Palabrejas: ¿sustituibles o insustituibles?


                Ya lo hemos dicho más de una vez, cada profesión tiene sus tecnicismo, su argot y, en definitiva, su propio lenguaje. El cine y el teatro no son una excepción, tanto al emplear sus propios términos, como se hace en La noche americana o Primer plano, como al adoptar los propios de cualquier otro oficio, como el periodismo –Primera página-, la Justicia –Ausencia de malicia, Homicidio en primer grado-, la danza –A chorus line-, la medicina –Medidas extraordinarias, Una terapia peligrosa-, Música –Allegro ma non tropo– Cocina –Chef– y cualquier otro. De hecho, en muchos casos suponen la popularización de términos hasta entonces desconocidos para el gran público.

Si de algo tenemos para aburrir en nuestro teatro, es de palabrejas. Y conste que digo lo de “aburrir” con toda la intención, porque hay veces que nuestras conversiones aburren a las ovejas. Eso es, al menos, lo que dicen siempre mis hijas y, según una de ellas, la razón por la que nunca se planteó dedicarse a nuestra profesión. Qué le vamos a hacer.

Ya hemos abordado en otros estrenos el argot , la terminología,  hasta los latinajos, siempre con la duda de si nos pasamos o nos quedamos cortos. ¿Tenemos que hacer nuestros informes con profusión de citas, latinajos y palabras ampulosas, o hemos de descartarlas y sustituirlas por otras más corrientes? Como siempre, en el punto medio está la virtud, pero encontrar el punto medio entre la pedantería y la vulgaridad no es cosa fácil. Nada fácil

La verdad es que la vetustez de muchas de nuestras leyes no nos pone fácil la modernización. Por su causa o tal vez por su culpa, las casas se llaman fundos o predios, o bienes inmuebles, los animales se llamaban semovientes o los coches vehículos de motor. Todavía recuerdo las dificultades de explicar las diferencias entre lo que era una moto y un ciclomotor y por qué el ciclomotor, pese a ser un vehículo y tener motor, no era un vehículo de motor.

En otras ocasiones, son las propias leyes las que tienen interés en confundir. Ya hemos hablado alguna vez de que el investigado es la persona a la que aun no se ha investigado, y que precisamente se le investiga para saber si es investigado o no, o que cuando a alguien se le citaba como imputado no implicaba que en ese momento se le imputara nada, e incluso podía llegar a no imputársele nunca. Esas líneas rojas que se difuminan y serpentean y de las que hablamos alguna vez.

Además de palabras, también hay frases que empleamos con frecuencia y no siempre son necesarias. Es más, en ocasiones impiden que los árboles dejen ver el bosque. También en estos casos en difícil distinguir entre el formalismo necesario o la afectación sobreactuada, en la que todo el mundo en Toguilandia ha caído alguna vez. Y si no, que levante la mano quien no lo haya hecho. Un ejemplo claro es el de utilizar demasiadas veces la expresión “con la venia” que, en realidad, solo debería emplearse en Sala, y no en interrogatorios en la guardia, por ejemplo. Otro, es el empleo indiscriminado de títulos y tratamiento cada vez que abrimos la boca. Llamar veinte veces al Juez o jueza “señoría ilustrísima” hablar de su reconocido prestigio o su indiscutible sapiencia sobrepasa el límite de la cortesía y puede adentrarse peligrosamente en el del peloterismo puro y duro. Por su parte, las referencias a “insigne compañero”, “ilustre representante del Ministerio Fiscal” o parecidas, muchas veces tiene una pátina de ironía que transmiten exactamente lo contrario de lo que dicen.  También resulta un tanto petulante hablar del “compañero que me ha precedido en el uso de la palabra”. Y, desde luego, cuando alguien se refiere a los “estrictos términos de defensa” es como si estuviese pidiendo perdón por cargar la escopeta que va a disparar a continuación.

A veces ni siquiera somos conscientes del uso de nuestras palabrejas, y al final los no iniciados no se enteran de nada. Recuerdo a una amiga opositora –hoy médica forense- que me decía que le resultaban muy densos los temas Derecho que tenía que estudiar. A mí me llamó la atención, porque eran bastante generales y no les veía complicación alguna, al lado de todas las cosas dificilisimas que debe saber un profesional de la medicina. Me dijo que no entendía por qué incoábamos un procedimiento en vez de iniciarlo, por qué los testigos deponían en vez de contestar o por qué considerábamos documento a algo que no lo era, como una placa de matrícula.

Y es que si nos ponemos a pensar, hablamos raruno. Es muy extraño eso de pedirle a alguien que diga ser cierta tal o cual cosa en lugar de preguntar directamente, o pedir el recibimiento del pleito a prueba en vez de proponer pruebas sin más. Por  no hablar de esos latiguillos de “la documental por reproducida” y “las conclusiones a definitivas” que decimos casi sin pensar. Todavía recuerdo el día que me afirmé y ratifiqué en u informe que nunca  se había hecho porque, por error, no se había dado traslado al fiscal. Me dí cuenta enseguida, y como quiera que la tierra no me hizo caso y no se abrió a mis pies, hube de pedir disculpas. Como no podía ser de otro modo.

Más de una vez deberíamos pensar quienes son los destinatarios de nuestro trabajo, y obrar en consecuencia. Porque si la justicia emana del pueblo, es cuanto menos extraño que se exprese en términos que el pueblo no entiende. Pero, ojo, que la culpa no es solo nuestra. He oído más de una vez a clientes que aplaudían a su abogado por un informe brillantísimo en el que “no habían entendido nada, pero sonaba de maravilla”

Para acabar, reformularé un refrán, parafraseando el original, como fórmula a seguir. Las palabrejas, si proceden las usas y si no las dejas.

Por todo lo dicho, no me limitaré reproducir por vía de informe, y daré mi aplauso a quienes, como decíamos al principio, consiguen mantenerse en ese difícil equilibrio entre ser entendible pero no vulgar, y tener cultura pero no pedantería. Un verdadero lujo en nuestro escenario.

4 pensamientos en “Palabrejas: ¿sustituibles o insustituibles?

  1. Me ha encantado y me ha hecho reí que no es poco en estos días!!! Pese a estar de acuerdo en que los tecnicismos de la abogacía son aburridos, escuchar a técnicos, informáticos y en general científicos creo que es mucho más complicado e inteligible….

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