Reconstrucción: de vuelta


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El regreso a cualquier sitio es un bonito tema para cualquier tipo de arte. Que se lo digan si no al cine español, en el que dos de sus más sonados éxitos, Volver a empezar y Volver tratan precisamente de eso. Aunque no es el único. ¿Quién no recuerda aquella serie -luego peliculizada- llamada Retorno a Brideshead? ¿O películas como Los mejores años de nuestra vida o El regreso? Y es que a eso de regresar se le ha sacado tanto partido que casi dejan al limón sin una gota de jugo a base de regresos variados, como El regreso de Mary Poppins, El regreso de los muertos vivientes, El regreso de Aladino, Alien:el regreso o El regreso de la momia, entre otros muchos. Así que cuidado, no emulemos a Rocío Jurado y se nos gaste el regreso de tanto usarlo.

En nuestro teatro estamos de vuelta, aunque se llame reconstrucción o desescalada, con ese neolenguaje al que nos acabaremos acostumbrando -¿o no’- Pero no es una vuelta como las que hemos vivido hasta ahora. Nada tiene que ver con la vuelta al cole  con que nos encontramos cada regreso de las vacaciones, porque ni ha habido vacaciones ni hay en realidad regreso porque nunca nos fuimos. Precisamente, lo característico de este tiempo ha sido lo contrario, quedarse. Quedarse en casa, claro está, siempre que se podía, que a algunos y algunas de los habitantes de Toguilandia nos ha sido imposible.

Y ahí es donde está el primero de los problemas, en lo de las vacaciones. O la ausencia de ellas. Desde el primer momento, se barajó en ese plan choque que era más choque que plan la habilitación del mes de agosto, que finalmente ha quedado en un ni pa ti ni pa mí, O sea, que se habilita agosto pero solo unos días. Y, como quiera que soy buena y no me gusta sospechar, no diré que lo hicieron para enfrentar a los distintos operadores jurídicos. Así, he leído cosas tan lamentables como que los abogados se quedan sin vacaciones porque jueces y fiscales no queremos sacrificar las nuestras, como lo contrario, que la abogacía pone por delante sus vacaciones al derecho a la defensa. Pues bien, lamentables ambas posturas y, aunque minoritarias, son muy dañinas. Si no remamos en el mismo barco, mal vamos. Pero si remamos en direcciones opuestas, nos hundimos. Y además gastamos energías en enfrentamientos en lugar de en otras cosas mucho más productivas, sea trabajar por los derechos de los demás, o sea reclamar los propios para poder defender en condiciones los ajenos.

Sea como sea, ahora, poco a poco, con las fases y lo que nos vayan diciendo en cada caso, iremos regresando. Tendremos que recuperar el tiempo perdido, de una parte, y amoldarnos a esa nueva normalidad que nada tiene de normal, por otro. Así que, vayamos dándole un repaso imaginario. O no tan imaginario.

En cuanto a lo de recuperar el tiempo perdido, no va a ser fácil. Y eso, porque en Justicia somos especialistas en hacer complicado lo sencillo, o, mejor dicho, en no ver lo obvio. Y lo obvio no es otra cosa que, si queremos recuperar el tiempo perdido, lo más razonable sería poner más personal que pudiera trabajar simultáneamente en otras salas y sacando adelante los juicios de cualquier materia que quedaron empantanados. Se adelantaría y se guardaría la distancia de seguridad al duplicar en paralelo. O sea, lo que viene siendo nombrar juzgados paralelos con sus fiscales paralelos. Pero cuesta dinero, claro. Y aquí, como el refrán, mucho te quiero perrico, pero pan, poquico.

Y, como siempre, hay que hacer apaños. Nos hablan de jornadas de tarde, por ejemplo. Que no es mala idea si no fuera porque a la siempre difícil conciliación, se une el doble salto mortal de que no hay colegio. Con la pirueta en tirabuzón de que si hay deberes. Pero, tranquilicémonos, que hay excepciones a los turnos. Quienes tengan menores, quienes tengan mayores, quienes tengan una enfermedad y quienes sean mayores de 60 años. ¿Quién queda? Pues eso me pregunto yo, porque, o me fallan las cuentas, o quien no tiene edad de tener hijos menores o padres mayores, es porque ya es mayor de 60. ¿O no?

Pero no alarmemos, acabaremos entrando en esos turnos todo el mundo salvo excepciones muy puntuales, nos apañaremos como siempre hemos hecho y en nada se le habrá olvidado a todo el mundo y volverán a criticarnos por la lentitud de la justicia o porque los fiscales obedecemos órdenes del gobierno. Y si no, al tiempo. Nada nuevo bajo el sol

¿Y que pasará con la abogacía y procura? Pues más de lo mismo. O más de lo mismo, corregido y aumentado, porque sus condiciones laborales en circunstancias como estas son especialmente delicadas. Por eso insisto una vez más -y que me llamen pesada si quieren- en lo de remar unidos.

En cuanto a la logística, habrá que acostumbrarse también. Nuestra nueva realidad va a incluir sí o sí parabanes, mamparas, mascarillas y una prohibición de acercamiento distinta a la que acordamos para los delincuentes, quién nos lo iba a decir. Se acabó estrechar la mano por cortesía al compañero o compañera u ofrecerla a la víctima por empatía. Me decía ayer una letrada que era muy difícil atender a una víctima de violencia de género, y no poder hacer ese gesto que dice más que mil palabras para que se sienta apoyada. Es difícil manifestar empatía con una mascarilla de por medio y a metro y medio de distancia. Pero es lo que hay.

También será extraño ver las vistas sin togas, y no poder hacer -según han propuesto juicio donde se junten más de seis personas. No sé qué pasará con el resto, que son muchos, porque incluso un delito leve, con un par de testigos de cada parte, supera ese número. Será el momento en que los medios telemáticos hayan de dar el do de pecho, por más que suponga subir un buen repecho, y por más que cueste adaptarse a hacer las cosas pantalla mediante. Para eso hemos venido ensayando todo este tiempo con las videollamadas a familia y amigos, que tendremos que reconocer que hay con quienes hemos hablado más que en la vida. ¿A que sí? Pues eso

Así que, vamos a ello. Reconstruyamos Toguilandia como se pueda, y cuidado con el ladrillo que llevamos cada cual, no vaya a caérsenos encima. Que no será fácil

Mientras tanto, no nos olvidemos del aplauso. Que hoy va a ser de ánimo. Venga, habitantes de Toguilandia, que si nos unimos lo vamos a conseguir. Pero recordemos: solo si nos unimos.

 

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