Sinécdoque: la parte por el todo


                Referirse a la parte por el todo, se haga de una manera intencional o errónea, es un recurso frecuente en la literatura y, con ella, en las artes escénicas. Incluso así, sin más añadidos, La parte por el todo, es un título de película. Aunque también ocurre al revés, se generaliza utilizando un lugar, una profesión o cualquier otra cosa como modelo, aunque no todas las personas de ese lugar o de esa profesión sean así. Se podía vivir en West Side Story o ser Un Americano en París sin necesidad de ser Bailarín o Bailarina, por ejemplo. Es la cara y la cruz del todo y de sus partes.

                En nuestro teatro, es mucho más frecuente utilizar la parte por el todo de lo que creemos, y viceversa. Aunque no nos demos cuenta. Ya vimos alguno de esos casos cuando se abrió, por tres veces nuestro telón para hablar de nuestro argot, pero todavía queda mucha tela que cortar. Y, si no al tiempo.

                Todo el mundo en Toguilandia sabe lo que es una vista, además, por supuesto, de uno de los cinco sentidos. Vista -o vistas- es como llamamos a los juicios orales y, por extensión, a cualquier acto que realizamos ante un juzgado o tribunal. Ignoro de donde viene exactamente ese nombre, aunque bien podría imaginarse que del modo de concluir con un “visto para sentencia” o “visto para resolución”.

                La vista no vive sola en nuestro mundo, sino que podríamos creer que tiene familia. Es, sin duda, hija suya la vistilla, nombre que se da a las comparecencias que se hacen en sala pero no responden a un juicio ni por su contenido ni por su duración. Llamamos así a las comparecencias de prisión, a las de orden de protección o a las que se realizan para acordar otras medidas cautelares después de acabado un juicio y antes de la sentencia firme, entre otras. Poco tienen que ver con quien podría parecer su alter ego, los vistos, que vienen de la carrera hermana, la Fiscalía, y son el trámite por el que el Ministerio Público manifiesta su conformidad con determinadas resoluciones. Es evidente que el “Visto” no es sino una evolución del “Visto y conforme” del que trae causa, que se fue reduciendo y que, si no fuera por los cuños o los programas informáticos, acabaría en una V monda y lironda.

                Por supuesto, los Vistos son parte de algo de lo que hablamos sin cesar, y que es la pesadilla nuestra de cada día: el papel. Para nuestro mundo, el papel no son los folios sin más, sino los documentos, expedientes e informes que hemos de despachar, incluso en el paradójico caso de que no ocupen papel ninguno y se sustenten solo en expedientes electrónicos. Hasta en este caso hablamos de papel, y, más concretamente de Papel 0 que, hasta el momento y como ya hemos visto más de una vez, tiene mucho más de 0 que de papel.

                El papel en cuestión llega con el carro que, aunque más de una vez se haya perdido, nada tiene que ver con el que llevaba a Manolo Escobar por la calle de la amargura. Cuando viene el carro, cuerpo a tierra, que vienen los nuestros, y nos inundan la mesa de papel. Y si alguien te avisa que llega un carro lleno o, peor, que llegan varios, ya puedes ponerte a temblar. Y eso sin olvidar que no hace tanto tiempo uno de ellos, como telón de fondo de una entrevista a un conocido fiscal, hizo una propaganda impagable a una cadena de supermercados y lamentable a los medios de nuestra Administración de Justicia.

                Y, si hay que llevar el papel a casa, va en nuestra maleta, que ya ha olvidado lo que es un viaje, pandemia mediante, y solo se dedica a transportar expedientes. Lo que viene siendo el peso de la ley que, mientras no avance la informática, es mucho más que una metáfora. Hay más de una espalda que se resiente a diario de coger y dejar expedientes.

                A su vez, esas vistas y vistillas se celebran en la Sala, que no es una dependencia con mesa camilla y brasero, sino el escenario donde se desarrollan nuestras funciones. Esto es, la Sala de vistas , aunque se queda en Sala para las amistades, sean o no peligrosas.

                Como hemos visto, en las vistas se celebran juicios y se acaban, generalmente, en sentencia, pero en las vistillas se ponen otro tipo de resoluciones. Una de ellas la de mandar a alguien “al hotelito”, una expresión muy poco piadosa con la que más de uno se refiere a la cárcel. Otras de las resoluciones posibles en este tipo de actos consiste en poner lo que llamamos un bis o un ter, que no se trata de repetir o tripitir una actuación memorable sino de algo mucho más prosaico: un auto de alejamiento previsto en el artículo 544 bis o una orden de protección del articulo 544 ter, ambos de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

                Pocas cosas hay en nuestras toguitaconadas vidas que asusten más que el hecho de que llegue un preso. Todo el mundo se agobia cuando entra un preso, aunque no sea por lo que pudiera parecer. Me contó una compañera que una vez que se llevó a su hija al despacho -exigencias de la no conciliación- esta se puso a llorar de repente. La atribulada madre le preguntó y casi le da un ataque de risa cuando la niña dijo que había oído que había entrado un preso al despacho de su madre, y creía que alguien se había escapado de la cárcel y se le había presentado para atacarla. Y claro, a ver quién le explica que eso de entrar un preso no es otra cosa que la llegada de un expediente cuyo investigado está en prisión preventiva.

                Tampoco es fácil explicar los nombres que nos damos, para abreviar, para quitar hierro al asunto o para ambas cosas. Ya me había acostumbrado a que a quienes llevamos asuntos de violencia de género nos llamaran coloquialmente “las violentas” para encontrarme con un nuevo sobrenombre, derivado de la dedicación a los delitos de odio. Ahora soy violenta y odiosa, ahí es nada. Y lo digo con una sonrisa, como si fuera lo más bonito del mundo. Y menos mal que no me ha tocado ser siniestra -de Siniestralidad Laboral-, corrupta, o incorrupta como el brazo de Santa Teresa -de Antocorrupción- o prisionera -de Penitenciario- porque eso me faltaba.

                Aunque lo mejor fue un día que, tras haber optado por otra especialidad, dije que me había quitado de las drogas. Obviamente, me refería a que no iba a hacer más juicios por tráfico de drogas o sustancias estupefacientes, pero la verdad es que sacado de contexto suena, cuanto menos, raro. Y eso siendo bien pensada.

                Así que ahí queda eso. Solo queda el aplauso de hoy, y va dedicado a quienes emplean tiempo y paciencia para descubrirnos que en Justicia, no es oro todo lo que reluce.

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