Drogas: el gran peligro


Droga-PDI-850x400

Dicen que el consumo de drogas data casi del origen del propio ser humano. Alucinógenos de origen natural, como plantas, debieron ser el principio y hoy conviven con elaborados químicos de toda especie y de variados resultados. Un mundo,  el de las drogas, que nunca ha sido ajeno al mundo del espectáculo, tanto por sus protagonistas –no son pocas, desgraciadamente, las estrellas que en algún momento han tenido problemas de adicciones- como en calidad de temática de muchas obras. Los años 80 y la irrupción de la heroína dieron lugar a películas como El vaquilla o El pico en nuestro país o Yo, Cristina F allende nuestras fronteras. Son muchas las películas que abordan el tema de las adicciones y sus devastadores efectos, como Transpoitting o Diario de un rebelde, o bien lo enfocan desde su otra cara, el tráfico, como Traffic, Sicario o la serie Fariña, por citar algunas. Y es que, por desgracia, es un tema que siempre está ahí.

También está ahí la cuestión de las drogas en nuestro escenario, desde uno u otro prisma. Aun recuerdo los estragos de la heroína en gente muy joven en los primeros tiempos de mi vida toguitaconada. Atracos a farmacias o gasolineras, robos con intimidación valiéndose de una jeringuilla como arma y todo un elenco delincuencial con un denominador común: el síndrome de abstinencia o “mono” de quienes lo cometían.

No tardó en llegar una tragedia que se unió de modo casi indisoluble a esta clase de delincuencia. El SIDA hizo mella en estos drogadictos que compartían jeringuillas, adicción y desgracia y hubo un tiempo que cada día archivábamos un par de procedimientos por el fallecimiento del autor. Recuerdo el título de un libro que decía mucho: La agenda de los amigos muertos.

Ahora, por fortuna, no estamos en esos momentos tan duros, pero la droga sigue ahí, con sus distintas caras y sus devastadores efectos y, por supuesto, con su incidencia en el mundo del Derecho.

Así, hay que hablar en primer lugar del tráfico de drogas, un delito castigado con dureza en nuestro Código Penal. A efectos prácticos diré que un considerable número de los delitos que se enjuician en las salas de las Audiencias –esto es, de delitos castigados con penas superiores a 5 años, aunque la pena en concreto que se pida no supere esa cifra- son delitos de tráfico de drogas. También hay que reconocer que la gran mayoría no enjuician a grandes narcos, sino a pequeños camellos que venden al menudeo para financiarse su propia adicción. Por supuesto, existe una fiscalía antidroga en Madrid, conectada con la Fiscalía Nacional, y sus delegaciones en cada territorio para perseguir esos grandes casos de tráfico. Y hay que valorar su labor, nada fácil, por otro lado.

No obstante, hasta en esto existe alguna que otra anécdota jugosa que contar. Quizás una de las cosas que dan más juego está relacionada con la impunidad de la tenencia para autoconsumo y el consumo compartido. Como empezó a consolidarse la tesis que sostenía la absolución por consumo compartido, empezaron a surgir las excusas más pintorescas. Tipos pillados in fraganti con un cargamento de pastillas suficiente para abastecer a toda la ruta del Bakalao en sus mejores tiempos que te decían eso de que “lo mío es consumo compartido porque iba a dar una fiesta para celebrar mi despedida de soltero”. Cuando a uno de ellos le dije que con aquello tenía para varias despedidas de varios amigos, me dijo muy convencido “es que usted no sabe cuántos amigos tengo”. Le falto añadir “no como usted, que es una siesa”. Pero lo comprendí viendo su cara, que soy un hacha leyendo la mente.

Al otro lado del espectro, está la droga como circunstancia que rebaja la pena, que puede ir desde la eximente completa –cuando su estado o su adicción le impiden siquiera distinguir entre el bien y el mal-, la atenuante, que es cuando está afectado pero sabe lo que hace, o la eximente incompleta, algo así como el Rey Salomón de las atenuantes. Dentro de estas, se puede distinguir entre la intoxicación plena, que no requiere adicción sino que esté francamente mal ese día, y sus degradaciones a eximente incompleta o atenuante, o la del que comete los hechos por razón del síndrome de abstinencia. Algo parecido a lo que ocurre con el alcohol  al que ya dedicamos un estreno. Eso sí, no olvidemos que para aplicar la atenuación tiene que acreditarse que haya influido en la capacidad de conocer y querer del sujeto, lo que quiere decir que no basta con probar que se han consumido drogas para ser merecedor de la rebaja.

Sin embargo, no se aplica ninguna rebaja cuando el delito en sí ya contiene el desvalor de haber consumido, como ocurre con la conducción bajo los efectos de sustancias estupefacientes. Sería un contrasentido penar por haberse consumido drogas y luego rebajar la pena por estar drogado, obviamente.

Y no solo influyen las drogas a la hora de calificar el delito y condenar más o menos al autor. También una vez condenado el hecho de ser adicto y someterse a tratamiento de deshabituación puede suponer, si se dan los requisitos, una suspensión extraordinaria de la pena, condicionada, por supuesto, a que el penado cumpla con el tratamiento. Si no lo hace, regresa a la casilla de salida, esto es, a la pena de prisión

Por último, un pequeño homenaje a algunos personajes que me han producido ternura. En este caso, a un muchachito que, después de haber conseguido que en una sentencia le rebajaran la pena por su adicción a las drogas, nunca dejaba de decirnos cuando le volvían a detener eso de “venga, Señoría, rebájeme algo, que estaba endrogao”. Y la verdad es que daban ganas de rebajarlo solo por el modo de decirlo. Pero aun no existe la atenuante de decir con gracia las cosa, así que no hubo suerte.

Por todo, hoy el aplauso es para todas y todos los operadores jurídicos que se dedican a esto del tráfico de drogas pero, sobre todo, a quienes se dedican a lograr la rehabilitación de estas personas y a quienes la consiguen. Una tarea dura pero que merece mucho la pena.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s