Informática: obsoleto atrezzo


cavernicola informático

Como todos sabemos, el atrezzo es una parte indiscutible de cualquier espectáculo, capaz de destruir la mejor labor de los mejores profesionales. Tomando prestado el símil de un buen amigo -notario, para más señas- sería como ver a la Taylor hacer de Cleopatra en chándal. Y, de paso, revivir su historia de amor y odio con Richard Burton, como a veces hacemos algunos de los protagonistas de nuestro teatro, como cuando jueces y fiscales, por ejemplo, nos empecinamos en tirarnos piedras en lugar de en colaborar. Pero claro, ésa es otra historia que será contada en otro momento.

Lo bien cierto es que un buen atrezzo es fundamental, y el nuestro no puede ser otro que un buen equipo, además de personal, de medios materiales. No sólo de bolígrafos, gomas, los deseados post-its (https://conmitogaymistacones.com/2014/12/05/medios-materiales-david-y-goliat/ ) y demás, sino unos buenos programas informáticos acompañados de unos ordenadores dignos que, a día de hoy, brillan por su ausencia. Y ahí seguimos, peleándonos a diario entre el Diplodocus 2.0 y el Homo Sapiens 3.0, que no en vano ha vuelto Parque Jurásico y buscan su sitio.

Me preguntaba mi amigo quién gestionaba en nuestro ámbito la firma electrónica. Aun no me he recuperado del ataque de risa que me produjo la pregunta. Y creo que él tampoco de la apoplejía que le ocasionó mi respuesta. Nada de eso. Seguimos con los sumarios atados con cuerda floja, con la valija, con las citaciones por telegrama y los cuños, sellos y firmas como manda nuestra también jurásica ley de Enjuiciamiento Criminal. Acabáramos.

Pero eso no es todo. Tenemos unos ordenadores del Pleistoceno que hacen juego con los programas informáticos que manejamos o, al menos, con la utilidad de los mismos. Porque, aunque parezca cosa de broma, ni todos los programas de las distintas fiscalías de España son iguales entre sí, ni compatibles, y mucho menos lo son con los de los respectivos juzgados. De modo que si se quiere consultar un auto del juzgado que tenemos enfrente, por ejemplo, no nos queda otra que llamar por teléfono o ir en persona, cogerlo, ponerle el cuño de salida y fotocopiarlo. Y eso si hay suerte y es día y hora laborable, porque si no, nada de nada. Aunque estés de guardia y lo necesites.

¿Sorprendente? Pues no tanto. Si una piensa que nos están vendiendo como el colmo de la modernidad las notificaciones vía sms, las piezas del puzzle empiezan a encajar. Solo vamos con cincuenta años de retraso, siendo benévolos. Y mientras tanto, seguimos bregando con un sistema donde los procedimientos se registran varias veces y reciben varios números, según el órgano en el que entren, de modo que buscarlos luego se convierte en una tarea que ni Paco Lobatón en los buenos tiempos de ¿Quién sabe dónde?. Pero eso es lo que hay.

Y claro, entre tanta complicación y tanta ineficacia, es difícil que entren ganas de aprender. Porque aún vivimos en una generación en la que la mayoría tenemos un cibertarugo dentro que pugna por salir y rebelarse. Y es que no hay nada que nos haga echarnos a temblar más que un anuncio -en el correo electrónico, por supuesto- que nos advierta de la enésima actualización del sistema. “Desastre seguro”, piensa una cruzando los dedos. Y acierta, con una capacidad de adivinación que ríanse ustedes de la Bruja Lola y sus dos velas negras. O, más bien, de la ochentera Bruja Avería, más cercana en el tiempo a nuestros sistemas.

Ignoro cuál es la mente pensante -o no pensante- que implantó este destarifo, que hace que muchos compañeros sientan, no sin razón, que acabamos siendo nosotros los que servimos al sistema, en lugar de ser lo contrario. Y así no hay quien avance.

Por eso, hoy, en vez de con un aplauso, acabaremos el estreno con una canción. De Los Miserables, nada menos, dicho sea sin ánimo de faltar. Y entonaremos ese I dreamed a dream pensando en el día en que ingresemos en el siglo XXI. Que ojala sea antes de que se acabe, Por cierto que, vista la edad de jubilación que nos quieren endosar, seguro que nos pilla trabajando

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3 pensamientos en “Informática: obsoleto atrezzo

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