Trianiversario: la vida sigue igual


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Cumplir años siempre es un motivo de celebración. Lo hacen en el mundo del espectáculo cada vez que la ocasión lo propicia, y en nuestro teatro no íbamos a ser menos. En particular, en este pequeño escenario que, entre togas y tacones, ya cumple tres añitos.  Son ya 3 años, más de 300 estrenos y más de 225.000 visitas, nada menos. Y toca fiesta, aunque a veces el cuerpo no esté para celebraciones pero, aunque sea por un día, pelillos a la mar. Y entonemos nuestro himno: arriba las togas.

Pero, aún con las togas bien subidas, y los tacones bien calzados, nunca viene mal hacer un repasito a todo lo que se ha paseado por nuestras tablas en este tiempo. Y si la criatura realmente ha crecido y ha cambiado desde los pañales a la guardería, como corresponde.

A lo tonto a lo tanto, ya vamos por nuestro tercer cumple. Y como hicimos en el primero y en el segundo, vamos a colocarnos los gorritos virtuales, las guirnaldas y el matasuegras para celebrarlo como corresponde. Y veremos al final si recibimos regalos, o pasamos la mano por la pared, algo que ya se ha venido convirtiendo en costumbre tal como está el patio. Aunque no nos hagamos ilusiones que no pasaremos de bocatas de choped y unos refrescos de marca blanca. Y eso si llega.

En todo este tiempo hemos visto de todo. A los personajes, desde actores y actrices principales a los de reparto, a los escenarios, desde los exteriores a la trastienda y a todo tipo de argumentos, sentimientos, especialidades y circunstancias varias que se desarrollan en nuestro universo. Del asco a los abrazos, de los lazos personales a las frías sedes, hemos paseado con mi toga y mis tacones poniéndonos las gafas  que toquen en cada ocasión. Y compartiendo miles de vivencias, de anécdotas y hasta de esa continua sensación de cabreo con cada ocurrencia del legislador y cada una de las múltiples carencias nuestras de cada día.

Pero no seamos pesimistas, que hoy se supone que es día de fiesta, y pensemos si seguimos siendo Tal como éramos, si La vida sigue igual o si continuamos en nuestro eterno trayecto de Regreso al futuro.

  ¿Hemos avanzado en algo?. Pues tal vez sí, aunque mucho menos de los que deberíamos. En materia de igualdad seguimos peleando por ser cada vez más iguales, aunque en este tiempo hemos asistido al advenimiento de la primera mujer designada Fiscal General del estado –por más que con un mandato más bien corto-, y también la primera mujer magistrada de la Sala de lo penal del Tribunal Supremo. Seguimos, sin embargo, con esa triste estadística de una sola mujer presidenta de Tribunal Superior de Justicia entre 17 varones, así que un pasito de pulga cuando tendríamos que haber dado uno de gigante. Y, lamentablemente, la mayor y más dolorosa muestra de la desigualdad, la terrible violencia de género, sigue azotándonos día a día y, a pesar de que se redujo el pasado año la cifra de mujeres asesinadas, parece que este 2017 va camino de alcanzar cifras de los años más duros. Ojala no se cumplan las previsiones y el ritmo se paralice a la voz de ya. Pero, mientras tanto, el tan necesario pacto de estado sigue demorándose una vez y otra, sin que llegue a darse al tema la prioridad que merece. Ojala me equivoque aquí también, y se materialice de una vez.

También en este tiempo hemos visto evolucionar otros temas, como las odiadas tasas judiciales. Pasamos de una ley que las imponía a todo el mundo a, después de mucha lucha, que se derogaran para las personas físicas, mientras las ONG y las Pymes siguen sujetas a ellas, sin que parezca que tengan ninguna prisa por suprimirlas. Tal vez pase como ocurrió ya, que cuando entra a conocer el Tribunal Constitucional, ya había devenido ineficaz el recurso. Y es que no se pueden tardar cuatro años en decidir sobre nuestros derechos. Porque, como sabemos, justicia tardía no es justicia.

Y ahí si que no hemos avanzado ni un pelo. Más bien lo contrario. En todo este tiempo, no se han ampliado lo más mínimo las plazas de jueces y fiscales, ni se ha creado ni un solo juzgado, por mas que la litigiosidad haya seguido aumentando.

Tal vez para maquillarlo nos han obsequiado con un ramillete –o más bien un centro de mesa- de leyes que hacían necesario, en las postrimerías de la legislatura anterior –sin contar la fallida entre aquélla y la actual- un GPS para guiarse por el BOE. Unas leyes que, aunque no quitaban trabajo, presumían de ello. Cosas como la supresión de las faltas, el hecho de que no lleguen al juzgado las denuncias con autor desconocido y la tan denostada reducción de los plazos para instruir, que ahí siguen por más que todos los operadores jurídicos bramáramos contra ella. No han reducido el trabajo, pero si han disfrazado la estadística de modo que quienes las dictaron siguen sacando pecho como si con eso hubieran arreglado la Justicia.

Pero si algo nos ha angustiado, machacado y torturado en este tiempo es la tan cacareada digitalización, con el risible Papel 0 que ha supuesto un incremento del gasto en impresoras y papel, y ese engendro llamado Lexnet, que se aparece en las pesadillas de quienes vestimos toga con más frecuencia de la que debiera. Y aquí sí que la cosa sigue igual, nos digan lo que nos digan. O peor. Que aún me estoy riendo desde que leí que iban a Marruecos a explicar nuestro planazo. Lo que aún no sé es qué habrán hecho  los marroquíes para merecer eso. Igual pretenden instalar el servidor en la isla de Perejil, que seguro que tiene unas comunicaciones estupendas, que ríase usted de Sylicon Valley. Pero mejor no dar ideas, que nunca se sabe.

También hay que dedicar unas líneas a las sedes, que, como las plazas, siguen tal como estaban. O peor, porque lo que era viejo es tres años más viejo. Seguimos con sedes inaceptables, que no pasarían ni la más bienintencionada inspección, con sistemas de climatización que nos convierten en pingüinos o en habitantes del desierto del Sáhara según los casos, con cascotes, goteras y paredes que se sostienen de milagro y, lo peor de todo, con una carga de estrés que ha hecho lamentar más de una desgracia en edificios que, por descontado, carecen de desfibriladores ni de cosa que lo parezca.

Pero no todo va a ser triste y quejumbroso. Lo mejor de todo es que, entre tanta cochambre, todavía hay muchas personas que siguen dispuestas, como ahora, a celebrar un cumpleaños y hasta esbozar una sonrisa. Y a todas esas personas va hoy mi aplauso, miestras me siento ante mi tarta virtual a esperar mi regalo. Espero haberlo merecido.

Muchas gracias a quienes habeis estado durante estos tres años de toga y tacones. Y os espero por muchos más.

 

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2 pensamientos en “Trianiversario: la vida sigue igual

  1. Pingback: Despedidas: memoria y olvido     | Con mi toga y mis tacones

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