Fake news: mentiras arriesgadas


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Las mentiras son, desde luego, el nudo gordiano de más de un argumento, y otro tanto ocurre con los malos entendidos, Cuando unas y otros se mezclan y retuercen , pueden dar lugar a comedias de enredo, divertidas y de final amable o a verdaderos dramas. Depende como se traten las mentiras -aunque vayan en el pack de Sexo, mentiras y cintas de video– al Mentiroso compulsivo o a La infamia que marca al alguien para siempre. En cualquier caso, lo que no se pude negar es que a las mentiras las carga el diablo, y tienen más peligro que La escopeta nacional, que un Colt 45 o que todo un Arsenal. No en vano son Mentiras arriesgadas

Las mentirasen Toguilandia son el pan nuestro de cada día, sobre todo a un lado de estrados, ya que el acusado puede, al ejercitar su derecho a no declarar contra sí mismo y no declararse culpable, mentir como un cosaco, algo a lo que ya dedicamos un estreno.

Pero no todas las mentiras son iguales ni tienen los mismos efectos. A las que hoy vamos a dedicar la función es a esa clase llamada “fake news”, un tipo de noticias falsas que ha tomado carta de naturaleza, anglicismo incluido, en los últimos tiempos, por ser especialmente aficionado a ellas algún que otro dirigente internacional con una cáscara de plátano por cabellera y un peculiar tono zanahoria en su piel.

No es que antes no existieran, sino que éramos más sencillitos y las llamábamos rumores, chismes o cotilleos, adornándolas con las virtudes de nuestro refranero cuando decía eso de “injuria, que algo queda” o “cuando el río suena agua lleva”. Siempre me he planteado lo listo que debe ser el señor Anónimo, autor, como sabemos, del refranero, para distinguir de un modo tan exquisito una injuria de una calumnia o de un vulgar insulto pero eso es, como él mismo diría, harina de otro costal.

Mis primeras Fake news, -o algo parecido, que entonces no se llamaban así y no se distinguían de los rumores mondos y lirondos- relacionadas con el Derecho las viví antes de toguitaconarme, aunque cuando ya andaba camino de ello. Las primeras fueron muy típicas de determinada época estudiantil y quienes sonrían recordándolas seguro que ya peinan alguna una cana -o ninguna, según como se mire-. Se trata de aquellos avisos de bomba especialmente frecuentes cuando había un examen. Tan frecuentes eran que un precepto del código penal sancionaba ese alarmismo. Y era curiosa la diferente reacción del profesorado: había quien se empeñaba en ignorarlo, y quien hacía todo lo contrario, pero al final el examen siempre acababa posponiéndose horas o días, según el caso. Por supuesto, nada tiene esto que ver, aunque pueda parecerlo, a los peores tiempos del terrorismo en que, por desgracia, había que tomar los avisos más que en serio.

La siguiente experiencia pre-toguitaconada fue una más de andar por casa, pero también bastante común a estudiantes de cualquier carrera. Ese momentazo en que, en la noche antes del examen que habíamos de pasar sin dormir porque nos había pillado el toro de la imprevisión, alguien suelta el bulo de que el profesor o profesora no va a hacer examen. Normalmente, se relacionaba con alguna circunstancia que lo hiciera verosímil, como la próxima jubilación del docente o algún nombramiento fastuoso, y empezaban a sonar los teléfonos -fijos, nada de móvil y menos aún de whatsapp o redes- con lo que todavía perdíamos un tiempo precioso para aprender unos cuantos artículos más del Código que fuera. Siempre recordaré la conversación surrealista con mis amigas una noche que, entre cafés y coca colas para despejarnos, acabamos con esta afirmación gloriosa “la profesora X dijo que iba a hacer examen, pero no dijo que lo iba a corregir” Y nos pareció tan coherente, oye. Las componentes de esa cuadrilla seguimos juntas, acabamos la carrera y, de vez en cuando, le recordamos a la autora su genialidad. Por cierto, hicimos el examen y lo aprobamos.

Cuando ya mi momento toga estaba mucho más cerca, hubo otra de estas noticias bastante más similar a lo que hoy conocemos como fake news. Nos habíamos examinado del primer ejercicio de la oposición, que en nuestro caso era un escrito, cuando empezó a corre por tierra, mar y aire el rumor de que se había inundado un sótano donde guardaban nuestros exámenes, y estos se habían mojado, habiendo devenido inservibles. Las reacciones fueron variadas, desde quienes lo entendieron como una segunda oportunidad del destino porque su examen era una catástrofe hasta quienes se acordaron de todos los ancestros de Santa Bárbara porque les había salido niquelado. Nunca supimos de dónde salió el rumor, ni si se llegó a mojar algo, pero puedo asegurar que los ejercicios estaban incólumes y que aprobó quien tenía que aprobar.

Una vez toguitaconada, también he visto algunas cosas que entrarían en esa categoría de fake news, aunque es ahora, con el advenimiento de Internet y las redes sociales, cuando empiezan a florecer a nuestro alrededor, y más que lo harán. Una de las más típicas es la que se relaciona con nombramientos y ascensos, de candente actualidad, y que asegura que Fulano o Zotana van a ocupar tal cartera, tal consejería o aquel puesto en la carrera. Luego es o no es, aunque lo más normal es que no sea y el o la tapada aparezca por sorpresa y deje al resto con tres pares de narices.

Nos podemos encontrar también con cosas que se hayan publicado imputando un delito a una persona o colectivo que no tengan nada que ver -de nuevo injuria, que algo queda- o que se inventen directamente una noticia. Y también, lo que es más peligroso, hay manipulaciones de noticias auténticas o interpretaciones interesadas de datos que, una vez difundidas, se repiten hasta que todo el mundo cree que son verdad y lo afirma con total seguridad.

Una de la que ya he hablado alguna vez es la noticia que de vez en cuando se expande en redes de que un Juzgado de Valencia ha dicho que “expulsar una ventosidad es violencia de género”. Sé de buenísima tinta que juez y fiscal estuvieron buscando esta sentencia, por si alguno de ambos había sufrido un ataque de amnesia y jamás la encontraron. Si la recibís, fijaos que el recorte no tiene autor, ni fecha, ni nombre del periódico, algo que ya debía hacer sospechar, y además va corriendo por ahí desde 2010.

Otra de las tácticas frecuentes es partir de datos reales para difundir conclusiones erróneas. El más claro ejemplo es el de los miles de hombres que se suicidan por un divorcio injusto. Ni que decir tiene que no hay ningún estudio que relaciones cuántos de los suicidas estaban en ese trance, y además, tomaron la decisión por esa razón y no por cualquier otra como una depresión o una enfermedad terminal por poner algún ejemplo.

Y últimamente empiezan a aparecer estadísticas falsas sobre hombres asesinados por sus mujeres .curiosamente, siempre son 30, sea el año que sea- cuando se puede comprobar que no es así. También ocurre con hechos delictivos que se atribuyen a inmigrantes, a personas pertenecientes a determinados colectivos, o a menores no acompañados -a quienes despersonalizan llamándolos “menas”- para olvidar que son simplemente niños. Aunque he buscado por necesidad, no he encontrado nada -aun- al respecto en la jurisprudencia. Pero estoy segura de que no tardará en haberlo, y que si no lo encuentro yo mi compi Escarlata (@escar_gm, alias Rastreator) lo localizará. Os daré cumplida cuenta.

Por último, no quiero acabar sin hacer referencia a dos de estas fakes de toda la vida que seguro que hemos visto alguna vez. Una sería la de la niña, el perro y la mantequilla de Ricky Martin, de la que todo el mundo aseguraba que conocía a alguien que lo había visto, pero aun no he leído a nadie que lo viera. Obviamente, porque nunca existió. La otra es una que, periódicamente, aparece en las redes no sé por qué: la supuesta muerte del cantante Chayanne, que no sé quien le quiere tan mal que le mata un par de veces al año mientra el sigue de gira dando botes como un poseso. ¿Y que decir de que Elvis está vivo, o de que uno de los Beatles murió y lo sustituyeron por un doble? Pues eso, que no hemos inventado nada. Solo hemos puesto un nombre anglosajón y aprovechado el poder de difusión de Internet.

Así que hoy, el aplauso, como no podía ser de otra manera, es para quien se asegura de que una cosa es verdad antes de difundirla. Un ejercicio más saludables que una semana entera de gimnasio y a veces igual de costoso.

 

 

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