
Hay silencios tan o más expresivos que algunos gritos. Así lo decía Hannibal Lecter en El silencio de los corderos. Pero hay más silencios cinematográficos: Silencio roto, Silencio en la nieve o El silencio de un hombre. Y es que el Silencio, en la vida o en la pantalla, siempre tiene consecuencias.
En nuestro teatro el silencio se canaliza de muchas maneras. Ya hablamos de algunas de ellas en otro estreno, pero hoy trataremos de uno especial, la infradenuncia, cuyas consecuencias jurídicas o, mejor dicho, la fala de ellas, es muy importante. Especialmente en delitos referidos a persona vulnerables, como la violencia de género o los delitos de odio, o cuando la denuncia es requisito de procedibilidad como ocurre en los delitos sexuales.
Con carácter general, entendemos por situación de infradenuncia la que existe cuando los delitos denunciados son muchos menos que los delitos cometidos. Por supuesto que para llegar a esta conclusión se utilizan estimaciones aproximadas, puesto que, salvo que se haya seguido procedimiento de oficio porque los hechos hayan llegado a conocimiento del órgano judicial por otra causa, es difícil saber de aquello que no se ha denunciado.
La situación, en cualquier caso, es diferente según se trate delitos perseguibles de oficio o perseguibles a instancia de parte. Cuando se trata de delitos privados -como a calumnia o la injuria- o semipúblicos -como los delitos contra la libertad sexual- la falta de denuncia tiene una consecuencia muy importante: el delito no puede perseguirse y por tanto queda impune. Y no solo eso, sino algo peor, el delincuente queda libre y en disposición de volver a repetir su crimen. Pensemos, sin ir más lejos, en una violación de una persona mayor de edad y en pleno uso de sus facultades. Si la víctima no denuncia, aunque haya testigos o grabaciones, no habrá manera de castigar al violador ni, por tanto de evitar que vuelva a cometer el hecho. Y si esa situación se repite en muchos casos hasta llegar a considerar que existe una situación de infradenuncia, serían un número considerable el de delincuentes impunes.
Respecto a este tipo de delitos, los de carácter sexual, siempre surge la misma duda. ¿Hay muchos más ahora, o se denuncian mucho más? Pues es absolutamente imposible dar una respuesta objetiva, pero puede pensarse en una mezcla de ambas cosas. Con un ingrediente extra: el interés mediático que ahora, y sobre todo desde el caso de La Manada, es muy grande, y antes no lo era tanto. En cualquier caso, cabe preguntarse por qué las mujeres no denuncian y, sobre todo, hay que remover los obstáculos para que lo hagan. Y el procedimiento judicial, donde tienen que declarar varias veces con una victimización secundara importante, es un gran obstáculo. Cada vez se trata de suavizarlo, pero para muchas victimas el proceso sigue siendo un suplicio, y para evitarlo no denuncian.
En cualquier caso hay que apuntar que nuestro sistema de perseguibilidad a instancia de parte de los delitos sexuales no es el único posible, y hay razones para plantearse un cambio. Entre ellas, la regulación del Convenio de Estambul, que se aleja de nuestro sistema para impulsar un mucho más cercano a la perseguibilidad de oficio.
Pero tal vez los delitos donde es más evidente la situación de infradenuncia son, como he dicho, los de violencia de género y los relacionados con delitos de odio.
Por lo que afecta a la violencia de género, se estima que se denuncian, aproximadamente, entre un 20 y un 30 por ciento de los delitos que se cometen. Las razones son muchas, que pueden concurrir solas o combinadas. La dependencia psicológica, la dependencia económica, el miedo a las posibles represalias, la falta de confianza en el sistema, la vergüenza o el temor a no ser creídas son algunas de las razones que llevan a las mujeres a no denunciar. Y habría que conocer las causas para encontrar la solución. Porque no podemos olvidar que la mayoría de mujeres asesinadas no habían denunciado.
En cuanto a lo delitos de odio , todavía es más sangrante la cifra de infradenuncia. Hay estadísticas que estiman que se denuncian solo el 3 por ciento de los delitos, e incluso las más optimistas no pasan del diez por ciento. Eso significa que no conocemos ni la décima parte de estos delitos con las consecuencias que ello supone, tanto para las víctimas como para el resto de la sociedad. En este caso, las razones pasan, fundamentalmente, por la desconfianza en el sistema y por la vulnerabilidad de las víctimas, que les lleva a no denunciar. Pensemos, por ejemplo, en inmigrantes irregulares que no denuncian porque no se conozca su situación, o en indigentes que difícilmente acudan al sistema. También en este caso es importante remover las causas que originan esa situación de infradenuncia, entre ellas, asegurar la protección delas víctimas sea cual sea su situación, y fomentar la confianza en nuestro sistema. Fácil de decir pero no tan fácil de hacer.
Y hasta aquí estos apuntes sobre una de las cuestiones que más preocupan en determinados delitos. El aplauso lo dejaremos para el día que esa situación cambie. Que esperemos que sea pronto.








