Protestas: togas caídas


HUELGA

Estamos acostumbrados a ver cómo en el mndo del espectáculo no les denle prendas a sus protagonistas a la hora de ponerse en pie de guerra contra todo lo qe consideran injusto. A posicionarse, sea contra la guerra, contra el IVA cultural, contra los recortes, o contra leyes, como la ley mordaza, la ley Sinde o la que se les ponga por delante. Se sirven de cualquier evento para, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, dar las gracias por su premio y un zasca a quien corresponda. Como debe de ser, por otro lado. Los artistas tienen una especial responsabilidad en ello, además. Como caras conocidas, deben aprovechar su repercusión mediática para alzar su voz y llegar adonde otros nos llegamos.

Y mientras tanto, en un universo muy lejano, nuestro teatro es más amigo del silencio que del ruido, de las tragaderas que de las protestas. Ya hablamos en otro estreno del activismo  en nuestro mundo, pero todavía nos queda un largo camino por recorrer. Un camino en el que los obstáculos somos muchas veces nosotros mismos, hay que reconocerlo.

Y ojo, no es que no haya motivos para protestar. Que tal como están las cosas, necesitaría mil millones de post y todavía me quedaría corta. Eso, por supesto, si me quedara tiempo entre revisar asuntos pasados, controlar asuntos futuros, buscar mi bola de cristal para adivinar los riesgos, manejar el GPS para encontrar la ley aplicable en BOE, practicar con la ouija para saber qué pasa, contar los plazos con el ábaco y dar con la varita mágica para encontrar soluciones. Una versión jurídica de los Juegos Reunidos Geyper de mi infancia. Y siempre esperando el momento que, como Juan Tamariz, pueda entonar el victorioso “Tachaaaán…” debidamente toguitaconada. Pero me temo que seguiré esperando.

Pero mientras, no deberíamos callar tanto como lo hacemos. En eso, como en otras mchas cosas, nos llevan ventaja los abogados a los togados puñeteros, aunque ahí no es del todo nuestra la culpa. O al menos, no toda.

Porque resulta que la Constitución prohíbe a jueces y fiscales sindicarse, al igual que pertenecer a partidos políticos. La defensa de nuestros derechos laborales queda en manos de nuestras asociaciones, en su caso, y por ello no tenemos los medios de presión que cualquier otro colectivo de trabajadores. Ni siquiera quienes forman parte de la ejecutiva de una asociación tienen el más mínimo derecho a exención de trabajo, como ocurre con cualquier representante sindical, ni ninguna subvención ni ayuda. Así que hacemos lo que podemos o, muchas veces, lo que nos dejan, que es poco.

Pero aún así, somos más de quedarnos quietecitos y quejarnos en el café. Hay que reconocerlo. No sé si por inmovilismo o por un mal entendido concepto de la función pública pero a veces tragamos más que el Krakatoa en plena erupción. Los jueces han hecho alguna huelga, aunque el número de ellas no supera al de los dedos de una mano. Los fiscales solo hemos participado, hasta el momento, en un Día de Togas Colgadas, como ya conté entonces. Y en alguna concentración que otra, aunque hay que reconocer qe no nos caracterizamos por nuestro espíritu reivindicativo. Y así nos va, con ordenadores del Pleistoceno, sistemas informáticos que no hablan con nadie, medios materiales que piden a gritos un plan Renove y haciendo que las personas nos multipliquemos por nosotras mismas. Y nos es que nos perjudique a nosotros –que también- sino que eso perjudica al ciudadano y al servicio público que le debemos. Algo que habríamos de hacer comprender y no acabamos de pilllar el punto. No se trata de andar todo el día gritando A las Barricadas pero tampoco podemos vivir aislados ni hacer ninguna suerte de Pacto de silencio.

Como dije, los abogados nos llevan ventaja. Ellos sí han participado en más movilizaciones en pro de la justicia, en general, y de sus derechos laborales en particular. Al César lo que es del César, aun cuando también ahí falte también camino por andar. Y luego está ese otro activismo, el de redes sociales y blogosfera. Ahí nos ganan por goleada. O mejor dicho, nos llevan varios cuerpos de ventaja en la carrera, porque mal vamos si seguimos viéndonos como rivales.

Así que hoy, en lugar del consabido aplauso, me subiré a mis tacones para espolear los ánimos. Aun a riesgo de que me llamen incendiaria, forraré mi toga de amianto y animaré a que protestemos por lo que nos parece justo. Porque la justicia es cosa de todos. Así que, “Arriba las togas”.

 

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