Huelga: todos a una, Fuentetoguna


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A veces, hay que dar un puñetazo encima de la mesa, aunque solo sea virtual o figurado. Cuando no hay otro modo de reclamar lo que es justo, hay que pasar a la acción. En el teatro, y en la vida, las reivindicaciones laborales no atendidas acaban llevando a La huelga. Y de eso hay películas más que de sobra, aunque me quedo con las que sirven de telón de fondo a Billy Elliot o Pride. O la que se desarrollaba en aquella serie tan famosa en mi infancia, Hombre rico, hombre pobre, con la que descubrí, por ejemplo, qué era un esquirol. No Todo va bien.

En nuestro teatro, no es demasiado frecuente la movilización, aunque tanto a través de protestas  como del activismo, vamos subiéndonos al tren de las reivindicaciones, aunque nuestro tren sea todavía como un ferrocarril a vapor en plena época de la alta velocidad. Y claro, aunque se pueda fantasear con otras iniciativas más vistosas, como destogarse a lo Full Monty, quienes defendemos la legalidad no deberíamos hacer otra cosa que usar los instrumentos que la ley nos proporcionan. Entre los que, por supuesto, se encuentra la huelga, por más que haya quien se empeñe en negarnos el derecho.

En efecto, hay quien mantiene que jueces y fiscales no tenemos derecho a la huelga. De hecho, no nos detrajeron nada de nuestro sueldo cuando, en una ocasión anterior, fuimos  a la huelga, nuestra primera vez para los fiscales -o para quienes nos sumamos a ella- y la segunda para la carrera hermana. Por más que hicimos la comunicación oportuna, no se dieron por enterados, con esa técnica tan usada de que lo que no se ve no existe. Y tampoco nos detrajeron nada a quienes -como es mi caso- nos adherimos fáctica y formalmente a la huelga de mujeres del 8 de marzo.

Pero no se puede negar a nadie un derecho constitucional si la propia Constitución no lo hace. Por más que ese alguien vista toga y puñetas y arrastre su precariedad de medios por Toguilandia sin apenas, hasta hace poco, alzar la voz. La referencia a que las peculiaridades del ejercicio del derecho de huelga serán reguladas por una ley que nunca se promulgó, no nos puede privar de un derecho fundamental. ¿O acaso no existía el derecho de asociación antes que hubiera una ley de asociaciones o la igualdad hasta que una ley la regulara? Pues lo mismo. El derecho existe, y, a falta de previsión, ya actuarán los mecanismos de derecho supletorio, que para eso están. Y, al final, han acabado reconociéndolo, aunque sea de modo implícito, cuando se nos negó la realización de uno de los paros parciales por no haber cumplido el plazo de preaviso. Si nos era de aplicación la norma es, obviamente, porque se nos reconoce el derecho. ¿O no?

Esa carencia de regulación es la que ha hecho, sin duda, tan difícil su ejercicio, del cual hemos hecho un uso muy escaso. Al tener legalmente vedada la posibilidad de sindicarnos, contamos con un escollo importante, pues son los sindicatos quienes actúan de motor en estos casos. Pero si el barco no tiene motor, no queda otra que remar. así que, como no es un obstáculo insalvable, hemos contado con las asociaciones que, en este caso, con un trabajo y una unidad ejemplar, han ido salvando los obstáculos para consensuar un catálogo de reivindicaciones y un calendario de movilizaciones para hacernos visibles.

No voy a entrar en detalle sobre cada una de las reivindicaciones que sostenemos, a las que ya dediqué el estreno referente a las movilizaciones. Sí insistiré, hasta el infinito y más allá, en que no se trata de sueldos, como algunos pretenden destacar para restar valor y ponernos a los pies de los caballos de la opinión pública. Se trata, simple y llanamente, de lo que se ha resumido en el hastag #MerecemosUnaJusticiaDeCalidad, algo tan sencillo como una justicia con medios personales y materiales suficientes, con una independencia y una autonomía que permita cumplir sus funciones, libre de injerencias, con una carga de trabajo razonable, sin límites imposibles, y con las condiciones laborales para quienes estamos ahí que nos permitan ejercer nuestra labor de un modo que satisfaga a la ciudadanía. No olvidemos que el objeto de nuestro trabajo es un servicio público, la Justicia, y que solo podremos cumplir con ello si las condiciones nos lo permiten. Y ojo, que hay mucha gente haciendo en Toguilandia mucho más de lo que cabría imaginar si se supiera en que condiciones trabajan. A los hechos me remito.

En estos días, me ha llamado la atención la invisibilización de nuestras movilizaciones. No quisiera ser mal pensada, pero  a veces creo que una mano negra impide que se transmita nuestra indignación como algo que interesa a todas las personas. Ha faltado atención mediática para un tema tan grave. Y tal vez si el apoyo cada vez que, inasequibles al desaliento, seguíamos contando cómo estaban las cosas, hubiera sido mayor, no habríamos llegado a este punto. Tal vez tengamos nuestra parte de culpa, por callarnos mas de lo que debiéramos, y por no saber transmitir la idea de que la Justicia es algo de todos, y que sin ella es imposible reclamar el ejercicio de cualquiera de los derechos que nos otorga la Constitución. Pero, como nunca es tarde si la dicha es buena -o la desdicha, según se mire- ha llegado el momento de decir basta. Y de hacer comprender que ese “basta” debería ser un grito común.

Este 22 de mayo de 2018 constituirá un hito histórico.  Por una vez, todas las asociaciones de jueces y de fiscales, y esa gran parte de no asociados, vamos de la mano para reclamar lo que nos niegan en las mesas de negociaciones. Y que ya no nos valen las promesas, porque ahí siguen unas convocatorias cicateras, la creación de un número de juzgados más que risible, el tremendo desastre que ha supuesto una cacareada digitalización  o la precaria situación en que se encuentran los compañeros y compañeras de las últimas promociones. Por no hablar del estado de algunas sedes  y de las carencias de medios personales y materiales de la que siempre hablamos.

Ya no había más salida que unirnos y, al grito de Todos a una, Fuentetoguna, dar ese puñetazo encima de la mesa que ya hace tiempo que se veía venir, porque no nos han dejado otro remedio. E insistiré una vez más en recabar el apoyo de otros operadores jurídicos, como los Abogados, a quienes estas carencias afectan tanto como a nosotros, y respecto de quienes he sabido que tanto por medio de algunos de sus Colegios,  o de modo individual han mostrado su apoyo expresamente. No me olvidaré de los LAJ, nuestros compañeros en el camino, que además de sus propias reivindicaciones, comparten las nuestras porque son las mismas. Unidos somos más fuertes, así que vamos a ello.

Por último, el aplauso esta vez lo  daré hasta que me sangren las manos a quienes no cejan en su empeño de poner todo la carne en el asador para lograr una Justicia digna. Dejaré en suspenso la ración de tomates a la espera de una reacción. Aunque si no la hay, tendremos que prepararnos para el abucheo más enérgico. Nuestra Justicia no merece que la dejemos a medias.

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2 pensamientos en “Huelga: todos a una, Fuentetoguna

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