Lexnet: ciencia ficción


 

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Uno de los géneros que nunca falla es el de la ciencia ficción. Desde las casi proféticas obras de Verne hasta las sagas de Star Trek o la Guerra de las Galaxias, pasando por Encuentros en la Tercera fase o cualquier otra, el tema nuca falla. Siempre hay una legión de seguidores dispuestos.

También nuestro teatro tiene su dosis de ciencia ficción. Más ficción que ciencia, en los últimos tiempos, ya que nosotros apenas hemos superado los tiempos de Julio Verne y, a veces, solo el hecho de encender el ordenador y llegar a la pantalla deseada recuerda poderosamente a las 20.000 leguas de viaje submarino o a la vuelta al mundo en 80 días. Esta última, en versión de Cantinflas, además.

Pero si en los últimos tiempos algo e ha recordado estas películas, es la ya famosa quimera del papel 0 y su hija predilecta, llamada lexnet. Algo que nos vienen vendiendo desde hace tiempo como el colmo de la modernidad y la solución de la justicia y no pasa de ser un enorme fiasco con pretensiones. O sin ellas.

Para el que no lo sepa, ese engendro llamado lexnet es algo así como Alien, el Octavo pasajero, en versión Justicia. Un ser que aparentemente ha surgido de las mismas entrañas del sistema pero que en realidad es totalmente ajeno a él. Porque, no hay que olvidarlo, por más que incardinen la criatura en un macroproyecto de Papel 0  y expediente electrónico, no es otra cosa que un extraño en un sistema que todavía navega en los tiempos de la cuerda floja, las copias selladas y los formularios en papel por triplicado. Algo así como si tratáramos de ver en 3D una película de Charlot. Por más que nos pongamos las gafas adecuadas, la cinta no da más de sí.

Nos han impuesto el sistema, como tantas otras cosas en los últimos tiempos, en un corre que te pillo, que se les acababa la legislatura y tenían que dejarnos una herencia a juego con la trayectoria que han seguido, una de las más erráticas en lo que a justicia se refiere. Y ojo, no es que lo diga esta humilde toguitaconada -que también-, es que lo han dicho hasta la saciedad asociaciones de fiscales, de jueces, de LAJ, de abogados, de procuradores y cualquier otro transeúnte, habitual u ocasional, de nuestro querido teatro.

Y es que había que meterlo como fuera, con calzador si es preciso. Y así ha sido. En primer lugar, como ya conté en otros lugares (la quimera del Papel 0), han incrustado un elemento nuevo en un sistema arcaico, como si un tren de alta velocidad tuviera que circular por las vías de un ferrocarril de cercanías. Y, lógicamente, no ha tardado en descarrilar, perdiendo además varios tornillos por el camino, que estaban mal ajustados. Pero no solo eso. Obstinados en no echar marcha atrás, han insistido en continuar el camino de este tren fuera de vías, y se pierde más tiempo en remozarlo desde cada salida de la vía que en construir unas nuevas vías.

No obstante, no podría explicarlo desde mi experiencia personal. ¿Por qué? Pues por una razón tan sencilla como la de que los fiscales no usamos tal sistema porque, de momento, no se ha previsto. Da igual que la ley diga que las comunicaciones habrán de ser telemáticas. Las nuestras, por falta de previsión, ni a telepáticas llegan. Pero hay una razón adicional: algunas comunidades autónomas -entre ellas la mía- se han erigidos en rebeldes de Lexnet, y han manifestado desde un primer momento que con ellas no va la cosa. Porque lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible.

Pero, curiosa que es una, ello no impide que esté rigurosamente al día de todas las incidencias y pesadillas de los usuarios varios. Tampoco tiene un mérito especial. No hay más que darse un paseo por las redes sociales, o por las cafeterías cercanas a los juzgados, para recibir tan preciosa información. Así que la cosa se ha convertido en una mezcla entre Que he hecho yo para merecer esto, Dios mío, pero que te he hemos hecho, Juristas al borde de un ataque de nervios o Como ser jurista y no morir en el intento. Nos querían vender un Cariño, he encogido a los niños -o más bien a los procedimientos- pero la cosa no ha quedado más allá de un Bienvenido Mister Marshall como si de repente, el mismísimo Bill Gates hubiera aparecido en pleno siglo XIX cual Pepe Isbert encabezando la antológica procesión a mediados del siglo pasado.

Desesperación para acceder, fechas que se cambian como por ensalmo o notificaciones que viajan de unas pantallas a otras hasta aparecer en el sitio más insospechado hacen que conseguir el objetivo de que lleguen al Juzgado sea poco menos que emular a Indiana Jones en busca del arca perdida. Y todo ello, sin saber qué pasa por el camino, quién puede acceder o dónde puede aparecer la información. Y todo ello, a pesar de la buena intención de alguna que otra Hada Madrina, que desde sus puestos tratan de solucionar los problemas pero que no tienen varita mágica.

Y la cosa llega al punto que un compañero que no ha tenido hasta el momento problemas con ello, pide disculpas cada vez que lo cuenta, como si fuera culpable de algo.

Pero la cuestión va más allá. En el hipotético caso de que nos halláramos en Un Mundo feliz y el sistema de marras funcionara como debiera, tampoco eso es la solución que nos pretender vender. Lexnet no es el expediente electrónico ni el utópico papel 0. No es más que un sistema de notificación que, a la postre no hace otra cosa que cambiar la impresora de sitio. Tal cual.

Así que hoy de aplauso, nada. Hoy lo que toca es recuperar esos tomates que debieron ir en el tren de mercancías que pretendía ser AVE. Seguro que todo el mundo sabe hacia qué destinatarios dirigirlos

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9 pensamientos en “Lexnet: ciencia ficción

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  3. Buenos quebraderos de cabeza nos toca a abogados y procuradores cuando tenemos que mandar un escrito: en *.pdf, sin tildes, mayúsculas si es posible, alojado en rutas cortas (nada de ponerlo en C./, mis documentos, carpeta principal, carpeta secundaria, subcarpeta de cliente y asunto de X, ponlo en C:/ directamente). Y que luego funcione el Java de las narices o no haya colapso o no encuentres cómo lo clasificas.
    Todo ello para mandar un escrito de dos folios anunciando que quieres que citen a 2 testigos y con el que te tiras 2 horas.

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