Digitalización: lo imposible


DIGITALIZACION

Cuántas veces habremos oído hablar de ese palabro de digitalizar y sus derivados, que, aunque se relacione con dígito, o con dedo, se usa para hacer referencia a la modernización por la vía de las no tan nuevas tecnologías. Algo que, desde luego, ha hecho cambiar el mundo en general, y el del espectáculo en particular, por dentro y por fuera. El cine ha avanzado desde los tiempos en que la música se interpretaba con un piano en el escenario donde se proyectaba una película muda hasta el momento actual, en que un solo dedo hace que se proyecte en tres, cuatro y hasta cinco dimensiones si nos descuidamos. Por no hablar de los efectos especiales, en los que se han cambiado los decorados por un teclado donde un clic nos traslada desde el Far West hasta el futuro en un nanosegundo. Pasando por la antigua Roma, la Edad Media y la Revolución Francesa si es necesario. Y otro tanto ocurre con su contenido. No ha pasado tanto tiempo y ya suena muy anticuado aquello de Tienes un Email, las cuitas de la protagonista de La Red o El diario de Bridget Jones y hasta las habilidades como hacker de Lisbeth Salander en la trilogía de Milenium.

Ya hemos hecho referencia alguna vez a esa coplilla de Don Hilarión en La Verbena de la Paloma, de “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”. Y no digo yo que no tuviera razón el hombre, pero el problema es que en nuestro escenario parece que nos paramos ahí, o casi. Al menos de esa época es la ley que todavía rige nuestro proceso penal. Por más que la tuneen y parcheen y nos la vendan como el colmo de la modernidad. Pero no cuela.

Y para demostrarlo, cambiaré el título de la película original y la convertiré el Tribulaciones de una fiscalita en Fiscalía o El diario de una Toguitaconada. Y podremos comprobar que no es oro todo lo que reluce, ni moderno todo lo que dicen modernizar.

Llegada al despacho. Lo primero que hay que hacer es conectar el ordenador, aunque confieso que lo dejo en reposo del día anterior, porque así me ahorro un cuartito de hora de arrancarlo. Lista que es una. Y, una vez sale la pantalla oportuna, hay que introducir el nombre de usuario y la clave. Y cruzar los dedos para que no haya caducado.

Una vez saltado el primer escollo, consultar el correo corporativo. Nuevo usuario, nueva clave, y nueva cruzada de dedos. Operación ésta que hay que duplicar si se dispone de otro correo corporativo en razón de la función, y triplicar porque ninguno de ambos tiene capacidad suficiente y acabamos usando el particular, con otro nombre de usuario y otra clave. Y, si hay tiempo, vaciar los dos primeros, en la costosa operación de ir seleccionando uno a uno porque no hay posibilidad ni pestaña de enviarlo a la papelera directamente.

Una vez comprobado que no hay correos que nos envíen a juicios sorpresa ni nada semejante, disponerse a empezar a trabajar. Para ello, los fiscales tenemos que entrar en el sistema Fortuny, – o más bien Infortuny– que nos pide otra clave y otro usuario. Más cruzada de dedos. Tratando, claro está, de no dejar de usarlo por más de un cuarto de hora porque habría que volver a empezar la operación. Cosa que, a veces, no es fácil, ya que lo más eficaz es confeccionar un documento aparte que luego cortamos y pegamos, y hasta recauchutamos, porque uno y otro sistema no coinciden y se nos desconfigura el documento. y, tras la enésima cruzada de dedos, albricias, hemos conseguido eleborar el informe. Pero, claro, hay que imprimirlo, que lo del papel 0 será en otra dimensión, y aquí todo tiene que acabar siendo impreso, cuñado y sellado. Como toda la vida. Y eso de imprimir también tiene su aquel, porque mi impresora y yo tenemos un contencioso y no siempre está dispuesta a obedecer. Y, cuando está realmente enfadada, no solo no imprime sino que hace que se cuelgue el ordenador y toca reiniciar todo, incluida la cruzada de dedos.

Pero ahí no acaba todo. Debemos anotar minuciosamente en un papel lo que hacemos, porque cada mes nos piden que rellenemos una estadística que, oh sorpresa, necesita de más claves. Una para entrar en fiscal.es y otra en Ainoa. Y, acordándonos de la familia de quien inventó el estadillo, rellenamos un montón de datos mientras seguimos cruzando los dedos para que no se cuelgue mientras tanto, porque ahí ya no vale cortar y copiar. Y estoy segura que quien lea esto pensará que para qué, si ya habíamos ido poniendo todo en el sistema Fortuny, que debe arrojar esos datos en un pis pas. Pues preguntéselo a Iker Jiménez porque yo no he encontrado la respuesta. Pero no descarto que se revele al mundo a la vez que el Cuarto Misterio de Fátima. Optimista que es una.

Por supuesto, el lector no ducho en estas prácticas estará imaginando que todo esto logra que se envíen las cosas al Juzgado. Pero de eso nada. Los Juzgados tienen otro sistema, incompatible con el nuestro, al que, eso sí, por fin hemos conseguido acceso a efectos meramente informativos. Por descontado, con otra clave y otro nombre de usuario. Faltaría más.

Y quizá pensarán que me olvido de algo. Del famoso Lexnet. Y no es que me olvide, sino que en mi Fiscalía, aun cuando tenemos un icono en la pantalla, éste dice que no estamos autorizados. Y casi que me alegro, porque los compañeros de otras fiscalías donde sí acceden en modo programa piloto, me explican que tienen más claves, más nombres de usuarios y, por supuesto, más cruzadas de dedos. Y, mis amigos y amigas de la abogacía me cuentan la cantidad de tiempo que pasan peleándose para que el escrito encaje, se envíe y llegue a su destinatario. Una delicia.

Si, además, fuera LAJ o por la razón que fuera quisiera acceder al registro de órdenes de protección, o de penados y rebeldes, más usuarios y claves, Y más aun si pretendo consultar el sistema relativo a la Violencia de Género, el VioGen. Y suma y sigue.

Así que, llegada a este punto, una se llega a preguntar si la tan cacareada digitalización existe y, si, en ese caso sirve para algo. Porque de momento lo que nos está sirviendo es para duplicar el trabajo que hacemos en papel, como toda la vida, pero registramos en infinitos y cibernéticos lugares. A pesar de que los procedimientos siguen entrando, convenientemente atados con gomas, en un carrito de supermercado empujado por el funcionario de turno, y salen, una vez sellados y cuñados, exactamente por el mismo conducto. Es decir, el de los tiempos de Don Hilarión. Ni más ni menos.

Y ojo, no vayamos a necesitar una cruzada de dedo extra super plus si ese ataque cibernético del que todo el mundo habla llega a nuestras pantallas. Aunque a veces entren ganas de que dé el petardazo y se dejen de historias. Pero seguro que nuestros sistemas son tan arcaicos que ni al virus interesan.

Resulta curioso, por no decir otra cosa, que las cosas no sean así en todas partes. En Hacienda, tan servicio público como el nuestro, las cosas van de otro modo. Y da mucho que pensar por qué es todo tan fácil para que el estado nos exija cumplir nuestras obligaciones, y tan difícil para poder ejercitar nuestros derechos.

Así que hoy el aplauso es para la Santa paciencia que nos hemos de gastar cada vez que alguien se llena la boca hablando de modernización, digitalización y otras gaitas. Porque esto es lo que hay.

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5 pensamientos en “Digitalización: lo imposible

  1. Conclusión: no interesa, no se quiere. Serás una toguitacosauria forever, me temo. Como bien vienes a decir, en otros Servicios, con un programa gestionan todo. ¡Qué buenas caricaturas haces!

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      • Lo que conlleva no está en tu haber, sino en quien consiente (y le interesa) que tan importante Institución permanezca anclada en el paleolítico. Por favor, la palabra te la regalo, ya que no os envié los post it que tanto necesitáis. Y gracias a ti, entre lo que imaginaba de vuestro trabajo y lo que descubro leyéndote hay una diferencia abismal, y yo que creía tener mucha imaginación…

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  2. Gracias por su información y sentido del humor, ahora bien, desgraciadamente, todos sufrimos, cuando debería ser al revés, por los procedimientos informáticos; lo que se comunica via correo electronico, entre el profesional y el cliente, debe ser informado a las personas antes de iniciar un proceso judicial el valor que tiene porque el pueblo llano no entiende que la información que le envía por correo electrónico, el letrado que supuestamente esta defendiendo sus derechos, no tiene valor cuando se presentan en el juzgado dichos correos. No puede usted imaginarse el daño y la perversión a la que llegan ciertos profesionales utilizando este medio y por la confianza que ponen el clientes en el profesional, éste, el profesional, le miente y luego en juicio dicen lo contrario que ha expuesto vía correo electrónico y, aunque se presente el correo del profesional en cuestión, los jueces no lo aceptan como prueba. ¿Es esto Justicia?

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