Neolenguaje: la nueva normalidad


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Vivimos tiempos de continuos sobresaltos. Nunca como ahora estuvimos pendientes de lo que dicen los informativos y los datos del día, siempre Al filo de la noticia, y deseando cada día acabar con un Buenas noches y buena suerte. Lo ideal sería que en Primera Página saliera el fin de la pandemia con la llegada de la vacuna pero mientras tanto hay que seguir adelante con esto de los avances y los Encuentros en la tercera fase que tanto deseamos, sin necesidad de viajar a otro planeta. Por supuesto, evitando el riesgo de Contagio en todo momento. Aunque para eso tengamos que ser La máscara

En Toguilandia, y en todas partes, nos disponemos a afrontar esa nueva normalidad que tiene de todo menos de normal. No me extraña que haya quien la haya llamado “la nueva anormalidad”. Pero habrá que acostumbrarse. Y habrá que acostumbrarse también a ese lenguaje nuevo, tanto con sus nuevos palabros como con los viejos que cobran nuevo significado. Porque quizás el primer paso de la nueva normalidad sea adoptar la jerga de la pandemia. Así que vamos a ello.

Lo primero que tenemos que aprender es los nuevos palabros, parecidos o no a los que en su día merecieron un estreno. Y el primero, y rey absoluto por el momento, es la desescalada que, aunque parece que venga de los deportes de montaña, de eso nada. Hasta donde yo sé, en el alpinismo se escala para llegar a un sitio y luego se desciende, no se desescala. Y, desde luego, en ese deporte la subida es siempre voluntaria, y no una curva maldita en la que nunca nos hubiéramos querido ver, por más que, eso sí, tenga forma de montaña. Qué diría el abuelo de Heidi si supiera que comparan una pandemia con su querida montaña… En Justicia como hemos escalado poco, poco podremos desescalar. Lo nuestro, después de la suspensión de estos días y el colapso que se avecina, más que desescalar va a consistir en despeñarse a poco que nos descuidemos.

Otra de las expresiones top es la del distanciamiento social que, por cierto, no acabo de entender. Se supone que distanciarse de alguien es algo más psíquico que físico, y en nuestro caso tanto da cómo estemos de unidos psicológimante mientras no nos acerquemos a más de metro y medio los unos de los otros. Y eso aunque estemos celebrando un juicio, tomando una declaración o trabajando en nuestro despacho. O sea, lo que toda la vida se había llamado distancia sin más. O lo que, en Derecho, llamamos “alejamiento”. Y además sin necesidad de apellidarla “social”, aunque quede mucho más bonito. Donde va a parar.

Por otro lado, otra de las nuevas formas de expresarse consiste en usar el lenguaje bélico. Vamos a derrotar al bicho, lo haremos tanto quienes están en primera línea en el frente como quienes estamos en las trincheras de nuestras casas, perdemos batallas pero ganaremos la guerra, no daremos tregua, etc etc, etc. Todo ello, por descontado, con su conveniente forma de arenga aunque hay que reconocer que  un poco más larga y enrevesada que la que hubiera hecho Napoleón. A veces, confieso que me parece estar más cerca de la parte contratante de Groucho Marx en su Noche en la Opera. Claro está que en las actuales circunstancias, lo del camarote a rebosar va a ser que no.

Luego están las palabras rebautizadas para que suenen mejor. Por eso las tiendas no se reabren sino que se reaperturan, como si fueran uno de nuestros sumarios. Y la economía se reactiva, porque decir que se activa sería reconocer  que estaba parada, y eso duele.

Pero es muy bonito ver que, como en el caso de lo de reapertura, el lenguaje de Toguilandia también es bueno como neolenguaje. Ya adoptamos lo del confinamiento  con naturalidad y ya hubo quien comparó nuestra situación con la privación de libertad propia de las penas del Código Penal. Ahora, en esta famosa desescalada, nos hablan de libertad condicional, porque podemos salir pero con unas condiciones muy determinadas. Y cualquier día nos comparan la obligación de someterse a controles de temperatura en determinados casos con la obligación de comparecer apud acta. Tiempo al tiempo

Lo que sí ha adoptado todo el mundo es la costumbre de hablar de delitos de odio como si bastará con odiar para cometerlos. Ya hablamos de eso en su día, al igual que de las fake news que vuelven a estar en el candelero, como dijo la famosuela en su momento.

Aunque a mí lo que más me gusta es la nueva significación de palabras que ya existían. ¿Quién nos iba a decir que al hablar de mascarillas ya no nos referiríamos a la de pepino o de jugo de aguacate para la cara o el el pelo? ¿O que se podía plastificar algo en Toguilandia que no fueran los carnets, cuando de repente nos encontramos con las sedes envueltas en film transparente? ¿Y cómo íbamos a imaginar que un día íbamos a necesitar parabanes para protegernos y no solo para proteger a las víctimas o testigos del contacto visual con el acusado?

Aunque lo mejor es lo de las fases, con una nueva numeración que puede ser difícil, al menos a los habitantes de Toguilandia, que somos  mayoritariamente de letras, eso que la primera fase sea la fase 0, tras la cual viene la primera fase me tiene que vivo sin vivir en mí. Pero lo superaré. Y sino, seguiré las del Baile del Chiki-Chiki del Chiquiliquatre, entre las que me quedo con el Maiquelyacson, claro está, aunque el Crusaíto tampoco esté nada mal.

Pues es lo que hay.  En un mundo donde todo el mundo sabe lo que es un ERTE, algo desconocido, no es de extrañar que surjan epidemiólogos en cualquier esquina, sobre todo de redes sociales y tertulias, y cualquiera hable sin ningún empacho de cosas como letalidad o  carga viral.

La verdad es que eramos muy felices cuando Epi solo era el compañero de Blas, y no la equipación más deseada en el mundo.

Pero seguiremos adelante. Con neolenguaje y todo. Y mientras tanto, daremos el aplauso a todo el mundo, que de esta ya estamos saliendo. Y lo haremos antes de que lo llamen aplaudimiento o cualquier otra cosa que parezca más fina. Ahí estamos

Y una vez más, gracias a @madebycarol por esta ilustración tan estupenda y adecuada. Siempre acierta

 

 

4 pensamientos en “Neolenguaje: la nueva normalidad

  1. Pingback: Reconstrucción: de vuelta | Con mi toga y mis tacones

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