Cumpletogas feliz: #TaconesON


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Ayer hizo exactamente dos años que se alzó por vez primera el telón de nuestro Gran Teatro de la Justicia. Aunque parezca un tópico, parece que fue ayer cuando me asaltó a la cabeza esta idea que fue tomando forma y que ahora forma parte de mi vida de un modo que no me podía imaginar. El veneno de la escritura bloggera se me ha metido en la piel hasta debajo de las uñas, y he llegado a un grado de deformación toguitaconada que veo post allá donde quiera que estoy. En ocasiones veo post…y no soy la única.

De entonces a acá, han sido muchas las anécdotas relacionadas con los símbolos que son enseña de esta bitácora, hasta el punto que a veces parece que haya perdido hasta mi nombre para ser “la de la toga y los tacones”, como me han llamado más de una vez. Claro que tiene una ventaja. Para ir de incógnito, no he de hacer otra cosa que descalzarme o, a lo sumo, calzarme unas manoletinas o hasta unas zapatillas de deporte. Pero no lo verán sus ojos. Antes muerta que sencilla.

Así que para hacer un Flash Back como corresponde, me retrotraeré en el tiempo hasta el día del nacimiento de la criatura. Andaba yo publicando acá y allá, donde me daban cobijo y me picó el gusanillo bloggero, con más fuerza que el virus de Contagio. Gracias a Loreto Ochando y a Salvador Viada, que me cedieron generosamente su espacio y me prestaron unas alas que aún no les he devuelto. Ni pienso, vaya. La cuestión es que me entró la necesidad imperiosa de volar por mí misma, aparte de mis incursiones en algún que otro medio.

Y dicho y hecho. La idea apareció de pronto, cuando preparaba el informe previo de un Jurado. Una, que siempre ha querido ser artista, tuvo la ocurrencia de explicar a los miembros del jurado cómo se desarrollaría el juicio como si de una función de teatro se tratara. Una función en que ya estábamos los personajes, el decorado, el guión, el director, los decorados, el atrezzo y todo lo necesario. Una función a la que solo faltaba el final, el que escribirían ellos cuando dieran su Veredicto Final.

Y convertí esa idea en mi propio escenario. Estrenando en dos funciones semanales, que nunca han faltado desde el mismo día de la inauguración. Y que, mientras de mí dependa, seguirán sin faltar. Solo restaba ponerle nombre. Quería algo cinematográfico, y andaba dándole vueltas al nombre de Con Togas y A lo Loco. Así se lo comenté a un buen amigo, que en un nanosegundo dijo: “Tacones. Tus tacones no pueden faltar”. Y acudió a mi mente la simpar Martirio, con su chándal y sus tacones, arreglá pero informá… Y voilà. La criatura ya estaba lista para venir al mundo.

El último paso era quedaba darle forma. Unos tacones de lunares y una muñeca Nancy, la que llenó de sueños mi infancia, con una toga. Ninguna de las dos cosas me pertenecían, lo confieso. Tuve que quitar la muñeca de la portada porque alguien se puso en contacto conmigo diciendo que la imagen, que capturé como libre en Internet, le pertenecía. Me despedí de ella, que conflictos los justos, y me apresuré a hacerme con mi propia marca de fábrica, la foto de mi hija de bebé con una toguita que le confeccionó mi madre y aún conservo. Y la verdad es que me gusta más. Tanto que, a pesar de que tengo mi propia Nancy togada –buena soy yo cuando se me mete algo en la cabeza-, la usé de imagen de un post pero mantengo a mi niñita togada en la portada.

  Los tacones son otra historia, como diría una buena amiga. Una historia que adoro y que hoy voy a compartir. Aunque los de la imagen no eran míos, ahora soy la feliz propietaria de unos idénticos. Porque alguien que se ha convertido en una querida amiga, tuvo el detalle de regalármelos cuando nos conocimos personalmente, en un curso en el que iba yo de ponente. Y se han convertido en un símbolo. Mis zapatos mágicos. Con ellos puestos, puedo con todo. Y llevo a mi querida Mayte conmigo.

Y así se fue fraguando esta pequeña historia, la de un teatro que me ha dado muchas alegrías. La primera, el regalo de la amistad de alguien muy especial, que salió en mi defensa cuando un tuitero se empecinaba en criticarme. Y ahí seguimos también. Como almas gemelas, conectadas por una especie de chip que ya quisiera tener la mismísima NASA. Al igual que muchas otras personas, que se han acercado a mí a través del blog y me han hecho regalos excelentes. El dibujo contra la violencia de género que hizo la sobrinita de una lectora, los comentarios cariñosos y halagüeños, la fidelidad de muchos seguidores y hasta la posibilidad de asistir al estreno de Cabaret, un momento inolvidable.

Y por supuesto, curiosas vivencias. Desde un pretendiente que usó la mensajería del blog para hacerme proposiciones deshonestas, hasta personas que me han parado en sala, en los juzgados, en cursos y hasta en la calle diciendo lo que les apetecía conocerme. Solo me falta firmar autógrafos, pero tiempo al tiempo. Hay un abogado que me insta a irme a casa si me ve un martes o un viernes, porque “toca post”, y alguna otra que, ante una metedura de pata o un chascarrillo, me ha dicho “y ahora me hará un post”. Y lo hice, vaya que sí, y encantada. También sé de alguna que otra juez que insta a sus funcionarios a leerme, como si fueran los deberes del cole. Gracias otra vez

  Gracias también a todos los que habéis contribuido contando anécdotas, o incluso siendo parte de las mismas. Y a los lectores fieles, a la cabeza de los cuales está mi infatigable madre, que protagonizó el estreno más leído en la historia de Con Mi Toga y Mis Tacones. Gracias a todos los que me reblogueais, que comentáis, que me enlazáis en twitter o facebook y a los que me hacéis el honor de incluir el mío entre los enlaces de vuestros propios blogs, como la UPF, asociación a la que pertenezco, o Paco, mi notario preferido, que me ha hecho el honor de ser mi artista invitado en un par de ocasiones, como también lo hizo mi compañera Carmen. Esta es su casa. Y, por supuesto, gracias a mis infatigables compinches en el activismo tuitero y a mis compañeros fiscales, que siempre me acompañan en este viaje.

Así que hoy, como siempre, no podía acabar de otro modo que con un aplauso muy fuerte. Para todos esos lectores que os habéis convertido en amigos. Algunos, como mi querida Inma, hasta el punto de perder su tiempo en confeccionar las imágenes que ilustran este estreno cumpleañero. Y ésas que me servís de Guarida, siempre al pie del cañón y dispuestas a leer, escuchar y echarnos unas risas. O un baile. Mi toga, mis tacones y yo os queremos a todos. Y ahí seguiremos. Hasta que el cuerpo aguante

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3 pensamientos en “Cumpletogas feliz: #TaconesON

  1. Pingback: Trianiversario: la vida sigue igual | Con mi toga y mis tacones

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