Lo jurídico: Derecho más allá de Códigos


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El mundo del Derecho, las leyes o los tribunales son un auténtico filón para el mundo del espectáculo. No hay más que mirar cualquier lista de películas y encontraremos títulos como Delitos y faltas, Crimen y castigo, El juez, Testigo de cargo, Acción civil, Coacción a un jurado, Veredicto final y otras muchas, más todavía si tenemos en cuenta las que abordan este tema aunque no se refieran a él en su título. Obviamente, no se pueden considerar “películas jurídicas” -si así fuera, dudo que tuvieran algún éxito- pero sí son películas que tratan de Derecho, y que han contribuido a cimentar cierta cultura -y a veces, incultura- jurídica, y a despertar más de una vocación.

Tal vez alguien se esté preguntando a qué viene esto. Y tal vez también haya más de un y una que ya lo haya adivinado. De qué se pude considerar Derecho, y qué no y, por qué no decirlo, quién reparte los carnets de “contenido jurídico”.

Estas reflexiones toguitaconadas – que no sé si jurídicas- viene al hilo de algo que sucedió no hace mucho. Se publicaba un ranking de cuentas de twitter jurídicas. Al hilo de ello, alguien preguntó en la red del pajarito azul qué criterios seguían, porque le extrañaba que varias cuentas ni hubieran sido incluidas, entre ellas, la de esta fiscalita que, como mucha gente sabe, tuitea con el usuario @gisb_sus -aunque huelgue decirlo, primeras letras de mi apellido y nombre-, perfectamente identificada. Seguro que hay quien piensa que este estreno tiene por causa mi rencor por lo estar entre los elegidos en la lista de 154 cuentas. Y, aunque crean que se trata de una Vendetta, al Código Penal pongo por testigo de que no es así. Lo hago porque la explicación, dada en abierto, con expresa referencia a mi cuenta, me molestó profundamente, he de reconocerlo. Y, pasado el calentón, me invitó a la reflexión.

Tal explicación era que la cuenta en cuestión -la mía- tenía un bajo porcentaje de post jurídicos. Y claro, al leer eso, repasé mi TL por si en algún momento me he dedicado a tuitear sobre macramé, recetas de cocina, flolklore de Kazajistán o la cría del calamar salvaje. Y no. De momento no me ha dado por ahí, aunque nunca se sabe. Así que desgrané lo dicho, analizando con lo que yo creía que era técnica jurídica y ahora no sé que es.

Vayamos por partes. Lo del bajo porcentaje no podía referirse a la cantidad. Teniendo en cuenta que enlazo todos los post de este blog -que publica desde hace más de cuatro años dos veces por semana, llueva o haga sol, esté trabajando o de vacaciones-, que escribo varios artículos a la semana sobre temas de Derecho y que a diario -también llueva o haga sol, esté trabajando o de vacaciones- fijo en mi perfil un tuit contra la violencia de género, además de otros muchos, no se trataba de una cuestión de cantidad. Tendría que referirse entonces a la calidad. Y “no jurídicos” era el veredicto inapelable.

Y ahí es donde empiezo la reflexión. No voy a esconder que hablo con frecuencia de temas de igualdad y violencia de género, además de otros como homofobia o discriminación de cualquier tipo, y me suelo quejar -ojalá no tuviera motivos- de la falta de medios en la Administración de Justicia. También, como de vez en cuando hay que arrimar el ascua a mi sardina, reivindico la figura del Ministerio Fiscal, en la que llevo ya más de veinticinco años. Eso sí, no incluyo entre mis temas habituales la servidumbre de luces y vistas -con su reja remetida y todo- , la usucapión secundum tabulas, la accesión por comixtión ni el censo a primeras cepas, aunque alguna vez me he referido a ellos. Hay gente que sin duda sabe mucho más que yo de eso, así que zapatero a tus zapatos.

Y aquí enlazo la pregunta. ¿Qué es Derecho?, digo mientras pongo mis pupilas en el pajarito azul. Y me doy a mí misma varias posibles respuestas. Puede hacer referencia a todo aquello que viene en Códigos, leyes y jurisprudencia, y nada más que eso. Puede también referirse a la aplicación de esas leyes, Códigos y jurisprudencia. O puede, en tercer lugar, abarcar lo que se refiera a la aplicación de las normas a nuestra vida, que es, al fin y al cabo para lo que fueron creadas. Confieso que soy más de la tercera vía, aunque, después de pensarlo mucho, no me disgustan tampoco las anteriores.

Si nos referimos al Derecho como lo que está en las leyes, no deberíamos circunscribirlo a instituciones jurídicas de nombres rimbombantes y a sus no menos rimbombantes interpretaciones. Incluiría también algo tan básico como los Derechos Humanos, la igualdad entre ellos. Así que toda acción encaminada a denunciar la discriminación debería tildarse como jurídica. No obstante, hay quien considera que cosas como la Violencia de Género o los Menores son poco menos que un derecho menor, para lo cual no hace falta estudiar gruesos tratados. Y quienes nos dedicamos a ello somos juristas de segunda división, si lo somos, algo que oigo incluso de quienes llevan toga. Cuando crearon los juzgados especiales, escuché llamarlos en tono jocoso “juzgados Ausonia”, solo para mujeres. Y no es cosa nueva, ni de broma. Ya la ley de 1961 que regulaba paradójicamente la igualdad para el acceso a determinadas profesiones, excluía a las mujeres de algunas como las fuerzas armadas o la judicatura o la fiscalía, aunque establecía la excepción de la excepción en los tribunales tutelares de menores o la jurisdicción de Derecho del Trabajo, porque esas si eran adecuadas a nuestra sensibilidad, como si se tratara de algo regido por la sensiblería y no por las leyes. Incluso se volvía a utilizar este argumento en la ley de 1966 que nos franqueó por fin la entrada a esas profesiones, explicando que no se nos habían vetado por nuestra incapacidad de estudio, sino por nuestra especial y distinta sensibilidad. O sea, un derecho de segunda división. O de tercera regional, si me apuran. Sé que alguien se puede llevar una sorpresa, pero después de esto vino la Constitución, la ley de leyes, que regula la igualdad entre los derechos fundamentales. Y también la ley orgánica del poder judicial, que establece las jurisdicciones propias de estas materias, a la que añade la de Violencia sobre la mujer, que nadie se planteaba como un problema en los años a que aludo. Así que, por más vueltas que le doy, eso sí es Derecho, Y hablar de ello y defenderlo también debiera verse así.

Mutatis mutandi -yo también sé usar latinajos – llegamos a la segunda vía, para la que me sirven los mismos argumentos que respecto a la primera. Seguimos en el mundo del Derecho, ese que yo llamo muchas veces Toguilandia.

Pero la que más me gusta es la tercera, la que hace referencia a la aplicación del Derecho a nuestra vida diaria, que fue para lo que fue creado. No está de más recordar que la Constitución también dice que la justicia emana del pueblo. Y que mal puede entenderla el pueblo si no se la explicamos., con un lenguaje accesible y cercano. ¿Y por qué no? Con ejemplos y anécdotas, que por reírse un poco no ha explosionado ninguna toga que yo sepa.

Y, viniéndome arriba, se me ocurre un argumento extra. Si continuamente nos quejamos de que en tertulias televisadas se pontifica sobre Derecho por parte de quienes no tienen ni idea ni formación, por qué quitar el carnet de “jurídico” a quienes lo hacemos bajándonos de estrados. Me he referido a temas que trato habitualmente, como igualdad y violencia de género, pero lo mismo me valdría para otros como medio ambiente, menores o discapacidad. Y también a la corrupción, que, lamentablemente, es un delito que no solo puebla los códigos y publicaciones jurídicas, sino que habita en las páginas de política, en las de sociedad y hasta en las de corazón de cualquier periódico. Por supuesto, todo esto son Derecho.

Así que, aun a riesgo de haberme enrollado demasiado con este estreno “no jurídico”, reivindico el Derecho para todos. Y mi aplauso va para quienes lo hacen posible y que me enseñan cada día con toga y sin toga, en juzgados y en redes. Espero haber aprendido mucho, y seguir haciéndolo. Tanto de usufructos legales o anotaciones preventivas como de Derechos Humanos.

PD Todavía soy capaz de repetir la definición en latín de usufructo, de contrato, de ley según Santo Tomás y San Agustín y unas cuantas más. Igual con eso sí me ganaría el carnet, pero no creo que añadiera nada a lo dicho. Prefiero seguir con la L de jurista novel.

 

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