Argot: procesando el proceso


20200703_133252

Todas las profesiones tienen su argot o, al menos, sus guiños o sus palabras clave. La noche americana, además de una película de Truffaut, es un modo de rodar determinadas escenas en cine, y estar On the air o en el aire no es estar Volando hacia Río -ni siquiera bailando claqué en las alas del avión- ni hacia un Amor sin escalas, sino algo así como estar grabando o en las ondas. Y, si una no conoce los términos, puede hacer el más clamoroso de los ridículos, como quienes en un programa de televisión tradujeron “estar on fire” por “estar en el fuego”. Y, claro está acabaron quemados.

Si por algo se caracteriza nuestro teatro es por el uso de tantos términos extraños y palabras clave que, a poco que nos descuidemos, hacen que parezcamos incomprensibles. Y, aunque mi consejo, como ya dije en otro estreno, es utilizar un lenguaje  accesible, no siempre lo logramos. Incluso hay quienes cometen el error  de pensar que por hablar un jerga incomprensible parecen más sabios, cuando es exactamente lo contrario.

Pero, por si alguien duda, diré que este es el primero de varios estrenos dedicados al tema, porque da para mucho, como veremos a continuación. Por supuesto, con el permiso de Su Santidad, el modo en que, a veces, leemos eso de SS que no se refiere a la policía nazi ni a la Seguridad Social sino a sus señorías.

Nuestro lenguaje ya es peculiar desde antes de ingresar en Toguilandia. Por eso, aunque quienes opositan hablan con frecuencia de cantar, no pertenecen a un coro ni van a dar ningún recital en el Liceo. Aluden a los temas de la oposición que o se recitan como si fuéramos prosodas, o se cantan, Nunca se dicen. Faltaría más.

El proceso da para mucho en lo que a palabrejas se refiere. ¿Acaso alguien fuera de Toguilandia imagina que un pelo, un palo o una flauta puedan ser algo distinto de un cabello, una vara o un instrumento de viento? Pues así es.

Cuando yo llegué a Toguilandia ya no existía, pero durante mucho tiempo hubo un procedimiento, llamado procedimiento de urgencia para delitos menos graves y flagrantes al que todo el mundo llamaba PELO. Por contraposición, el que vino a sustituirle, el Procedimiento Abreviado para determinados delitos, se le llamó PALO o, simplemente pé-a (PA) cuando ya le habíamos cogido confianza. Por supuesto, podía acabar en una “cali” -que no es el dimintivo cariñoso de Calimero sino una calificación- o en un ese-pé , es decir, un sobreseimiento. Por supuesto, cuando los ese-pés son muchos, hablamos de esepear, que puede hacerse en la modalidad P1 y P2, que no es jugar a los barquitos sino aludir al número del precepto que determina falta de prueba o autor deconocido. Menos frecuentes, pero también posibles, son los ese-eles (SL) que es como la madre de todos los sobreseimientos porque no admite reapertura.

Pero no solo de procedimientos abreviados -que son todo menos breves- vive el proceso penal. Tenemos nuestro propio modelo de DIOR, que aunque desearíamos que fuera un traje o un perfume, no es sino una diligencia de ordenación; nuestras Dip, que nada tienen que ver con mojar cereales en salsa de queso, y nuestras Dur, que no es la abreviatura de dureza. Se trata de las Diligencias de Investigación Penal o Diligencias Previas o de las Diligencias Urgentes propias de los juicios rápidos que, cuando se combinan entre sí dan lugar a las Dip Dur. También se habla, para abreviar, de Previas, sin nombre propio, e incluso de previable para referirnos a alguien que apunta maneras delictivas. ¿Parece un galimatías? Pues esto no es nada para lo que queda.

Cuando se trata de asuntos realmente gordos por la pena asignada, como una violación, el procedimiento adecuado se llama “sumario ordinario”. Que no se emplea dicho término desde luego, ni porque sea una vulgaridad no tampoco porque sea lo frecuente, porque aunque sea el procedimiento tipo frente al abreviado que es el especial, es más extraordinario que ordinario. Así que si alguien oye en Toguilandia que “es un ordinario” solo se alude a un tipo de proceso, no a un señor muy patán. Un tipo de proceso, por cierto, que aunque se llame “sumario” nada tiene de resumen ni de índice como podría creerse sino todo lo contrario. S.e.u.o -salvo error u omisión, una abreviatura que tiene muchos toguifans– , se trata de unos tochos de cuidado

Por el otro lado están los asuntos más chiquitillos, los que antes se llamaban juicios de faltas pero llamábamos juicios de faldas o de flautas, según de que fuera la cosa. Ahora les han sustituido los juicios por delitos leves que, como ya dijimos, han pasado a llamarse leves, o, mejor, levitos. Y hasta delititos, otra propuesta interesante. Siempre suena más simpático.

Hay otros procesos con nombres y alias curiosos. Una compañera me habla de las Preincas, que aunque suena a pueblo de la Amazonía no son más que unas diligencias previas a la incapacitación. Y, si hablamos de concursos, olvidémonos de La ruleta de la fortuna o Pasapalabra, que estamos hablando de unas finanzas en estado catatónico. Y conformarse  no es resignarse a lo que a una le pase, sino aceptar los hechos de que se acusa a alguien con la propuesta de una rebaja de pena.

Y que nadie se asuste. Si hablamos de ejecutar o liquidar, no hemos decidido ingresar en el hampa. La ejecutoria es el expediente que se incoa -abre, en juriargot- para el cumplimiento de las condenas, y la liquidación, el cómputo de los días de prisión o de cualquier otra medida que ha de cumplir el condenado. Pero no confundamos las penas en general con la llamada pena de banquillo. No se trata de condenar a alguien a permanecer sentado, sino que es la forma en que se denomina el castigo que por sí mismo puede resultar el hecho de estar acusado en un juicio, independientemente de cuál sea el resultado.

Por su parte, si lo que queremos es decretar la prórroga de prisión para quien fue condenado en una sentencia que se ha recurrido, hay que celebrar un acto que entre toguisconsultos llamamos mediapena. Aquí hay explicación: se le atribuye ese nombre porque el límite aplicable es la mitad de la condena impuesta en la primera sentencia.

Por supuesto, para ejecutar, previamente tiene que haber habido una condena, y esta a su vez requiere de una instrucción que, pese a lo que su nombre indica, no es la que hacen los soldados, al igual que instruir equivale a investigar, pero no a enseñar, por más que haya más de uno y de dos que necesiten que les enseñen, sean o no soldados. Y, aunque nos hayan enseñado que no hay que señalar, en Toguilandia no solo se pude sino que se debe, porque señalamiento es la fijación de fecha y hora para juicio. Si no te encuentran, te declaran rebelde, algo que no tiene nada que ver con la canción setentera de Jeanette ni con un comportamiento díscolo. Aquí no son rebeldes porque el mundo les haya hecho así. O tal vez sí, pero no es eso lo que interesa.

Y para quien crea lo contrario, el lenguaje inclusivo existe desde hace mucho en Toguilandia, y en Fiscalía más concretamente. Aquí hay vistas y vistos. Lo primero es como se llama a todo lo que se celebra en salas de tribunales y juzgados; lo segundo, es la fórmula que se emplea por los fiscales para mostrara que se está conforme con una resolución. Sea un auto -que no es un vehículo automóvil-, una providencia -que nada tiene que ver con lo que nos pasará mañana- o una sentencia.

Para acabar (por hoy) contaré una anécdota proporcionada por una compañera generosa. A ella, como nos suele pasar sobre todo cuando se aproximan vacaciones, “le entró un preso” y así se lo contó a su marido. El pobre no entendía cómo dejaban entrar a presos en fiscalía, y no los vigilaban lo suficiente hasta el punto que pudieran tratar de ligar con una fiscal. Y es que no hay quien entienda que digamos que entra alguien en un sitio solo para referirnos a la llegada de una causa a nuestra mesa. Pero así es como hablamos. Y como nos entendemos. O no.

Hasta aquí la ración de hoy de argot tribunalero. El aplauso, por descontado, para todos mis compañeros y compañeras que han aportado a este estreno, y a los que le seguirán, que queda materia de sobra. Solo hay que pedir un bis y aquí estará la próxima semana. ¿Hace?

2 pensamientos en “Argot: procesando el proceso

  1. Supongo que el uso de un lenguaje particular, solo entendible por los iniciados, es común a muchas, si no a todas, las profesiones. En la sanitaria, dentro de la especialidad de oftalmología, es habitual hablar de “cuerpo extraño” cuando se introduce dentro del ojo una partícula que no debería estar allí y, claro, ocasiona problemas. Esta situación dio lugar hace años a un chiste en el que en la puerta de una consulta dicen: “que pase el del cuerpo extraño”. Y el final, hoy políticamente incorrecto, no es difícil de imaginar.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s