
Nuestra lengua es muy rica, sin duda alguna. En el cine no siempre podemos darnos cuenta, ya que en nuestro país vemos mucho cine anglosajón y tenemos la costumbre -no extendida por otros lados- de doblar las películas. Pero hay que cuidar nuestra lengua, no vayamos a acabar hablando Spanglish y necesitemos al profesor de Pigmalión o de My fair lady. No olvidemos que la lluvia en Sevilla es una pura maravilla.
En nuestro teatro la conjugación de los verbos ha dado para mucho. No hace tanto tiempo el uso de los gerundios estaba tan generalizado en el foro que convertía las resoluciones en una amalgama lingüística difícil de comprender. Y es que la antigua estructura de las sentencias divididas entre “Resultandos” y “Considerandos” no lo ponía fácil. Por suerte, la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985 acabó con esa forma, al hablar de “Hechos” y “Fundamentos de Derecho” y de párrafos separados y numerados en lugar de esas frases interminables que había que leer varias veces para comprenderlas.
No obstante, no podemos echar las campanas al vuelo. El exceso de gerundios no ha desaparecido y todavía encontramos informes y sentencias que lo usan indiscriminadamente, dificultando -y aquí uso el gerundio intencionadamente- la comprensión. A veces, sería mejor sustituir esta forma por una sencilla frase con su sujeto y su predicado.
Pero no es la única costumbre de mal uso de los tiempos verbales que nos invade. Como comentaba una buena amiga en una publicación, es una lástima que descuidemos el uso del idioma, y utilicemos mal los tiempos verbales. Algo que no es exclusivo de Toguilandia, sino que vemos cada día en informativos y publicaciones varias. Mi amiga ponía como acertado ejemplo el uso de un pretérito pluscuamperfecto con otro, rompiendo el equilibrio gramatical de las frases. Así, utilizo la muestra que ella misma exponía. No hay que decir “si hubiera pensado esto antes hubiese tomado otra decisión” sino “si hubiera pensado esto antes habría tomado otra decisión” Tampoco es tan difícil.
Tirando de ese mismo hilo, otra persona comentaba acerca de otra costumbre errónea cada vez más extendida: la de utilizar el infinitivo en lugar del imperativo. Es decir, frases como “salir de aquí” o “abrir la puerta”, cuando se debería decir “salid de aquí” o “abrid la puerta”. Y es que el uso del infinitivo está bien par las películas de Tarzán, pero no para nuestros escritos ni para nuestro lenguaje oral.
Y es que el infinitivo da mucho de sí. Debe de ser por eso que cada día se extiende más la manía de empezar las frases con un infinitivo, cuando lo que en realidad se debería usar es una forma impersonal. Me refiero a esos informes o discursos que empiezan cada párrafo con un “Decir que…” “Considerar que…” y expresiones semejantes para introducir a continuación una frase subordinada, convirtiendo al infinitivo en el núcleo de un predicado imposible. Lo adecuado en estos casos es incluir el tiempo impersonal que antecede al infinitivo, diciendo “hay que decir que…” o “hay que considerar que…”. No hay que tener cicatería en el lenguaje, salvo que, una vez más, queramos imitar a Tarzán o aun extranjero que aún no ha aprendido nuestros tiempos verbales.
Otro de los vicios lingüísticos frecuente es el empleo del condicional sin condición. Expresiones como “yo diría que esto es así” o “Yo le contestaría esto o aquello” no tienen sentido si no van acompañadas de una condición, como su propio nombre indica. En la prensa de tribunales se ve mucho en frases del tipo “les condenarían a tantos años de prisión”. Pero, como me dijo una vez una profesora de lengua, si lo dirías, dilo de una vez y déjate de historias.
Y si hay un modo verbal que usamos en Toguilandia venga o no venga a cuento, es el plural mayestático. Hablamos de nosotros y nosotras en plural como si fuéramos varias personas, confundiendo al justiciable. Y, aunque no es incorrecto, también queda impostado lo de referirse a una misma en tercera persona, como hacen algunos entrenadores de fútbol. Lo de “esta letrada solicita que…” “ese Ministerio Fiscal interesa que” o “este tribunal decide” es el pan nuestro de cada día. Mi preparador solía preguntarnos, si lo hacíamos al cantar los temas y decíamos algo así como «entendemos que…»: ¿lo entiendes tú y quién más? Pues eso.
A propósito del uso de los verbos, siempre recuerdo una anécdota que todavía me hace reír. Como quiera que algunos profesionales todavía utilizan la vieja fórmula para interrogar que empieza las frases por “diga ser cierto”, hubo un médico forense que, con un imbatible sentido del humor dijo, simplemente “ser cierto”. Que no era ni más ni menos que lo que le habían pedido, en sentido literal
Por último, me referiré al uso de algo que, en realidad, en un pleonasmo, que consiste en utilizar vocablos innecesarios. Se trata de la expresión “valorar positivamente” cuando con hablar de “valorar” bastaría, pues se trata de otorgar valor. Y esto, por cierto, es positivo, por lo que “valorar negativamente” es una contradicción, o, para decirlo con mayor pedantería, un oxímoron. Las cosas se valoran sin necesidad de añadir que se haga positivamente, del mismo modo que no hace falta añadir “arriba” al verbo “subir” o “abajo” a verbo bajar.
Y hasta aquí el estreno de hoy. Espero no haber resultado demasiado pedante. Si esa sí, recibiré los abucheos que me toquen. De lo contrario, aceptaré encantada el aplauso.








