Activismo: presente y futuro


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                De toda la vida, uno de los colectivos más reivindicativos ha sido el de los artistas. Sobran los ejemplos de aquellos que incluso se han dejado la vida por no claudicar de sus ideas, y de los que han  pagado bien caro su compromiso. Lo vimos en  los protagonistas de Ay Carmela o Las cosas del querer. Y, hoy en día, basta cualquier sarao para que salgan a reivindicar aquello por lo que creen que vale la pena luchar.

                Pero eso sí, cuando se piensa en activismo, parece que las imágenes que le vienen a una a la cabeza son las de obreros manifestándose en Billy Elliot, el Día del Orgullo Gay en Pride o acciones más iconoclastas como la ya clásica Full Monty.

                Y aquí sí que somos diferentes en nuestro teatro. Cuesta ponernos de acuerdo y más aún conseguir una movilización conjunta, aunque algunas causas han conseguido ya verdaderas mareas de togas, como la reivindicación contra las tasas. Que, por cierto, no han sido aún eliminadas totalmente -solo lo han sido para personas físicas-, por más que a veces se diga lo contrario.

                Y si hablamos de colectivos como los jueces y fiscales, la cosa se pone todavía más tibia. Por decirlo de algún modo. Pese a que hay quien, incluso, nos niega el derecho a ejercer la huelga, en alguna contada ocasión lo hemos ejercitado. Los jueces, alguna vez más, y los fiscales una sola vez. A pesar de que motivos para protestar -fundamentalmente, la falta de medios para ejercer nuestra función- nos sobran para salir todos los días a la calle. Pero no lo veo. Quizás habrá que decidirse algún día a hacernos un Full Monty, o a venirnos arriba en un calendario solidario solo con nuestras togas -con o sin tacones-. Si Las chicas del calendario lo hicieron, por qué no nosotros. Aunque me cuesta trabajo imaginarlo, claro… Pero seguro que al menos la atención la despertaríamos.

                La verdad es que pocas salidas nos dejan, teniendo en cuenta que jueces y fiscales tenemos proscrita la posibilidad de sindicarnos o de pertenecer a partidos políticos y que, como he dicho, desde algunos sectores se nos niega hasta el derecho de huelga.

                Aunque hay otro tipo de activismo. Hoy los tiempos han cambiado y, rige la cultura de lo instantáneo y la vida de cara a ese enorme escaparate que es Internet. ¿Por qué no aprovecharlo? Pues ésa parece ser la pregunta del millón, aunque compatibilizar un mundo de leyes decimonónicas y cortinajes de terciopelo con cualquier tipo de modernidad parece que chirríe. Y, en realidad, no se trata de otra cosa que de afinar el instrumento para que su sonido encaje en la melodía.

                No hay que hacer otra cosa que asomarse a las redes sociales para percatarse de la existencia de un fuerte movimiento reivindicativo en defensa de la justicia. Un movimiento en el que justo es reconocer que nos llevan la delantera, y por varios cuerpos de ventaja, quienes habitualmente visten toga sin puñetas sobre quienes las lucimos. Los abogados escriben, utilizan redes sociales, y son titulares de blogs como regla -al menos un amplio sector de ellos- y nosotros lo hacemos solo como excepción. Y claro, estamos privando de nuestra visión de las cosas no solo a los profesionales sino también al ciudadano.

                ¿Por que no les perdemos el miedo? Si todos estuviéramos de acuerdo en protestar, solo tecleando desde nuestro móvil, ante todos los dislates que estamos viviendo, quizás la presión fuera tan grande que motivara un cambio, por pequeño que fuera. Y tacita a tacita, ya se sabe, como decían en el anuncio de Nescafé. Si además, nos esforzáramos en comprender y aprender a usar este enorme potencial en vez de demonizarlo, como hacen algunos, sería la bomba. Por no hablar de hacerlo todos a una, como Fuenteovejuna, poniendo el acento en lo que nos une en lugar de hacerlo en lo que nos separa.

                Pero la tecnología es lo que tiene, que la manejan seres humanos. Y los seres humanos no siempre podemos evitar que los árboles nos impidan ver el bosque.

                Así que hoy, con mi toga y mis tacones, aprovecharé este púlpito para hacer un llamamiento.  Un llamamiento a todos los que creemos en la Justicia, y a todos los que queremos remover los obstáculos que hacen que sea efectiva, o todo lo efectiva que debería ser. Salgamos a la calle, o adentrémonos en ese enorme escaparate al que da entrada nuestro móvil o nuestro ordenador, como el del niño de La Historia Interminable, y no callemos ante la injusticia. No nos resignemos, o quizás mañana sea tarde. Que no hace falta quemarse a lo bonzo para dejar constancia del descontento.

                Y mientras tanto dejo el aplauso ahí. A la espera de saber hasta donde llega la resignación y hasta donde el activismo. Y espero no tener que resignarme nunca a recibir abucheos.

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3 pensamientos en “Activismo: presente y futuro

  1. Pingback: Protestas: togas caídas | Con mi toga y mis tacones

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