Revisiones: ¡¡¡socorro!!!


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En el teatro, los guiones no suelen salir bien a la primera. Y a veces, aunque salgan, alguien se empeña en revisarlos, en darles otra vuelta, en hacer correcciones o en cambiar las cosas. E, incluso, hay quien se empeña en hacer nuevas versiones de una obra ya hecha, los famosos remakes que, salvo honrosas excepciones, no acaban sino siendo copias desvaídas del original. Y es que, claro, por más que no se esmere, es difícil que una nueva versión de Sabrina pudiera superar a la deliciosa Audrey Hepburn, o que los nuevos Angeles de Charlie borraran de nuestra memoria la serie nuestra infancia.

En nuestro espectáculo gustan mucho de las revisiones, remakes, versiones, retoques y cambios varios que acaban volviéndonos locos a los intérpretes. Y, sin darnos cuenta, nos vemos sumidos en uno que podríamos titular Juristas al borde un ataque de nervios, que ríase Almodóvar. Incluso hay veces que, de pronto, nos vemos trasladados a un obligado cambio de género y nos adentramos de lleno en el terror. Y, al abrir el BOE, una puede sentir cómo aparecen las garras de Freddy Kruger, o el mismísimo Jason, aunque no sea ni Viernes ni 13. Y el pánico se apodera de nosotros al ver cómo nuestras leyes se van convirtiendo en una suerte de Frankenstein hecho a base de trozos y retazos y parches, con quater, quinquies y vaya usted a saber qué más. Y cada reforma se nos aparece como un Drácula que nos chupa la energía. Porque un vampiro siempre es un vampiro, por más que nos lo dulcifiquen al estilo Crepúsculo. Y claro está, a mí me hacen tambalearme sobre mis tacones, toga en ristre. Y mucho me temo que no soy la única.

Y no se trata de que no tengamos experiencia en esto de las reformas, no. Desde los tiempos de la carrera, y sobre todo de la oposición, nos someten a un entrenamiento de alto rendimiento que ni el mejor personal training. ¿Quién no recuerda la angustia con que entonces vivíamos cada vez que a ese ente abstracto y muchas veces diabólico llamado “legislador” le daba por vomitar uno de sus productos? Sangre, dolor y lágrimas cada vez que lo hacía. Y eso sin exagerar, por supuesto, porque entonces albergábamos la esperanza de que el día en que vistíeramos la toga aquello acabaría. Craso error. Pronto descubrimos que el carrousel de las reformas es una tortura que no se acaba nunca. Y que, aún en el mejor de los casos, esto es, cuando estas reformas suponen una mejora –que, haberlos, haylos, aunque últimamente cueste encontrarlas-, siempre traen consigo ese trabajo extra que son las revisiones. Es lo que hay.

Pero hay momento, y momentos. Y éste es uno especialmente peliagudo, porque al legislador de turno le ha entrado un ataque de precipitación y está soltando sorpresas un día sí y otro también. Tanto, que da pavor abrir el BOE, que ya se sabe que cuando el BOE suena, reformas lleva… Y sí, es cierto que sobrevivimos a la entrada en vigor del Código Penal del 95, de la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil, de la ley concursal y de todos los retazos que han convertido la vieja Ley de Enjuiciamiento Criminal en una colcha de patchwork. Pero es que ahora lo primero que hay que adivinar es cuándo entran en vigor cada una de las reformas, que no es cosa fácil.

Así que se me ocurre una idea, para ver si alguien comprende el alcance de todos estas veleidades reformistas. Podríamos mandar a una isla desierta a un montón de eso que se ha dado en llamar operadores jurídicos, elegidos, por supuesto, tras un esmerado casting, donde permanecerían aislados durante tres meses, sin más contacto con el exterior que algún Gran Hermano que les fuera dando todos los Boletines del Estado, Comunidades Autónomas, Provincias y publicaciones oficiales. Tendrían pruebas dificilísimas de superar, centradas en conseguir una lista lo más ordenada posible de todos los cambios legislativos, su alcance, a qué afectan, cómo se interpretan y cómo quedarían las leyes. Eso sí que es duro, y no lo que vemos en los reality shows al uso. Y no sé si alguien superaría la prueba. La verdad es que mi toga y mis tacones salen corriendo con solo pensarlo.

Así que voy a ver si hablo con Almodóvar para proponerle la idea, que no vamos a ser pobres hasta para pedir y me parece el más adecuado. Que de él saqué la idea de Juristas al borde de un ataque de nervios, constantemente preguntando ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, sin que La piel que habito soporte tanto cambio, lo que nos hace andar Entre tinieblas a la caza y captura de la disposición aplicable en cada caso y en cada momento. Y mientras, la pobre Constitución implorando que alguien Hable con ella, que otros tiempos amenazan con Volver y más vale pensar un poco las cosas que recurrir a La mala educación y sacar sapos y culebras por la boca cada vez que abrimos el dichoso Boletín, que es Matador. Pero mucho me temo que hay poco que hacer, que mis toga y mis Tacones cercanos tendrán que atarse los machos, o más bien las puñetas adonde me gustaría mandar a muchos en ocasiones.

Por eso hoy el aplauso va para todos aquellos que resulten Supervivientes de este reality show imaginario. Porque sin isla, sin encierro y sin tiempo habremos de conseguir salir victoriosos. Y seguro que, una vez más, lo lograremos. Aunque nos dejemos la piel en ello. O como dijo una famosuela de ésas que frecuentan los realitys, aunque nos dejemos la piel en el pellejo.

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4 pensamientos en “Revisiones: ¡¡¡socorro!!!

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