SALA DE VISTAS: EL ESCENARIO


sala de vistas

Parece que fue ayer cuando nuestro teatro abrió sus puertas por vez primera, y ya llevamos muchas representaciones. El escenario presta sus tablas una y otra vez para nuestra función, y es testigo de un estreno tras otro, del debut de un personaje tras otro, sin que nadie hable de él. Pero, como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. Así que llegó su momento.

Nuestro escenario no es otro que las salas de vistas de los distintos juzgados y tribunales. Grandes o pequeñas, clásicas o modernas, viejas o nuevas, sobre sus tablas se han desarrollado todo género de representaciones, desde la comedia más hilarante hasta el más terrible drama, desde la más insignificante pelea de vecinos al peor de los asesinatos, pasando por divorcios, reclamaciones de indemnización, despidos, testamentos, multas y sanciones, preferentes, infracciones al honor y cualquier cosa que dé lugar a un pleito. Y allí están ellas, aguantando estoicamente a unos y otros. Ay, si sus muros –o sus paredes de pladur, claro- hablasen. Los de ellas, y los de sus hermanas pequeñas, las salas multiusos. Han visto desfilar trozos enteros de vida. Argumentos para la mejor y para la peor de las películas.

A lo largo de mi vida profesional he pisado muchas. Como la mayoría de mis compañeros, tengo ya más tablas que Sir Laurence Olivier. Y también he hecho más bolos que cualquier folklórica. Gajes del oficio, supongo. Y las he conocido de todo tipo, y también en cualquier estado de conservación, desde la ruina casi absoluta –algo más frecuente de lo que sería deseable- hasta dotadas de los más modernos medios –algo menos frecuente de lo que sería deseable- Pero revestidas siempre de ese algo intangible que infunde a quien nunca las pisó una mezcla de sensaciones entre la curiosidad, el miedo y el respeto que resulta inevitable.

La primera vez que pisé una sala de vistas como fiscal fue en el acto de mi jura. En ese salón ya viejo, pero todavía imponente, se abría el portal de nuestros sueños en forma de juramento de la Constitución. Ese acto formal, donde estrenamos nuestra flamante toga y donde, flanqueados por nuestros padrinos, escuchamos por vez primera nuestro nombre seguido del cargo que, a partir de ese momento, marcaría nuestra vida. Esa acto donde ponemos por vez primera nuestros pies –y, en mi caso, mis tacones- en el marco de una función que repetiremos una vez y otra, pero siempre de manera distinta. Un acto entrañable, donde se mezcla la formalidad de los profesionales con la emoción de nuestros seres queridos. Un acto que, en mi caso, he tenido oportunidad de repetir representando el papel de madrina, y reviviendo todas las emociones de aquel día ya lejano.

Esa sala, que entonces me pareció tan imponente, luego ya no lo fue tanto, cuando descubrí que, de puro vieja, aún conservaba como una reliquia los braseros que en su día fueron necesarios, los sillones desvencijados donde una acaba por no saber cómo sentarse. Pero el recuerdo permanece incólume, como incólumes permanecen las constantes visitas de las palomas que la frecuentan, dicho sea de paso.

A ésa siguieron otras, y otras. Algunas tan diminutas que apenas cabían cuatro personas entre el público, otras, tan atestadas de expedientes en un improvisado archivo que temía que se desmoronaran en mitad del juicio, dejándonos sepultados entre causas y más causas. En pueblos y en capitales, en vetustos Palacios de Justicia o en modernas ciudades judiciales, todas con su historia, con sus risas y sus lágrimas, con sus dramas y sus tragedias.

Pero ése y no otro es el escenario de nuestros desvelos. Y lo seguirá siendo por mucho tiempo. Así que, la próxima vez que, toga en ristre, crucemos el umbral de una de esas salas de vistas repartidas por toda nuestra geografía, no olvidemos hacerle un guiño. No es balde ella ha sido testigo de más representaciones de nuestro teatro que cualquiera de nosotros. Y también merece su homenaje.

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2 pensamientos en “SALA DE VISTAS: EL ESCENARIO

  1. me ha encantado el post. como futura jurista considera muy importante el escenario asi como la representacion, pero es algo que a mi personalmente me da muchisimo respeto…imagino que una vez me estrene se me ira pasando! un saludo!!!

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  2. Pingback: Cumpleaños: una año de toga y tacones | Con mi toga y mis tacones

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