casos son solo la punta del iceberg de un tema jurídico y social de capital importancia. Y esto es fundamental cuando nos enfrentamos a una emergencia climática cuyos resultados ya podemos apreciar en casos como la Dana de valencia o los incendios de carta generación.

Por todo eso, no podemos hacer otra cosa que dar nuestro aplauso a quienes se dedican a la defensa jurídica del medio ambiente. Porque se lo merecen

Refranes IV: interpretación togitaconada


El escenario tiene cuatro puntos, como cuatro son los puntos cardinales. Y es que el cuatro es un número importante. No en balde son cuatro Los cuatro fantásticos. Las cuatro plumas y, sin duda, Cuatro bodas y un funeral. Y por eso nos arriesgamos a una cuarta entrega de refranes.

En nuestro teatro, no se acaban las interpretaciones toguitaconadas de refranes que usamos a diario. Así que, sin más preámbulos, vamos a ellos

              –Nadie es profeta en su tierra. Una verdad como un piano comprobable cuando a alguien no le valoran en su trabajo diario y descubre que en otros sitio le admiran y respetan

Dios los cría y ellos se juntan. Aplicable cien por cien a las asociaciones de jueces, fiscales y LAJS

El que espera, desespera, que es lo que pasa cuando por falta de medios los señalamientos se hacen a muchos meses -o años- vista

No hay mal que cien años dure. Esto es, que s el titular de un juzgado no te causa buena vibra, no desesperes que es probable que en un momento u otro concurse

-La fe mueve montañas, que parece ser el lema de algunos profesionales que insisten e insisten aunque no tengan nada que hacer

No hay mal que por bien no venga, esto es, que aunque un juicio salga mal, puede ser vir, cuanto menos, para aprender

Nunca es tarde si la dicha es buena. Se relaciona con el anterior, pero aquí con un resultado satisfactorio, en forma de condena, absolución o lo que sea, según el caso

El papel lo aguanta todo, una frase que aplicábamos nuestro cada día y que ahora hay que reconvertir a términos digitales

En casa del herrero, cuchillo de palo, o, lo que es lo mismo, a veces nos va mucho peor cuando el asunto nos afecta personalmente que cuando no

Quien tiene boca, se equivoca. Y como aquí todo el mundo tiene boca, la conclusión es obvia

El pez grande se come al chico, algo que, por desgracia, suele resultar obvia cuando se litiga contra una gran empresa o institución

Hoy por ti, mañana por mí, o, dicho de otra manera, deberíamos tener el compañerismo por bandera. Por desgracia, no siempre es así

Quien se pica, ajos come, que es algo sí como un canto a la excesiva susceptibilidad

Gato escaldado, del agua fría huye, o, lo que es igual, nada como un buen escarmiento para no recaer en el mismo error

Mala hierba, nunca muere, un canto a la reincidencia

El tiempo es oro y, si no, que se lo digan a quienes se encargan de las agendas de señalamiento

Por la boca muere el pez, aplicable a esos acusados que se condenan a sí mismos por sus propias declaraciones, ante el estupor de su defensa

La excepción marca la regla, aunque conviene conocer tanto unas como otras para no meter la pata

A falta de pan, buenas son tortas, o sea, que si no tienes una sentencia aplicable al caso pero si una que puede parecerse, hazla constar

Siempre pagan justos por pecadores, que es lo que dicen muchos condenados a pesar de que les pillaran con las manos en la mas

Ojos que no ven, corazón que no siente, apología de la costumbre de mirar hacia otro lado.

Y para acabar, decir refranes es decir verdades. O, al menos, interpretarlas a nuestro modo. Y con esto se acaba la serie. Si ha gustado, que el aplauso sea el definitivo. Y si no, tratare de esquivar los tomates. Que a quine dios se la dé, San pedro se la bendiga

Refranes III: interpretación togitaconada


              Si continuamos con los refranes, no podemos olvidar que no hay dos sin tres. Y el tres el protagonista de muchos series. Pensemos en las Supernenas o en Las tres mellizas, sin ir más lejos.

              En nuestro teatro, mientras, seguimos con nuestra interpretación toguitaconada. Y ya vamos por la tercera parte, que aun hay tela que cortar. Y refranes que destripar, claro

              –de tal palo , tal astilla. Se pue aplicar l las sagas de juristas que puebln Toguilandia, un  fenómenos que se da en cualquier profesión

cada loco, con su tema, Es como arrimar el ascua a ti sardina, es decir, que si sabes de un tema, siempre intentarás llevar las cosas por esa vía

a la tercera va la vencida. A veces pasa y a veces no, pero podría aludir a la triple instancia. Lo que la Audiencia y el TSJ no te dieron, te lo da el TS

cada oveja con su pareja, perfectamente entendible para los casos de inhibición a otro juzgado porque ya conoce del caso o tiene antecedentes

el que calla otorga, que vale para el demandado en el ámbito civil en rebeldía que puede ser tenido por confeso. A veces, en el orden penal, podría tener que ver con el derecho a no declarar, aunque no puede considerarse como una confesión

el que ríe el último ríe mejor. Obviamente, es el caso de quien perdió en instancia y gana en vía de recurso

el hábito no hace al monje. O, lo que es lo mismo, ponerte una toga con escudo no te convierte en juez o fiscal.

-a palabras necias, oídos sordos. Muy recomendable para todas las tonterías que se llegan a oír sobre Toguilandia de opinólogos varios

del dicho al hecho, hay un gran trecho. Obviamente, lo podemos relacionar con con la prueba en el proceso. Una cosa es lo que se dice u otra lo que resulta probado

Dios aprieta pero no ahoga. Es el consuelo de quienes no han visto satisfecha su pretensión

cuando se cierra una puerta se abre una ventana. Es el complemente del anterior. En psicología lo llamarían resiliencia

donde fueres, haz lo que vieres. Esto me valió mucho en mis primeros tiempos para saber dónde sentarme en sala, porque en cada juzgado y tribunal tenían unas costumbres

cada maestrico tiene su librico. Parecido al anterior, es un buen consejo saber con antelación que costumbres tiene en cada juzgado para no meter la pata.

tirar la piedra y esconder la mano. Es, exactamente, lo que pretenden la mayoría de delincuentes.

zapatero a tus zapatos. O, lo que es lo mismo, no invadas la jurisdicción de los demás ni te inmiscuyas en el trabajo ajeno

obras son amores y no buenas razones, aplicable a quines presumen mucho de boquilla y a la hora de la verda, nada de nada

en la variedad está el gusto. Valdría a la hora de escoger jurisdicción, pero no siempre estamos en condiciones de escoger

Y con esto terminamos con la tercera entrega. Pero aún queda metralla, que refranes hay para todos los gustos, y para gustos, los colores. Así que si hay aplauso habrá cuarta parte. ¿Me lo dais?

Refranes II: interpretación togitaconada


              Aunque dice un conocido refrán que segundas partes nunca fueron buenas, también hay otro que dice que no hay regla sin excepción. Y eso es lo que ocurre con sagas como la de El padrino, en que según muchos críticos, la segunda parte supera la primera.

              En nuestro teatro y en nuestro refranero toguitaconado no queremos ser menos, así que aquí van otras cuantas muestras.

              – Aprendiz de todo, oficial de nada. Sin duda alguna, una clara apuesta por la especialización. Odría ser el lema de la carrera fiscal

Lentejas, si quieres las tomas y si no las dejas. O sea, que si no te gusta una resolución y no tiene recurso, hay que aguantarse

Si no quieres caldo, dos tazas, que es la consecuencia directa del anterior

La letra con sangre entra No es que jueces y magistrados usen la violencia, pero si ya nos han dado varios palos en el mismo sentido, se aprende a no insistir en el contrario. O no, hay quienes no aprendemos.

Más vale lápiz corto que memoria larga. Se puede sustituir lápiz por agenda, notas en el móvil o lo que sea, porque con el montón de señalamientos que tenemos es difícil acorarse de memoria.

Al que tiene la cola de paja, se le enciende. Esto es, que si tienes un talón de Aquiles jurídico, te pillan más tarde o más temprano, pero seguro

Más sabe el diablo por viejo que por diablo. Evidentemente, es un canto a la veteranía al que vale la pena atender

Cuanto más viejo, más pellejo. Es la cara B del anterior, y alude a las manías que vamos adquiriendo por el

No hay mejor desprecio que no hacer aprecio. Es decir, que si tienes algún problema con un profesional o compañero, más vale no enrocarse. Sin perjuicio, por supuesto, de dar un paso adelante si la cosa pasa a mayores. Y, desde luego, a tener en cuenta en conflictos con clientes si de abogacía se trata

Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, aplicable a quine, como yo, es inasequible al desaliento y recurre y recurre hasta que le hacen caso (o no)

Cuando el río suena agua lleva Si empiezan a sonar rumores de una reforma, nos van a colar un marrón, seguro

Injuria, que algo queda. Es la versión refranera de las denuncias falsas (de ls de verdad, que quede claro)

Coge fama, y échate a dormir. Esto vale para esos profesionales que han llevado un asunto y no se desprenden de su sombra, como si fuera su apellido. No pondré ejemplos, pero se trata de “el juez de tal” o “la fiscal de cual”.

El hombre y el oso, cuanto más feo, más hermoso. Aquí tendría que poner toga al hombre y al oso, y mejor no meterme en jardines

A enemigo que huye, puente de plata. El lema de quienes evaden la acción de la justicia y la razón de las órdenes de busca y captura

Ante la duda, la más peluda. Podría ser una interpretación libre de la presunción de inocencia

. Mujer y sartén en cocina estén. Sin duda, la existencia de refranes como este justifican la existencia de los juzgados de violencia de género

A lo hecho, pecho. El lema de la jurisdicción penal

El que la hace, la paga. El otro lema de la jurisdicción penal, cara B del anterior

Perro ladrador, poco mordedor. Aplicable a quine tiene fama de ser un buen jurista, pero a la hora de la verdad hace aguas

Al mal tiempo, buena cara. Es decir, que aunque te siente a cuerno quemado la decisión tomada, más vale que no se te note

        Y con buena cara, bajamos el telón de esta segunda parte. Pero aún queda, que el refranero es largo. Y un aplauso no nos vendrá mal para seguir con ello, así que no se lo escatimemos

Refranes: interpretación toguitaconada


              Los refranes siempre han sido una fuente de inspiración. La sabiduría popular es evidente en muchas obras pero quizás la más característica en ello sea Don Quijote de la Mancha, en su versión original en novela, y en su múltiples versiones como musical –El hombre de la Mancha-, serie de dibujos animados o película.

              En nuestro teatro usamos más la sabiduría popular de lo que a priori parece y, de hecho, la dedicamos un estreno, dedicado sobre todo a aquellos refranes que tienen relación directa o indirecta con Toguilandia. Ahora vamos a dar un paso más ,y proponer una especie de juego se unirá a un refrán de carácter general una interpretación toguitaconada. Por supuesto, la mía, aunque, como dicen los influencers, os leo en comentarios. Así que, vamos allá.

Más vale pájaro en mano que ciento volando: si has conseguido una sentencia que te satisface aunque no totalmente, no te arriesgues a recurrir (al margen de la reformatio in peius). También valdría para las conformidades

Pájaro que vuela, a la cazuela: si tienes un buen acuerdo, tómalo y no le des vueltas

Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Especialmente aplicable a escritos e informes orales que tienen una longitud innecesaria. También podría predicarse de algunas sentencias (el cortaypega es peligroso)

No por mucho madrugar, amanece más temprano. Por más que adornes las cosas, que hagas la pelota o que des la lata de otro modo, lo que no tiene fundamento, no lo tiene

Más vale tarde que nunca. Aplicable a aquellos pleitos que tardan una eternidad, pero se resuelven satisfactoriamente. La aplicación práctica sería la apreciación de la atenuante de dilaciones indebidas

La cabra siempre tira al monte. Puede aludir al hecho de que un mismo tribunal siempre acaba resolviendo lo mismo en casos parecidos. Que es lo que en definitiva, fundamenta la alegación de la jurisprudencia llamada “menor”

A quien madruga, Dios le ayuda. Si llegas a la hora, incluso antes, y con los deberes hechos,  siempre te irá mejor. Aplicable también a Señorías.

A dios rogando y con el mazo dando. Evidentemente, si llevamos bien preparado el asunto, es más fácil tener suerte en la resolución que si no es así

Al saber le llaman suerte, que es lo que decimos para protestar cada vez que alguien nos dice que hemos tenido suerte en aprobar las oposiciones. Aunque algo de suerte siempre hace falta, se reconozca o no

Gallo que no canta, algo tiene en la garganta. Siempre que alguien que normalmente  hace informes interminables, guarda silencio, es que no tiene argumentos

En boca cerrada no entran moscas. O sea, que no se use el derecho a la última palabra que suele ser mortífero para el propio acusado

Mejor prevenir que curar. Es el leit motiv de la prevención general. No te pongas en situaciones de peligro, y evitará más de un paseo por los juzgados. Podría ser el estandarte de la jurisdicción de menores

Evita la ocasión y evitarás el peligro. Muy relacionado con lo anterior, podría tener su aplicación práctica en consejos relacionados con las malas compañías o con el consumo de alcohol o estupefacientes.

Año de nieves, año de bienes. De vez en cuando hay rachas en que siempre te dan la razón. Lamentablemente, también ocurre lo contrario

A perro flaco, todo son pulgas. Este sería exactamente el caso opuesto. No te dan la razón ni por casualidad. También vale para casos de confluencia de la ley de Murphy, en que si tienes un caso complejo, te entrarán varios más al mismo tiempo. Sobre todo, si están cerca las vacaciones

              Con esto, bajo el telón por hoy. Pero solo por hoy, porque habrá más entregas. Démosle mientras el aplauso al refranero, que es muy sabio.

Grandes catástrofes: Nuestra parte


         Uno de los géneros que más éxito ha tenido siempre es el de las grandes catástrofes. Son muchos los ejemplos: naufragios como el de Titanic o La aventura del Poseidón; accidentes aéreos como la serie que empezó con Aeropuerto 78, o La sociedad de la nieve; incendios como el de El coloso en llamas, o El túnel; catástrofes naturales como Lo imposible; fenómenos imprevisibles como Cuando ruge la marabunta; atentados terroristas como Las torres gemelas u 11 M o epidemias como Contagio o Estallido. Y eso son solo algunas de ellas, entre las que se encuentran las de ficción, las basadas en hechos reales y hasta las que navegan entre dos aguas. Que ya dicen con razón que la realidad siempre supera la ficción.

            En nuestro teatro las grandes catástrofes siempre tienen su sitio. A veces, se consigue algo, otras, no se consigue nada y, en todos los casos, nunca se logra lo más deseado, que la catástrofe de que se trate ni hubiera pasado. Pero pasan. Vaya sí pasan. Y hoy, con el telón de fondo de España quemándose en incendios forestales por los cuatro costados, me ha parecido un buen momento para recordar algunas de ellas. Así que vamos allá.

            Vaya por delante que no pretendo ser exhaustiva ni muchísimo menos. Solo quiero poner algunos ejemplos que por una u otra razón me impactaron en su día y no se han borrado de mi memoria. Seguro que cada cual tiene los suyos, pero en algunos coincidimos, sin duda. Sin duda, y por desgracia.

            En primer lugar, y por tratarse de casos de candente actualidad, me referiré a los incendios. En este momento lo que más pronto se nos viene a la cabeza son los incendios forestales que, aunque en la mayor parte de los casos no producen un gran número de víctimas, sí que producen consecuencias tanto a corto como a largo plazo gravísimas. Un gran número de ellos son provocados y, aunque hay que distinguir cuando se hace por dolo directo o por imprudencia -con esa zona intermedia del dolo eventual- los procedimientos suelen ser complejos y de diferentes resultados. Máxime cuando hasta 2015 se juzgaban por el tribunal de jurado.

            Pero no todos los incendios son forestales. En Valencia es de triste recuerdo el del edificio de Campanar que tuvo lugar en marzo de 2024, en el que perdieron la vida 10 personas y pudieron ser muchas más. Aun recordamos con los pelos como escarpias las imágenes de esa finca ardiendo en llamas y de rescates propios de película. No obstante, los hechos dieron lugar a un procedimiento penal que, tras varis idas y venidas, ha terminado en archivo. Y es que, como he dicho muchas veces, el Derecho Penal no tiene todas las respuestas.

            Aun está por ver si las tiene para un reciente y doloroso caso, también en mi tierra, el de las riadas provocadas por la dana de 29 de octubre de 2024. Una instrucción larga y laboriosa que aún no ha concluido y que, en cualquier casos, aunque no devolverá la vida a las 228 víctimas, sí que puede ayudar a satisfacerlas si sienten que se ha hecho justicia. Pero aun queda. Aunque no podemos olvidar que no es el primer macroproceso causado por los efectos catastróficos del agua, ya que algo parecido vivimos en los 80 con el juicio por el desbordamiento de la presa de Tous

            Y sin marcharme de mi Valencia, me referiré a otro de los casos más dolorosos por los que hemos pasado. El del accidente del metro de 3 de julio de 2006, que fue objeto de diferentes avatares judiciales a través de su larguísima instrucción, con archivos y reaperturas y que acabó con sentencia de conformidad en enero de 2020 para varios directivos de Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana. De este caso, me quedo con lo que dijo la representante de la asociación de víctimas, que reclamaban justicia, y no venganza.

            Ahora ya me saldré del marco de mi comunidad para recordar catástrofes que impactaron a todo el mundo. Una de las que me impresionó en su día, aunque yo aun no había ingresado en Toguilandia ni tenía idea de hacerlo, fue la ocurrida en el camping de Los Alfaques en 1978, en que 215 personas perdieron la vida por causa de una fuga en un camión de propileno por causa de un accidente de tráfico, calificado como el peor. No obstante, los caos de accidentes con múltiples víctimas siempre son especialmente dolorosos y trabajosos en la vía judicial. En ese sentido, recuerdo uno que se juzgaba en mis primeros días toguitaconados: el del accidente Torreblanca en 1992.

            Aunque para accidentes de recuerdo doloroso, el del Yak 42 en mayo de 2003 en el que, al dolor por la muerte de lo seres queridos, todos ellos militares de vuelta de misiones en el extranjero. hubo que sumar la capuza realizada en la identificación de cadáveres, un episodio siniestro que es imposible de olvidar. Tampoco podremos olvidar el horroroso accidente del avión de Spanair de 20 de agosto de 2008, en el que murieron 154 personas.

¿y quien no recuerda el terrible accidente del Alvia precisamente el dia grande de Galicia? 79 muertos en 2013 y una sentencia 10 años más tarde de solo 2 años para,el maquinista y un cargo de adif que supieron a muy poco.

            No obstante, pocos recuerdos más dolorosos que los que todo el mundo tenemos de los atentados del fatídico 11M de 2004, donde 192 personas eran asesinadas por terroristas fanáticos que, en su mayoría, acabaron inmolándose aunque se juzgó y se condenó a otros en un juicio que tuvo 57 sesiones que acabaron con sentencia de octubre de 2007. También recordamos el horror de los atentados de Las Ramblas y Cambrils de 2017.

            No obstante, en este país no podemos hablar de terrorismo sin recordar el horror sembrado por la banda terrorista ETA durante el largo período en que estuvo activa, y si de catástrofes se trata, y aunque hubo varios atentados con múltiples víctimas, el más recordado a estos efectos por todo lo que supuso fue el de Hipercor en Barcelona en 1987, con 21 personas asesinadas y 45 heridas. Los juicios, acabados en condena, se celebraron en 1989 y 2003 en la Audiencia Nacional, el órgano competente para conocer de los casos de terrorismo.

            Y con esto cerro este catastrófico telón, aunque espero que el resultado no sea catastrófico. Seguro que cada cual hubiera elegido otros supuesto, pero admito sugerencias. Y aplausos, por supuesto

Nostalgia toguitaconada: viaje al centro de la Justicia


              Una de las fórmulas que nunca fallan en el mundo del espectáculo es tirar de nostalgia. Los remakes, por un lado -ahora mismo recuerdo el de West Side Story, el de  Sabrina, el de La Sirenita y muchos más- y los programas hechos de fragmentos de los que en su día vimos, como Cachitos o Viaje al Centro de la tele, dan buena fe de ello. Sin olvidar, por supuesto, las secuelas, precuelas y demás, y las reposiciones. Que, por cierto, ya se echa de menos la de Verano azul de estas vacaciones, que aun no la he visto asomar

              En nuestro teatro parece que no somos demasiado de reposiciones, aunque, bien mirado, hay muchas reformas que acaban siendo más de lo mismo, como un deja vu . Pensemos, sin ir más lejos, en la última reforma procesal, que cambia los juzgados de toda la vida por tribunales de instancia. ¿Serán los mismos perros con distintos collares? Pues habrá que darse un poco de tiempo para saberlo. Tengamos preparadas las palomitas de maíz por si acaso.

              En cualquier caso, lo que pretendía con este estreno es echar la vita atrás y recuperar algunos momentos que tuvieron mucha importancia en su día y hoy han quedado difuminados cuando no directamente olvidados.

              Así, a bote pronto. -que no a voz de pronto, que he escuchado más de una vez-, me acuerdo de una cuestión que hizo correr ríos de tinta y que dio lugar a una reforma ex profeso del Código Penal. Se trata de los denominados “conductores suicidas” que, aunque existir, existen, no han devenido un fenómeno de tanta frecuencia como se quería hacer ver. Por fortuna, claro está.

              Otro de los hits que se repetía como el ajoaceite durante un verano -y que todavía colean de cuando en cuando- es el de los llamados okupas. El delito de usurpación de inmuebles, conocido como okupación, aunque muchos de los casos que no vendían no eran tales, dio lugar a horas y horas de televisión en las que parecía que una se iba a comprar el pan y se encontraba su vuelta con una familia con el perro el canario y la abuela instalados en su piso.  Curiosamente, en los intermedios de esos programas solían anunciarse a diestro y siniestro empresas de seguridad con sus consiguientes alarmas. Pero a lo mejor era casualidad y yo soy una mal pensada.

              Por otro lado, entre los episodios toguitaconados que más han dado que hablar, están todos los que se relacionan con los juicios mediáticos, por una u otra razón.

              En unos casos, se trata de juicios que llaman la atención por la fama o el cargo de sus protagonistas. Recuerdo que en su día, antes de mi llegada a Toguilandia, el juicio de Lola Flores con Haciendo hizo que se llenaran horas y horas de emisión en un momento en que no había ni Internet ni redes sociales. La folclórica había llegado a pedir una peseta a cada español para pagar la multa que se le avecinaba. Años más tarde fue otra folclórica, Isabel Pantoja, la protagonista de las noticias por su juicio, también por cuestiones de dinero, pero totalmente diferentes de las que llevaron a los tribunales a la Faraona. Como todo el mundo sabe a estas alturas, la Lola de España no dio con sus huesos en prisión, pero sí lo hizo la Pantoja.

              Más recientemente, el caso que ha hecho correr ríos de tinta, megabytes de información y horas de televisión ha sido el de Daniel Sancho, hijo y nieto de conocidos actores, que ya cumple condena por haber asesinado y descuartizado a un hombre con el que tenía una relación en Tailandia.

              Hay otras ocasiones en que la atención mediática se debe al morbo que el caso causa, no siempre bien entendido. Asuntos como el de José Bretón, que asesinó a sus dos hijos e hizo desparecer lo cuerpos, el de las niñas Anna y Olivia, también asesinadas por su padre que arrojó sus cuerpos al mar, el del niño Gabriel, asesinado por su madrastra, o el de Rocío Wanninkhof, la menor por cuyo asesinato fue condenada injustamente la mujer con la que tenía una relación su madre, condenada por un jurado cuya sentencia se anuló después al aparecer el verdadero culpable.

              No me olvido de otro asunto aun no resuelto que dio lugar a muchas horas de informativos y tertulias durante un verano y que ha vuelto a estar en la palestra ahora mismo, el de Juana Rivas. Esperemos que se haga finalmente Justicia en este asunto, difícil como pocos.

              Y hasta aquí el episodio de hoy de nuestro particular Viaje al centro de la Justicia. Si hay aplauso, y petición popular, no descarto que haya más entregas. Espero sugerencias.

 Incendios: fuego criminal


              El fuego tiene muchas caras. Es el principio y e final de muchas cosas, y ejerce una fascinación como pocas cosas en el mundo. Puede dar la vida y puede quitarla, algo que tiene su reflejo en el cine en películas como En busca del fuego o El coloso en llamas, aunque en general el fuego y sus efectos dan lugar a numerosos títulos como Arde Mississippi, Fuego en el cuerpo, Ojos de fuego, El fuego de la vida, Casa en llamas o Las cenizas de Ángela, entre otras muchas.

              En nuestro teatro, también el fuego tiene múltiples caras, aunque en principio se nos venga a la cabeza la peor de ellas, la del delito de incendio. Y es que pocas cosas hay más impresionantes que ver los efectos del fuego sobre las cosas o, lo que es peor, sobre un cuerpo humano.

              Pero, como decía, el fuego tiene múltiples caras, también en Derecho. De hecho, hubo momentos históricos donde ser quemado en la hoguera era una pena, recordemos si no lo que hacía la Inquisición con aquellas mujeres que consideraba brujas y, en general, con cualquiera que no les pareciera que seguía sus estrictas normas, por más razón que tuviera. Por desgracia, la historia está llena de personas que cavaron injustamente su día en la hoguera.

              Ya hace muchísimo tiempo que nuestro Derecho no se plantea este tipo de penas, por desgracia. No solo eso, sino que la pena de muerte está proscrita en nuestro ordenamiento a partir de la entrada en vigor de la constitución, aunque no totalmente. Aunque suele olvidarse, la Constitución exceptúa de la prohibición de la pena de muerte “lo que puedan disponer las leyes penales militares para tiempo de guerra”. Por fortuna, ni estamos en guerra -al, menos en sentido literal- ni hay disposiciones para esa situación, así que por esto de puntillas. En cualquier caso, nada de fuego en este caso, más allá de las armas que se siguen usando en tantos conflictos bélicos en el mundo.

              Lo que sí hace nuestro Código Penal es imponer penas duras por el delito de incendio, en sus diferentes modalidades, o dotar de especial gravedad a otros delitos por el uso del fuego.

              Empezando por el asesinato, ni en e Código Penal anterior ni en el actual el fuego era una circunstancia que específicamente convirtiera el homicidio en asesinato, aunque en el Código de 1944 el incendio con resultado de muerte se consideraba asesinato expresamente. En la actualidad, la conclusión no sería muy diferente, puesto que la muerte dolosa de una persona mediante el fuego es, por esencia, alevosa, además de que probablemente también implicaría ensañamiento, por su evidente crueldad al causar sufrimientos innecesarios a la víctima. Por supuesto, otro tanto cabrá decir de cualquier otro delito cometido por medio del fuego, ya que tanto la alevosía como el ensañamiento también son agravantes genéricas.

              Probablemente, el caso más terrible que se nos venga la cabeza sea el del asesinato de Ana Orantes, a quien su marido asesinó prendiendo fuego a su casa con ella dentro días más tarde de que ella tuviera la valentía de denunciar en televisión la violencia de género que sufría. A ella le costó la vida, pero su caso fue el pistoletazo de salida para que la sociedad y el Derecho se tomara en serio el problema de la violencia machista y nos dotara de una legislación adecuada. Nunca será suficientemente recordada y homenajeada su figura.

              Pero hay casos en que el fuego tiene sus propios tipos delictivos. El delito de incendio, en alguna de sus modalidades, es de los más gravemente penados en nuestros Derecho. Tal cosa ocurre en el caso del incendio de casa habitada, todavía más grave n el caso de que se supiera que había gente dentro. Por supuesto que sí además, como consecuencia del fuego, se producen una o más muertes, tendrán el castigo correspondiente además del del delito de incendio.

              Cuando de daños se trata, existe también la mención específica de que el fuego sea el medio para causarlos, aunque a la hora de la penalidad se nos remita a la de los daños genéricos. El Código Penal anterior era más expresivo en este punto cuando hablaba de “daños, incendios y estragos

              No obstante, cuando se habla de delito de incendios, todo el mundo piensa en el pirómano de las películas, un ejemplar de delincuente que existe, pero que no es tan frecuente ni tan evidente como en la ficción. Entre otras cosas, en los incendios provocados encontramos normalmente otros intereses espurios que van más allá del placer que pueda producir a un perturbado ver cómo se queman las cosas

              Y, en este punto, hay que referirse obligatoriamente a los casos que más preocupan por sus consecuencias y su frecuencia, especialmente en verano. Se trata, claro está, de los incendios forestales, a los cuales el Código anuda importantes sanciones, aunque no siempre sean fáciles de perseguir. Y es que, aunque la mayoría son provocados por la mano del hombre, no siempre es con la expresa intención de causar tales males, y además hay veces en quelas circunstancias superan lo que alguien podría prever. Son muchos los casos de imprudencia por cosas tan aparentemente simples como hacer una barbacoa, tirar una colilla o quemar unos rastrojos. En estos casos, deslindar entre la imprudencia y el dolo eventual no siempre es fácil. Y recordemos, además, que durante mucho tiempo ha sido uno de los delitos reservados al tribunal del jurado, aunque desde 2015 se eliminaron de la competencia de este tipo de tribunales. Tan importantes son que hay un fiscal especifico en algunas fiscalías para esta materia

              Para acabar, no nos equivoquemos. No es lo mismo hacer fuego que estar quemados, una situación a la que ya dedicamos un estreno al hablar del síndrome de born out. Por algo se llamará así.

              Aunque lo que se dice acabar no puedo hacerlo sin dar mi aplauso. Y es, desde luego, para todas las personas que se juegan la vida luchando contra el fuego. Y, por supuesto, para Ana Orantes. Cualquier excusa es buena para recordarla.