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Acerca de gisbertsusana

Fiscal con vocación de artista. Me tomo la vida con mucho humor y siempre subida en mis tacones.

Interés del menor: más que un comodín


              Se llaman comodines a esas cartas que, cuando se juega a cualquier juego de naipes, tiene un valor especial porque pueden sustituir a cualquiera. Por extensión, llamamos también comodín a cualquier cosa que pueda resolver algo que nos falte como los famosos comodines del público o de la llamada en concursos televisivos como ¿Quién quiere ser millonario?, que el cine mostraba en películas como Slumdog Millonaire o Quiz Show. Y es que, hasta el nombre del comodín en la baraja anglosajona, el Jocker, es el título de una laureada película.

              En nuestro teatro, aunque no se trate de un juego, utilizamos comodines con más frecuencia de lo que creemos. Principios como el de presunción de inocencia o el In dubio pro reo -que, como insisto siempre, no son lo mismo-, se usan prácticamente para cualquier defensa. También vienen muy bien otro como el “iura novit curia” -los tribunales conocen el Derecho- para ahorrarse citar jurisprudencia.

              El principio a que hoy dedico este estreno puede que sea el que más se utiliza como comodín, y no siempre correctamente. A veces una tiene la sensación de que el “favor minoris” o el “superior interés del menor” justifica absolutamente todo. Y no siempre es así. Un ejemplo reciente lo tenemos en las palabras de cierto ministro que, tras comprobar que una de sus decisiones ha sido objeto de reprobación en sentencia, alga haberla tomado en uso del principio del superior interés del menor. Lo que lleva a una pregunta que dejare en el aire. ¿quería decir que el tribunal que ha fallado no ha tenido en cuenta tal interés superior? Ahí lo dejo.

              En principio, podría parecer qué decidir cuál es el interés superior del menor, que siempre es el más digno de protección, es cosa fácil. Pero, como suele concurrir en Derecho, no es oro todo lo que reluce, y del dicho al hecho hay un buen trecho.

              Como decía, hay casos en que determinar qué es lo mejor para la niña o niño de que se trata puede resultar sencillo. Imaginemos que un menor se encuentra abandonado, pasando hambre, sed, frío y cualquier tipo de necesidad porque vive solo en la calle sin nada. Evidentemente, entre que el menor viva en esas condiciones o lo haga en un centro protegido por el Estado, con las necesidades cubiertas, es obvia la opción. El interés superior del menor nos lleva a intervenir y buscarle un lugar donde vivir con todo lo que necesite.

              Ahora, avancemos un paso más en el supuesto. Pensemos que ese menor, que vive en esas condiciones, no está solo sino con sus padres, a los que adora que le adoran, aunque s situación económica sea paupérrima. Ahí la cosa se complica. ¿Es más adecuado al interés del menor que tenga un techo y sus necesidades cubiertas en un centro lejos de sus padres, o es mejor que siga con ellos, aunque no tenga todo lo que necesite? Pues la respuesta ya no es tan fácil, sobre todo si barajamos la posibilidad de una intervención de Servicios Sociales que mejore las condiciones de vida. Pero, si no hay una vivienda, parece que no queda otro remedio que separar a ese niño de sus padres, aunque en principio lo mejor para cualquier niño es estar junto a unos padres que le quieren. Aquí ya está claro que no esta tan claro lo que lo parecía. Para ponderar el favor minoris habrá que conocer muy bien las circunstancias de cada caso y las posibilidades de evolución. Ningún supuesto es igual a otro.

              Y todavía podemos complicarlo un poco más. Imaginemos que ese menor tiene dos hermanas pequeñas que viven con él, junto a sus padres. Tal vez par ese niño quepa una solución intermedia, si se mejoran las condiciones de la vivienda, pero para su hermana pequeña, que es una bebé de meses y de salud delicada, no cabe esa opción. De ese modo y, aunque en principio el interés del menor recomienda siempre no separar a los hermanos, en este caso es muy probable que haya que hacerlo. De nuevo el estudio caso por caso nos dará las claves, aunque nunca sabemos al cien por cien qué decisión es la correcta.

              Pues bien, todas estas cosas que en este ejemplo extremo cuestan tanto, se vuelven complicadísimas cuando los supuestos no son tan evidentes. Y eso nos pasa especialmente en el Derecho de Familia

              En mi vida profesional, me he encontrado con apelaciones al interés general del menor de lo más peregrinas, por decirlo de algún modo. He tenido padres y madres que han utilizado el interés general del menor para solicitar a la jueza que decida que la niña sea fallera o no lo sea, o pertenezca a una comisión de falla u a otra. También he oído como se usaba el favor minoris para conseguir que el niño fuera a alemán en vez de inglés, a judo en vez de a fútbol o a piano en vez de a baile, y viceversa. Cosas que en realidad responden al gusto o al capricho de los padres y no de sus criaturas. Salvo supuestos excepcionales, como si nos encontramos ante el próximo Picasso al que no llevan a dibujo, o la futura Pavlova a la que privan del ballet. Pero Picasso o Pavlova hay muy pocos.

              Y si seguimos avanzando en el plano de la exageración, que existe mucho mas de lo que la gente piensa, me he encontrado alegaciones al interés general del menor para escoger un traje de Comunión con lazo rosa que quería la madre frente al que quería el padre, sin lazo y con bordados, y hasta para decidir los pisos que debería tener la tarta. Verdad verdadera.

              Un caso especialmente sangrante fue el de dos progenitores enfrentados y esgrimiendo el interés del menor como un arma arrojadiza, pretendiendo inscribir a la niña en dos colegios distintos, ambos religiosos, de principios similares y en la misma zona. Al final, consiguieron que se les pasara el plazo en uno y otro y que fuera el organismo autonómico correspondiente el que asignara un colegio a la niña, mucho más lejano a su domicilio y a lo que pretendían uno y otro. Así que quedó claro que el interés que les guio era el de cualquiera menos el de la menor.

              Y hasta aquí, estas pequeñas notas que espero que hayan aclarado un poco la cuestión. El favor minoris es algo muy serio, no un cajón de sastre para meter cualquier pretensión. Por eso doy hoy el aplauso a quienes lo usan adecuadamente. Que no siempre es fácil.

Premios blogs jurídicos: mejor post


              Todas las artes tienen sus propios premios. Los Oscar o los Goya del cine, el Cervantes o el Nobel de literatura son solo las muestras más visibles de ello. Y, aunque la satisfacción con la propia obra es un gran premio, si hay un reconocimiento público la satisfacción es aún mayor. Y, si no, que se lo digan a cualquier director, intérprete, guionista o técnico que se haya llevado alguna de esas preciadas estatuillas.

              En nuestro teatro también tenemos nuestros propios premios, y los premios a los blogs jurídicos organizados por José Ramón Chaves (@kontencioso) y su blog delajusticia.com,  y Globoversia son la mejor muestra de ello. Con varias ediciones a sus espaldas, este año se cumplía la quinta edición, y el 22 de enero de 2024 se convertía en un día que mi toga, mis tacones y yo nunca olvidaremos. Y que, como las cosas buenas, tenía que compartir con quienes tienen la generosidad de leerme semana a semana.

              Como quiera que desde Delajusticia.com, su autor describe con su habitual maestría la ceremonia , invito a todo el mundo a que le lea para saber cómo fue de cabo a rabo. Aunque mejor debería decir de cabo a anca, por la famosa rana de la Universidad de Salamanca, en cuyo paraninfo tuvo lugar el magnífico evento. Yo, por mi parte, seré como suelo, más subjetiva, y contaré mi visión toguitaconada del acto. Y de esa sonrisa de boba que aun no he conseguido que se me borre de la cara. Ni ganas.

              Cuando descubrí que mi post sobre Valoración del riesgo era uno de los semifinalistas de estos premios, no cabía en mi de gozo, entre la sorpresa y la alegría. La alegría, por razones obvias. La sorpresa, porque mi lenguaje coloquial y mi modo de escribir no siempre se han considerado todo lo “serios” que un tema como la justicia merecía, como conté en su día, allá por el año 2018, en mi post sobre lo jurídico

              Pero es que, además, el tema a que dediqué el post, la valoración del riesgo en los delitos de violencia de género, es un tema especialmente peliagudo en una materia que no siempre se considera Derecho del más sesudo. Pero como los juristas, en realidad, lo que hemos de hacer es tratar de dar solución a los problemas de la ciudadanía, siempre me he visto compelida a hablar de esa tragedia que mata cada año a tantas mujeres y que constituye el objeto de gran parte de mi vida profesional. Y por fin compruebo que este esfuerzo no ha sido en balde. Que ser, como dice mi madre, tenaz -bonito eufemismo con el que mi progenitora enmascara el “cabezota” de toda la vida- acaba dando mis resultados. Así que creo que es comprensible que la sonrisa de boba siga aquí en mi cara, pegada a la comisura de mis labios y asomándose a mis ojos. Por cursi que parezca que lo diga.

              Me gustaría, por todo esto, compartir el discurso de agradecimiento que hice. Pero que nadie se alarme, que fui tan estricta con el tiempo como la organización merecía. Así que ahí va:

 “Muchísimas gracias. Me hace muchísima ilusión que una cosa como un blog, que es una apuesta tan personal, sea objeto de este reconocimiento.

Cuando empecé con el blog, mi intención era acercar el Derecho, que era algo como muy lejana, a la ciudadanía. Paradójicamente, esto triunfó relativamente pronto en este ámbito pero, sin embargo, a la comunidad jurídica le costaba reconocer un blog con este título, con este cariz, un blog que no cita fechas ni números de sentencias ni de leyes como una apuesta deliberada. Y este es el momento en que por fin, se funden ambas cosas. Por ello, para mí es un placer y es un honor.

Por otro lado, en cuanto al artículo premiado, un artículo que habla sobre una materia a la que dedico gran parte de mi vida profesional, he de decir que este artículo fue escrito, como hago muchas veces, a raíz de una noticia de actualidad. Una mujer era asesinada por su pareja, y tenía una valoración de riesgo alta, por lo que la prensa y la opinión pública se preguntaban cómo podía ocurrir esto. Pasaba como pasaba en tantas ocasiones, que desde los medios de comunicación y redes sociales la gente se preocupa en buscar culpables y no en buscar soluciones. Y yo quise desde las trincheras de mi trabajo diario, hacer una reflexión honesta sobre qué es lo que falta y qué es lo que no falta, y como lo vemos quienes trabajamos en ello, para contribuir con el fin de aportar mi granito de arena para encontrar soluciones en vez de buscar culpables, a esta terrible tragedia que es la violencia de género.

Por eso, y para acabar, me gustaría, además de agradecer nuevamente al jurado y a la organización la concesión de este premio, dedicarlo a todas las mujeres víctimas de violencia de género, a las que dedico gran parte de mis esfuerzos profesionales y que, de corazón, desearía no tener que hacerlo.

Y hasta aquí, mis impresiones y mi pequeño discurso. Y, como siempre, he de acabar con el aplauso, que esta vez va dedicado a @kontencioso, delajusticia.com y Globoversia por la organización y la concesión del premio, así como a quienes votaron desde sus casas. Y la ovación extra para el resto de premiados: Hay Derecho, Nosoloaytos, Fiscalblog. Marcos Almeida; y los mencionados de honor: A golpe de tweet, blog de Derecho Público y de la competencia, Es de Justicia, Justito el notario y Litinet. Ha sido un honor que seáis mis compañeros y compañeras de viaje.

#concursodepoesía : Un mundo sin paz


UN MUNDO SIN PAZ



Sangra el mundo

Sangra

Por cada uno de sus poros

Sangra

Por cada trozo de mar

Sembrado de cadáveres

sepultados

 entre plásticos

y cosas desechadas

Sangra

Por cada niño muerto,

por cada niña vendida

 y anulada

Y por cada miembro amputado

que nunca volverá a ser carne

Sangra

Por cada mujer lapidada,

por cada hombre ejecutado

Y por cada niño huérfano

de una y otro

Sangra

Por los sueños

 que nunca se cumplirán,

por todos los libros por leer,

por los que ni siquiera se editaron

ahogadas sus letras en la nada

Sangra

Y espera el torniquete

que pare su hemorragia

de angustia y desespero

Y es que ese mundo en paz

que nos vendían

acabó entre los saldos

y las rebajas que nadie

va a comprar

Y todavía espera mientras sangra

para que lo salvemos

Antes

 de que se haya desangrado del todo.

Desencadenada: tecnología en positivo


Hoy en Con mi toga y mis tacones traigo un relato muy especial. El aplauso, os lo pido al final si os ha gustado

Relato ganador del 1er premio del Certamen de Literatura Mujeres de la Malvarrosa 2015

DESENCADENADA

         El día en que él me regaló aquel teléfono móvil me puse muy contenta. No era yo persona especialmente dada a las nuevas tecnologías, pero trataba de estar al día si me era posible, y aquello seguro que me facilitaba las cosas. Mi hija miraba aquel artefacto con algo de envidia, como si fuera el más preciado tesoro del mundo. Y yo, aunque en mi fuero interno habría preferido unos pendientes, o incluso un ramo de flores, agradecía aquel regalo, que era el primero que él me hacía desde hace tanto tiempo que ni me acordaba. Pero, por supuesto, nunca me habría atrevido a contárselo.

Cuando pensé aquello, de que hubiera agradecido un ramo de flores o unos pendientes, creo que fui consciente por vez primera de lo desdichada que me sentía. Tanto, que me había acostumbrado s aquella vida como si no tuviera derecho a nada mejor. A pesar de que tenía un trabajo enriquecedor, una hija maravillosa, una situación económica bastante desahogada y una salud más que aceptable, me sentía muy desgraciada. De hecho, él no dejaba de repetirme que no sabía por qué andaba siempre con esa cara de amargada cuando me tenía como una reina, me reprochaba que no me arreglara tanto como otras mujeres, me decía que no me cuidaba, y que no lo entendía, porque tenía la casa hecha unos zorros, y que si no fuera por él nos estaría ahogando la porquería.

Al principio, me dolían esas cosas. Poco a poco, me fui acostumbrando a ellas, aunque a veces me saltaban las lágrimas. Pero él también se había acostumbrado a ellas, y mis lágrimas le trían sin cuidado. Es más, últimamente, le enfurecían todavía más. Y yo solo callaba esperando que acabara aquel momento y pudiera proseguir con mi vida en paz. O más bien con ese simulacro de vida.

Me sentía como encadenada a aquella vida. Pero eran unas cadenas tan sutiles, que una no se daba cuenta que las llevaba si no trataba de avanzar más allá de lo que daban de sí. Y yo, aunque me costara reconocerlo, avanzaba bien poco. Cada vez menos. Y ya ni siquiera notaba esas cadenas.

Apenas hacía otra cosa que ir de casa al trabajo y del trabajo a casa. Cuando él llamaba y no estaba allí, me pedía tantas explicaciones que acabé por no salir apenas, por estar siempre disponible y localizada. Pero con eso no había bastante, y cuando llegaba, me reprochaba por lo sucia que, según el, estaba la casa, lo mal educada que estaba la niña, o por cualquier otra cosa que se le ocurriera. Y yo, poco a poco, me iba enredando en aquellas cadenas, y sólo trataba de evitar que no hubiera ninguna razón, real o imaginaria, de que él se enfadase.

Pero yo no me consideraba una mujer maltratada, ni mucho menos. ¿Cómo me iba a comparar yo con aquellas víctimas de ojos amoratados y miembros rotos, con aquellas mujeres apaleadas, apuñaladas o golpeadas hasta la muerte? ¿Yo, que a lo sumo había recibido algún empujón? ¿Yo, que tenía un trabajo, y una hija estupenda? ¿Yo, que simplemente recibía reproches que tal vez merecía? Si yo no tenía más que seguir sus reglas para tener una vida tranquila…

Y de pronto, aquel teléfono móvil cambió de aspecto ante mis ojos. Se volvió más brillante, más atractivo. Y vi en él la llave que abriría mis cadenas. Con él, podría moverme con más libertad, sin necesidad de estar siempre en casa para estar localizable y que él no se enfadara. Y mi hija me había explicado aquello de la mensajería instantánea, que me permitiría estar continuamente en contacto con mis amigos y compañeros aunque no pudiera asistir a sus reuniones. Y podría encontrar a amigos de otra época con más facilidad, porque pese a que tenía cuentas abiertas en varias redes sociales, no podía acceder a ellas con frecuencia, porque él era quien solía estar en el único ordenador que había en la casa.

Me apliqué, y me estudié las instrucciones de principio a fin, ante las carcajadas de mi hija. Me explicaba que aquel trasto era muy intuitivo, pero por más que me lo repetía, nada tenía que ver para mí la intuición con manejar aquel cachivache. Eso sí, con intuición o sin ella, conseguí hacerme con el manejo del móvil en un tiempo récord, y en un par de días ya tenía todos los contactos guardados, todas mis cuentas de redes sociales seleccionadas, y me agenda llena. Y me dispuse a dar un giro a mi vida.

Así que aquella semana, cuando mis compañeros de trabajo dijeron de tomar una cerveza, se sorprendieron de que yo me apuntara. Yo siempre declinaba la invitación con cualquier excusa, pero en realidad trataba de evitar que él llegara a casa y no me encontrara, y la cosa deviniera en bronca inevitable. Y le mandé un mensaje diciéndole que llegaría más tarde y que la comida estaba encima del banco de la cocina.

Todo fue estupendo, o así lo parecía. Y yo salía y entraba con esa pequeña libertad que había olvidado que existía. Estaba feliz, y no me separaba de mi móvil, como si se tratara de una tabla de salvación. Más que por las noches, en que lo dejaba cargando batería en la cocina.

Ese fue mi error. Al levantarme una mañana, e ir a coger mi preciado tesoro, él lo tenía en sus manos. Sus ojos estaban inyectados en sangre, fuera de las órbitas, y tecleaba furiosamente, mostrando mis conversaciones y pidiéndome explicaciones que no me permitía dar.

De pronto, todo se hizo oscuro. Lo siguiente que vi fueron las paredes blancas de una habitación de hospital, después de hacer un inmenso esfuerzo para abrir los ojos. Mi hija me tomaba la mano y lloraba en silencio.

Empecé a recordar retazos sueltos de lo sucedido. El, fuera de sí, me recriminaba que tenía un amante. Decía que llevaba tiempo sospechándolo y que por eso me había regalado el móvil, para poder tener las pruebas de mi traición. Tergiversaba todos mis mensajes, que se había aprendido de memoria y, de pronto, toda su furia se concentró en su manos, que se estrellaron una y otra vez contra mi cuerpo y, sobre todo, contra mi alma.

En su obcecación, no se dio ni cuenta de que no estábamos solos en la cocina. Mi hija se había despertado con los gritos y llegó en el momento justo para evitar que aquel estallido me llevara a un lugar más lejano que el hospital en el que me hallaba, a un lugar desde el que nadie regresaba.

Hoy, pasado el tiempo, no tengo más que agradecimiento para aquel regalo. Aunque mi hija trató de no nombrarlo siquiera porque era el desencadenante de la tragedia, yo no pienso eso. Aquel artefacto en realidad salvó mi vida. Sin él, jamás me hubiera dado cuenta de que estaba encadenada, de que esas cadenas cada día apretaban más y me estaba acostumbrando a ellas. Sin él nunca habría sido libre.

Y sin él, es posible que él nunca hubiera sido condenado. Mi hija lo cogió y fotografió su furia al tiempo que impedía que siguiera golpeándome. Y esa fue una prueba imbatible en el juicio. Y la llave que por fin abrió mis cadenas para siempre.

Investigación; nuestras claves


                En el mundo del cine y de la literatura gustan mucho las labores de investigación. Tanto se lleven a cabo desde la actividad privada como desde la pública. Todo el mundo recuerda detectives más o menos creíbles, desde Los Ángeles de Charlie a Miss Marple, desde Sherlock Holmes a el Halcón Maltés. Podríamos seguir dando nombres y títulos, pero no hace falta. De muestra vale un botón.

                En nuestro teatro, y especialmente en la jurisdicción penal, la investigación es la clave de todo. Lo que no está tan claro, sobre todo a partir de la reforma que cambió el nombre de imputado por el de investigado. Porque de las películas a la realidad hay un mundo.

                Lo primero que hay que aclarar, para quienes no acostumbren a frecuentar Toguilandia y sí las pantallas de cine y televisión, es que la investigación de campo, la que se ve en las películas, queda fuera de nuestra competencia. Jueces y fiscales trabajamos desde nuestros despachos y, aunque la ficción gusta mucho de sacarnos de allí y enviarnos a buscar pruebas por nuestra cuenta, eso no sucede en España- Y no porque seamos gandules, sino porque no nos toca. Lo llamen como lo llamen.

                En realidad, en nuestro escenario, la función de investigar fuera de los juzgados se lleva a cabo por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, eso sí, bajo las órdenes de judicatura y fiscalía. Nuestra labor empieza después, en los despachos. Por un lado, garantizando la constitucionalidad de las pruebas, en esas entradas y registros en cuya realización el LAJ es el absoluto protagonistas, como lo es del cotejo de los mensajes tras una autorización de intervención telefónica. Por otro, dando impulso al procedimiento, acordando qué es lo que corresponde hacer en cada caso, y cuando está concluida la tarea y corresponde pasar de una fase procesal a otra. Y, excepcionalmente, acordando la prórroga cuando en el plazo previsto no es previsible finalizar. Así, grosso modo -y no a Mato Groso, como me dijeron una vez- queda delimitada la primera fase, que en Derecho procesal llamamos instrucción y que acaba -o acababa- con la imputación- A partir de ahí se desarrolla la fase intermedia, que, aunque no siempre está muy definida, termina con la fase de enjuiciamiento, o sea, el juicio.

                La cuestión es que la terminología jurídica, como decimos muchas veces, no siempre coincide con la gramatical y, a veces, lo que hace es liarlo más. Ese fue el caso de la reforma que cambió el término “imputado” por el de “investigado” que, aun cuando tenía detrás unas motivaciones más bien ajenas a lo jurídico y relacionadas con los políticos implicados en casusas judiciales -mayormente de corrupción-, contribuyeron a agrandar el embrollo, cuando no a crearlo directamente.

                Así, si la instrucción se correspondía con la fase de investigación judicial, cuando se le recibe declaración a una persona como sospechoso o presunto culpable, llamarlo “investigado” es confuso. ¿Es que hasta entonces no se le investigaba? ¿Y, si no se le ha investigado, como se ha llegado a la conclusión de que procede tomarle declaración en tal concepto? ¿Se lo toma declaración como investigado para decirle que se le va a investigar? En fin, que yo sigo creyendo que lo de “imputado” era mucho más claro. De hecho, se sigue hablando por lo bajini de imputados e imputadas -que también hay, pero menos-. Pero igual son cosas mías.

                Para acabarlo de arreglar, nadie pensó -y, si lo pensó, Le importó un pimiento- el lío que podría suponer respecto de las diligencias preprocesales de fiscalía que se llaman, precisamente, diligencias de investigación penal -DIP para los amigos, para distinguirlos de las DP o Diligencias Previas de los Juzgados-. Así que un señor, puede venir a declarar como investigado por la fiscalía, para luego pasar al juzgado, donde, paradójicamente, se le recibe declaración como investigado para decirle que a partir de ahí se le va a investigar. Difícil de explicar ¿no?

                En cualquier caso, lo que ha de quedar claro es que nuestra labor es estrictamente jurídica y que, aunque a veces nos quitamos la toga para asistir a diligencias como un levantamiento de cadáver, no somos los encargados de localizar el cadáver en cuestión. Ni de detener al presunto asesino, aunque lo que sí podemos es acordar su detención. Pero tampoco esposamos a nadie mientras le leemos los derechos. N les decimos eso de que “todo lo que diga puede ser utilizado en su contra” porque eso no es propio de nuestro Derecho, aunque quede muy chulo en las películas.

                Y hasta aquí, el estreno de hoy. Espero que haya quedado un poco más clara cuál es nuestra intervención en la investigación y en qué consiste- Si es así, espero haberme ganado el aplauso. De lo contrario, podéis tirar tomates. Pero que no estén muy verdes, por favor.

Bloqueo: sanseacabó


              Hay varias maneras de reaccionar ante algo que no nos gusta. O de no reaccionar, que también es un modo de hacerlo. Y, cuando no reaccionamos, es porque sufrimos un Bloqueo, término que ya dio nombre a una película en 1938. Poco podrían imaginar sus protagonistas de entonces las nuevas acepciones de esa palabra.

              En nuestro teatro, el bloqueo existe en sus diferentes acepciones. Aunque a veces ni siquiera nos demos cuenta.

              En primer término, todo el mundo en Toguilandia hemos sentido alguna vez lo que es padecer un bloqueo. De repente, las palabras se quedan atascadas en nuestras cabezas y se niegan a salir a la superficie o, lo que es lo mismo, no nos salen por más que nos esforcemos. Cualquiera que haya estudiado se ha encontrado con una situación de ese tipo, en la que, por más que nos hayamos preparado, nos quedamos en blanco. Y pobres de nosotras si eso nos ocurre en la oposición, porque un bloqueo en ese momento es una oportunidad perdida y, en el mejor de los casos, un año más hasta poder aprobar. Poca broma.

              Pero las posibilidades de sufrir un bloqueo no se acaban ahí. Están siempre presentes, y cada vez que tenemos un juicio importante, aparecen los nervios () que, si no se controlan, pueden dar con todo nuestro trabajo al traste. Son esas veces en las que se nos va el santo al cielo como ya contamos en otro estreno. Y no solo hay que tratar de evitarlo, sino que, si pasa, hay que estar preparada para salir adelante. Como esas veces en que aparece un testigo del que no sabíamos nada y empezamos con “¿Recuerda usted lo que pasó?’”, cruzando los dedos para que no solo lo recuerde, sino que nos lo recuerde a quienes estamos ahí, con la toga in albis.

              No obstante, hay otras acepciones de bloqueo, especialmente en nuestro mundo actual de redes sociales y amistades virtuales. Según el diccionario de la RAE, el bloqueo es sinónimo de una obstrucción o atasco, y también lo es de aislamiento, cerco, o sito. De modo que, combinando ambos, nos encontramos que bloquear a alguien es obstruirle, impedirle hacer algo para dejarle, finalmente, aislado.

              Si lo trasponemos esto al mundo digital, nos encontramos un concepto cada vez más fr4ecuente de bloqueo, el que tiene lugar cuando se impide a alguien acceder a nuestro teléfono o a nuestra cuenta de una determinada red social. Se puede bloquear en Whatsapp, y también en redes sociales como Twitter (hoy X), Facebook o Instagram, y se impide al bloqueado ver ninguna información de quien le ha bloqueado ni poderle contestar. Pero, cabe preguntarse ¿es conveniente bloquear a alguien que nos está acosando? La respuesta podría ser muy clara, pero en realidad no lo es tanto. Porque a veces las cosas no son lo que parecen.

              A lo largo de mi experiencia -ya, bastante considerable- en Toguilandia, me he encontrado con una pregunta recurrente por parte de alguno de los intervinientes en el juicio, en la declaración o en el acto de que se trate ¿Y usted bloqueó al investigado? O, más directa aun, ¿por qué no le bloqueó?

              Pues, como decía, las cosas no son tan sencillas. Cuidado con esos bloqueos, que son lo que nos pide el cuerpo en cuanto alguien nos molesta, porque en realidad lo único que conseguimos con ello es cerrar los ojos, para hacer realidad eso de “ojos que no ven, corazón que no siente”, pero eso no supone que la persona deje de insultarnos, aunque ya no pueda contactarnos, sino que no lo veremos. Y no es que la curiosidad mató al gato, sino que hay que estar prevenida. La información es el poder, como reza un conocido dicho.

              Pero aun hay más. Si bloqueamos podemos estar cargándonos la prueba. O la posibilidad de obtenerla, y a se sabe que en Derecho Penal sin prueba no vamos a ningún sitio. Tampoco puede reprocharnos nadie el que no lo hagamos hecho, aunque alguna vez se haya insinuado algo parecido. Nunca se pude culpar a la víctima.

              Por supuesto, aquí no hay fórmulas mágicas, ni recetas imbatibles. Cuando la molestia de las llamadas o mensajes es absolutamente insoportable, hay que plantearse el bloqueo, no sin antes preservar todo lo que enviado hasta entonces en aras a la fase probatoria del juicio. Pero, si no es algo absolutamente insoportable, conviene guardar y dejar al malo que desbarre, que cuanto más lo haga, más fácil nos pone la condena. Verdad verdadera.

              Y hasta aquí el estreno de hoy. Espero que nadie se quede bloqueado a la hora del aplauso, que buena falta nos hace. Sobre todo, si hemos sufrido un bloqueo

Carta a los Reyes; esta sí que sí


                ¿Qué sería del mundo sin la ilusión de la Navidad? Se llamen Reyes Magos, o se tate de Papá Noel, las niñas y niños de todo el mundo esperan por estas fechas sus regalos, jurando y perjurando que se han portado bien. El mundo del cine se hace eco de ello, aunque es verdad que Los Reyes Magos pierden por goleada frente a Santa Claus en cuanto a protagonizar películas. Cosas de nuestra cultura audiovisual, que bebe más de fuentes anglosajonas que de otras. Pero, al fin y al cabo, el Espíritu de la Navidad es siempre el mismo.

                En nuestro teatro la Navidad se nota poco, salvo por la rebaja de los señalamientos y, desde hace un año, la “inhabilitación” de esos días que, con las vacaciones escolares, convertían la conciliación familiar en un deporte de alto riesgo

                Hoy, como cada año, en Con mi toga y mi tacones, que somos más fan de los Reyes Magos, les escribo mi carta. Y como es una carta toguitaconada, pediré las cosas que afectan a nuestro escenario, que de pedir la paz en el mundo ya se ocupa mucha más gente. Aunque, visto lo visto, con bien pobres resultados.

                Como no podía ser de otro modo, lo primero que hay que pedir es la renovación del Consejo General del Poder Judicial, que casi lleva más tiempo en funciones que el plazo para el que fue elegido. Y ya sé que no debería pedirse a los Reyes porque hay mecanismo establecido para ello, pero, como quiera que no hay manera de que del modo que tendría que ser natural no hay manera, tendremos que acudir al sobrenatural. Que ya sabemos que los Magos de Oriente todo lo pueden.

                Otra de las cosas que es necesario pedir es algo que no es directamente para Toguilandia, pero con la cual Toguilandia mejoraría y sobre todo descansaría. Y no es otra cosa que convencer a todo el mundo y, sobre todo, a la clase política, de que el Derecho Penal es de verdad la última ratio y no la primera. Es decir, que los asuntos no se solucionan yendo al juzgado a denunciarlo todo. Que, aunque parezca una perogrullada, lo que es delito es delito, y lo que no, no. Y usar la fiscalía o los juzgados como el comodín del público nos da más trabajo del que nos podemos permitir. Que ya tenemos bastante con lo que tenemos.

                Y hablando de lo que tenemos, habrá que hablar también de lo que no tenemos, que son tantas cosas que necesitaría varios tomos de la enciclopedia Espasa para detallarlo. Pero que nadie se asuste, que tengo una buena capacidad de síntesis, y podría resumir lo que necesitamos en una sola palabra: todo. O bien, emulando a Jesulín de Ubrique, podría expresar nuestras carencias en dos palabras_ Im presionante.

                Pero concretaré un poco más. Necesitamos más juzgados, con su magistrado o magistrada, su LAJ y sus funcionarios, más plazas de fiscalía, y una equitativa distribución de unas y otras. También necesitamos la mejora de algunas sedes que las hay que están que se caen a pedazos. Y, ya puestos, darle una repensada a la planta judicial que hay algunas cosas, sobre todo en cuanto a la reciente comarcalización de los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, que claman al cielo.

                Y, por supuestísimo, pedimos a gritos la implantación racional de las nuevas tecnologías, que cuando nos llegan a Justicia ya son vejas. La gente que no es habitual de nuestras funciones alucina, pero todavía usamos cosas como el fax, la valija, el telegrama o el correo certificado con acuse de recibo, ese famoso papelito rosa. Tan rosa como los de los mandamientos de devolución, otra antigualla. O los cuños, que son pieza esencial por estos lares. Lo crean o no. Pero he de insistir en que esas cosas se hagan racionalmente, que de podo sirve que se empeñen en que hagamos declaraciones por videoconferencia si luego las videoconferencias tardan una media de cuarenta minutos en conectarse. Y eso si se logra, que no es siempre.

                Al hilo de esto, no estaría de más pedir una nueva ley de enjuiciamiento criminal que la que tenemos ya se ha ganado más que de sobra la jubilación, que después de 130 años ya les vale. Ahora bien, eso hay que pedirlo con la boca pequeña, que el papel es muy sufrido, y no vayamos a encontrarnos que nos cambian todo y no nos dan medios para llevarlo a cabo.

                ¿Y por qué digo esto? Pues porque veo venir que cualquier día nos caiga la instrucción para el Ministerio Fiscal y no nos den ni plazas, ni medios materiales, ni funcionarios ni na de na. Y eso sí que no. A mí si los Reyes me traen la Instrucción me parece estupendo, que ya lo hacen así en toda Europa y no ha venido el Apocalipsis, pero con las reformas que hagan falta, medios y dignidad. Porque si no es así sí que se nos caerá la justicia a pedazos.

                Y hasta aquí mi carta. No he pedido posits ni bolis como otros años, pero no porque tenga, sino porque ya he desistido y me los compro en el Todo a cien.

                Solo me queda el aplauso. Y ese será esta vez para Sus Majestades… pero cuando veamos si cumplen, que nos tienen muy abandonaditos

                Y, por supuesto, la ovación extra para @madebycarol, que me ha cedido una vez más su ilustración

Deformación profesional: Derecho a cachitos


              A veces estamos tan acostumbradas a ver unas cosas, que todo lo pasamos por ese filtro. Como Billy Elliot, que veía ballet donde debía de haber visto boxeo, o el protagonista de El club de los poetas muertos, que en cualquier cosa encontraba una razón para enseñar a sus alumnos. Y es que las cosas cambian según el prisma desde el que se miren.

              En nuestro teatro somos especialmente proclives a ver Derecho en todas partes. Y buena muestra de ello la tuve la pasada Nochevieja, en que, viendo y comentando un programa de televisión con una amiga -cada una desde un punto de España diferente- acabamos viendo cuestiones judiciales por todas partes.

              El programa era Cachitos, y no es la primera vez que dedicamos un estreno toguitaconado a un programa de televisión. Ya lo hicimos con Masterchef o Maestros de la costura, y también con las series en general, y hoy le toca a Cachitos Nochevieja. Así que vamos a ello.

              Mi amiga y yo no tardamos en encontrar reminiscencias jurídicas en algunos de los rótulos -a mi me gusta más llamarlos “cartelitos”- y pronto las veíamos a diestro y siniestro. Por supuesto, lo primero que llamó mi atención fue la referencia a la Fiscalía. Respecto del Dúo Dinámico, comentaban, con razón, que su repertorio -15 años, Lolita, Muy joven para amar- “debería tener una carpeta propia en la Fiscalía”. Al Derecho de menores se hacía referencia también al hilo de una actuación de Marta Sánchez rodeada de niñas y niños, donde decía “el Dejad que los niños se acerquen a mí, según el defensor del pueblo, tiene sus riesgos”.  Y ojo, que el tema seguía, y la alusión al Defensor del pueblo también, esta vez con Georgie Dan y los ocultos -o no tanto- mensajes sexuales de sus aparentemente inocentes temas. Y es que, además de Derecho de Menores, está claro que a los guionistas les gusta el Derecho Constitucional

               Y no era la única referencia, aunque fuera implícita a la fiscalía. ¿O no era claramente una alusión a nuestra función acusadora la reproducción de la canción de los Hombres G Has sido tú? El dedo acusador nunca falta. Aunque Luis Miguel se empeñe en buscar otros culpables, por tontos que parezcan, como la noche, la playa o la lluvia. Pero las pruebas son las pruebas. Por eso rotularon respecto a los éxitos de Maná “No hay más preguntas, Señoría”.

              Y siguiendo con los delitos sexuales, referencias a mansalva. Desde María Jiménez, cuyo “Se acabó” -precedente del #MeToo- se erigió en un lema muchos años después, hasta la razón del uso de dicho lema, lo que rimaron refiriéndose al año 2023 como “el año en que adoramos a Vico y aborrecimos un pico”. Hasta la Ley del sí es sí tuvo su espacio, cuando dice de una actuación de cantante en solitario “este video pertenece a la época en que los piropos no estaban mal vito y los coreógrafos se morían de hambre”. Genial.

              No eran los únicos cartelitos donde veíamos delitos contra la libertad sexual. Porque ¿no podía ser un delito de grooming lo que decía de “Santa Lucía”, que “igual es un perfil de Tinder falso”. Y muy claro lo que comentan de un tema de Ketama “Cuando llegas de borrachera, hay dos opciones: no acostarte o escribirle a tu ex. Eligieron la correcta” Y tanto que sí.

              Aunque quizás lo que más me llamó la atención -para bien- fue la firme apuesta contra la Violencia de género. A propósito de un tema de Tom Jones, Delilah, decía el cartelito que pese a emplear un tono romántico, cuenta un asesinato machista. A continuación, recuerda a las 55 mujeres muestras por violencia de género este año y recuerda la necesidad de romper el silencio. Chapeau

              Hasta los autos de alejamiento y su quebrantamiento podrían tener una alusión velada con e tema de Ladilla rusa “A un metro y medio de ti” ¿O soy yo, que estoy obsesionada?

              También los delitos relacionados con derechos fundamentales tuvieron su espacio. El derecho a la intimidad, cuando decía que los Secretos no son tan Secretos desde lo de Pegasus. Y, desde luego, el derecho a la libertad de expresión y la condena de la censura con un cartelito en la actuación de Amaral que lo decía todo sin expresar una sola letra: solo el símbolo de los pechos.

              Otros temas penales que vimos con claridad fueron los delitos de odio, cuando en un vídeo de Barrio se habla, irónicamente a un barrio sin gentrificar; los delitos de daños, al reproducir un tema que decía “voy a pintar las paredes con tu nombre, mi amor” -también rayano en las coacciones o el acoso- o la agravante de disfraz cuando, a cuento de una actuación de Natalia Lafourcade, describe su maquillaje como “la finísima línea entre el maquillaje y la tanatopraxia”. Sin comentarios.

              Faltaba por citar una alusión directa a la rebelión, en un tema de Alejandro Sanz, y a la intoxicación plena e incluso el tráfico de estupefacientes, con un título tan poco sutil como Mescalina mi amor. Y, por descontado, al delito fiscal, cuando se habla de la declaración de la renta de Shakira, o de “cuando crees que no te ven” con Alejandro Sanz, cuando todo el mundo sabemos que Hacienda acaba enterándose de todo.

              El Derecho Internacional también estuvo presente cuando se comentó que ojalá la única guerra que tuviéramos fuera el apellido de Juan Luis, el cantante que buscaba visa para un sueño, o cuando se dice “hagamos el amor y no bombardeemos niños”. Derecho de gentes puro y duro.

              Y, como digo siempre, no solo de Derecho Penal vive el jurista. El Derecho laboral estuvo presente con relación al cantante Manolo Escobar del que, al interpretar el famoso “Chiquilla”, se habla de su apoyo a la Seguridad Social, o con Carmen Sevilla, de la que se decía que era la única artista que se puso años, lo que hizo para poder sindicarse.

              El Derecho Administrativo vino representado en Cecilia y su “Mi querida España”, en que, con un mapa con la división en provincias, se comenta que solo queda eso, la división. También hay, cómo no, alusión al uso de las lenguas cooficiales con un tema de Andrés Do Barro y otra de un grupo de folklore vasco. Y también hay Memoria histórica, referida en este caso a grupo Mecano.

              Para acabar, una clara referencia, a mi entender, a la equidad.  ¿O no es eso cuando se dice que “El del medio de los Chichos ya solo aparece en Cachitos: en un país de extremos no queda nadie al centro”? Pues con eso me quedo.

              Así que solo falta el aplauso. Y esta vez, no puede ser para nadie que no sea mi amiga y, por descontado, los guionistas del programa. Espero estar a la altura.

Adiós 2023: hola 2024


              Como cada año, toca el momento de hacer balance de lo que nos dio el año. Como en el cine hicieron Tú y yo, Cuando Harry encontró a Sally, pasaremos nuestra Noche de Fin de año despidiendo al que se va y dando la bienvenida al que llega. Es lo que toca.

              En nuestro teatro no se suele hacer balance a estas alturas, porque el año judicial, como el año escolar, empieza después del verano y acaba cuando los calores son insoportables. Aunque lo que sí sufrimos tanto en el fin del año judicial como en el fin del año natural, es ese síndrome del fin del mundo por el cual los expedientes inician una suerte de viaje de una a otra mesa porque nadie quiere que le pille el fin de año con causas pendientes. Cosas de Toguilandia.

              Pero hoy, como ya viene siendo costumbre en Con mi toga y mis tacones, dedicaremos esta función a dar un repaso a todas las cosas buenas que me ha reglado este año. O a casi todas, que seguro que algo se me pasa.

              El año 2023 empezaba bien. Todavía estaba recién estrenado cuando me llegaba la noticia de que era finalista del concurso de cuentos falleros de la Revista el Turista Fallero. Mi relato “Diferent”, escrito en valenciano, merecía la consideración del jurado hasta quedarse entre los mejores. Aunque el premio no fue para mí, no pierdo la esperanza de que lo sea este año.

              En el mes de febrero un precioso acto culminaba algo que conocía desde hacía unos meses: la concesión de la medalla de la policía local de l’Alcudia, un pueblo de Valencia al que no puedo estar más agradecida. Es un honor haber sido distinguida con tal condecoración.

              Continuaba el año con la entrega de los premios literarios de teatre en valencià que otorga Junta Central Fallera, de los cuales había resultado finalista en dos categorías. La concesión del tercer premio de microteatre y del tercer premio de Apropòsit infantil me llenó de gozo, aunque no me importaría mejorarlo. A ver si este año se puede.

              Y llegó marzo, con su Día de la Mujer, sus Fallas, y todas sus cosas buenas. Y no defraudó. Este año tuve el inmenso honor de que la ONCE en Valencia me considerara una mujer tan destacada como para hacerme entrega del original de su cupón del 8 de marzo, que guardo como oro en paño.

              Y, con los primeros petardos de las Fallas, asistí a la presentación del Llibret de la Falla Na Jordana, una de las más conocidas de Valencia por su actividad cultural, en el que contribuí con un cuento infantil llamado “Les lletres de Carla” que según me dijeron, les encantó. Y yo, claro está, encantada de colaborar.

              Cuando aun no había acabado el mes de marzo, una de mis criaturas veía la luz. Se trataba de El coche de bomberos , un cuento infantil que utiliza el símil de un coche de bomberos para hablar de niñas, niños e igualdad. Mi noveno libro, que pronto tendría más hermanitos.

              En efecto, el mes siguiente, en plena feria del libro, presentaba otra de mis nuevas criaturas, Bessones , mi primera novela para adultos en valenciano. Y, tras la repercusión que ha tenido, espero que no sea la última. La portada, como las ilustraciones del cuento fallero y del Coche de bomberos, han sido obra de madebycarol, mi ilustradora de cabecera y querida amiga. Gracias por secundar mis locuras.

              Y por supuesto, la temporada de concursos de microrrelatos no podía faltar. Por el día de las Bibliotecas, en el concurso organizado por la biblioteca de Massamagrell, mi microrrelato “Para siempre”, dedicado a Anna Frank, fuer ganador del primer premio. Y, después, en Sagunto, mi microrrelato “Boquerones en vinagre” fuer merecedor del tercer premio. Ambos están incluidos en la pestaña de Microrrelatos de este toguitaconado blog.

              Ya después del verano, una nueva alegría me inundaba de ilusión, de esa ilusión de todos los días que es la característica de la ONCE, que me distinguía con el premio Solidaridad en la categoría de persona destacada. Fue una alegría y un honor inmenso, recibido, además, en un acto precioso que nunca olvidaré. Soy muy afortunada.

              El mes de octubre también me tenía reservada una bonita sorpresa. En la celebración que el Consell Valencià de Cultura hace el día de las Escritoras, fui una de las escritoras escogidas para homenajear a otras escritoras. En mi caso, además, era muy especial para mi la escritora a la que me correspondió homenajear, Santa Teresa de Jesús, ya que, después de quince años estudiando en las teresianas, no podían hacer escogido mejor. Fue un acto maravilloso, en el que la igualdad y la cultura se daban la mano.

              Y el mes de noviembre, con todos los actos dedicados al Día contra la Violencia de Género, me hacía un regalo inolvidable. La Compañía Mujeres en construcción, de la que forma parte mi hija como coreógrafa y bailarina, recibía en premio Igualdad de la Unión de Trabajadores de la ONCE. Un premio en el que yo misma, como escritora de los textos, también tuve participación. Es una experiencia inigualable la de recibir un premio junto a mi hija. Lo aseguro.

              El último mes del año también tenía una agradable noticia, la de encontrarme incluida en la lista de las 25 mujeres más influyentes de nuestro país. Y nada menos que en el noveno puesto. ¿Se puede pedir más?

              Y como no todo es trabajar, ni siquiera escribir, el año ha venido coronado por esa otra pasión mía, el baile. En ballet y contemporáneo, además de varias actuaciones, fui distinguida junto con mis compañeras con el premio revelación del certamen Mediterráneo. Y en dansà y bailes regionales, cada día disfruto más, castañuelas incluidas. Que no se diga

              Y hasta aquí este repaso al año. El que viene, más y mejor, que ya hay varios proyectos en camino de los que no hablaré por no adelantar acontecimientos. Y concluyo con el aplauso, como siempre. Que dedico esta vez a todas las personas que, de uno u otro modo, me siguen, me leen o ambas cosas. Muchas gracias de nuevo y feliz 2024

LoteríaDeLaMadrina: Hagan juego


              El juego siempre paree tener connotaciones negativas. Y el cine y la literatura han contribuido a ello con obras como El jugador, Living las Vegas y, en el extremo opuesto, cintas como Los Bingueros. Y es que el azar nunca ha tenido demasiado buena fama.

              En nuestro teatro, los juegos de azar tienen su espacio, que más de una vez ha dado lugar a pleitos de importancia. Amigos o familia que rompen sus vínculos más estrechos para convertirse en enemigos acérrimos por culpa de un premio compartido a la lotería o a cualquier otro juego.

              Todavía recuerdo, cuando era muy pequeña y ni siquiera soñaba con mi toga y mis tacones, que mi padre celebraba una gran victoria como profesional. Había ganado el primer juicio en el que se reconocía el derecho de cobrar parte del premio de un bingo acumulado a la compañera de mesa con la que la afortunada compartía cartones. Mi padre estaba tan contento con aquello que hicimos una celebración por todo lo alto, aunque más aun lo estaba la clienta en cuestión que fue quien, al fin y al cabo, proporcionó el jamón con el que festejamos la victoria. Así que no todo lo que se relaciona con el juego ha de ser malo.

              Pero hay veces en que el juego no solo no es malo, sino que es bueno. Muy bueno, para ser exacta. Y, aunque haya quien ya se imagine de qué voy a hablar, que llegadas estas fechas y conociéndome pudiera ser, lo explicaré de nuevo. Porque la ocasión lo merece.

              La lotería de la madrina es una lotería especial, tan especial que siempre se gana con ella, aunque no toque. ¿Y cómo puede ser eso? Pues muy sencillo. Porque esta lotería no solo es un juego de azar, sino mucho más. Es la punta del iceberg de una inmensa obra social que nació tras el fallecimiento de la que fuera la primera fiscal de sala de Violencia de Género, Soledad Cazorla . Según ella dispuso se creó un Fondo de becas destinadas a sufragar la educación de aquellos niños y niñas que perdieron a su madre en un asesinato machista. Una gran necesidad de la que se habla poco.

              Imaginemos por un momento lo terrible que debe ser quedarse en una situación de orfandad por esta razón. Es difícil, pero tratemos de ponernos en la piel de estas niñas y niños. Y pensemos que, además de lo duro que debe ser vivir con esto toda la vida, deben enfrentarse a que su vida y sus rutinas se den la vuelta como un calcetín. Con una madre muerta y un padre en la cárcel, por ejemplo, las expectativas de estudiar una carrera, o un máster, o cualquier otra cosa, se esfuman. En muchos casos, además, al dolor hay sumar los problemas económicos. Y hay quien no ha tenido otro remedio que dejar los estudios y trabajar en lo que salga. Sobre todo, si hay otros hermanos a los que sacar adelante.

              Así que esta pandemia terrible que es la violencia de género suma a su reguero de dolor y muerte otras consecuencias más desconocidas. Todos esos niños y niñas que nunca llegarán a ser lo que podrían haber sido si la violencia machista no se hubiera cruzado en sus vidas. El mundo podría haber perdido a científicos notables, a médicas, arquitectas, deportistas o artistas de cualquier clase. Podrían ser muchos los descubrimientos que no se hubieran hecho y las obras que no se hubieran creado. Y nunca llegaríamos a saberlo.

              Y aquí es donde entra ese juego del que venía a hablar hoy, la lotería de la madrina. Con este juego lo que se sufragan son becas para esas criaturas cuyas vidas quedaron truncadas por la violencia de género. No podemos quitarles el dolor, pero sí podemos conseguir que sigan estudiando, y lleguen a ser lo que hubieran querido ser si sus madres no hubieran sido asesinadas. Y el mundo no se quedará sin sus descubrimientos ni sus obras. Así de sencillo y así de importante.

              Por eso decía al principio que en este juego se gana, aunque no toque. Porque el fin merece la pena. Sin duda.

              Ahora solo me queda el aplauso. Y, aunque lo daré a cualquiera que compre de esta lotería maravillosa de la que tengo el honor, un año más, de ser madrina, será todavía más grande si el número elegido es el mío. Con solo hacer clic, ya es nuestro. Pero dejo el enlace aquí abajo por si acaso. Que lo que abunda no daña

https://www.playloterias.com/la-loteria-de-la-madrina-susana-gisbert?s=08