Reyes Magos de nuevo: más precisos que nunca


                Aunque, en repercusión cinematográfica, nuestros Reyes Magos pierden por goleada ante Santa Claus, hoy son más necesarios que nunca. Es más, el estreno del año debería ser una película que plasmara la coalición entre unos y otro para asumir conjuntamente no el gobierno de la Navidad sino el de todo el año. Una película que, además, debería estar basada en hechos reales como esas que nos facilitan la siesta del domingo mejor que el mejor de los somníferos. Pero, mientras llega, tendremos que escribir nuestra carta, más necesaria que nunca.

                En nuestro teatro, ni un solo año hemos dejado de escribirles. Y he de decir que, como pasaba cuando era una niña, no siempre traen todo lo que pedimos. La diferencia es que entonces no siempre se podía llegar a todo lo que era capaz de pedir la imaginación de una niña que todavía cree en la magia, y ahora, nos conformaríamos con aquellos mínimos necesarios para quienes hace tiempo dejamos de creer en la magia.

                Porque, seamos realistas, si a alguien le quedaba el más mínimo rescoldo de creencia en la magia de la Navidad, esta se lo ha puesto fácil para barrerla de un plumazo. Sonrisas secuestradas bajo las mascarillas, reuniones restringidas, toque de queda, o limitaciones de aforo y de horarios no son buen caldo de cultivo para dejarse llevar por el espíritu navideño. Si a ello unimos los agujeros sin fondo en el bolsillo por la crisis económica, el panorama se vuelve desolador. Por mucho brilli brilli con que lo disfracemos.

                En las anteriores cartas, desde Toguilandia nos hemos desgañitado pidiendo medios, medios y más medios. Sobre todo, medios informáticos , que en muchas cosas todavía andamos dándole al pedal para que los ordenadores se pongan en marcha. Y claro, ha llegado el lobo y ha pillado a Pedro yendo a por uvas. Un lobo que, aunque diminuto e imperceptible a simple vista, ha sido más demoledor que el de Caperucita y el de los Tres cerditos juntos tras tomarse la pócima que volvía al Increíble Hulk en La Masa.

                Así que ahí va la primera petición, tan vieja como lo es nuestro escenario. Necesitamos medios materiales adecuados. Esto es, además de aprovisionarnos de bolis -que no sean verdes, por dios-, possits a discreción -qué haría sin ellos-, grapadoras, subrayadores, carpetas y demás adminículos de papelería, unos medios informáticos suficientes para que lo del teletrabajo sea una realidad que consista en mucho más que llevarse el trabajo a casa como toda la vida.

                Y, cómo no, medios personales. Necesitamos jueces, fiscales, funcionarios y funcionarias, forenses y hasta personal de limpieza, que siempre olvidamos la intendencia y hoy es más precisa que nunca. Qu no se nos olvide que la mopa, el trapo y el desinfectante son de las armas más poderosas para nuestra lucha diaria contra el coronavirus.

                Tampoco podemos olvidar que no podemos relajarnos mientras el virus siga ahí. Así que nada de trampas. No podemos sucumbir a la tentación de dejar de ventilar, de espaciar los juicios o de llamar para que desinfecten entre uno y otro. Que sí, que es una pesadez y lo hace todo mucho más largo, pero más pesado sería contagiarnos y más largo recuperarnos. Y eso sin ponernos en lo peor, claro…

                Pero, si en estos días duros hace falta algo, ese algo es la ilusión , eso tan volátil que siempre amenaza con marcharse volando. Y ahora, más todavía, con las ventanas abiertas para ventilar. Hagamos lo posible por mantenerla ahí, aunque cueste. Es una parte importante de la pócima del éxito. Unida, cómo no, a la esperanza, el bien más buscado en estos días inciertos.

                Este año, más que nunca, os pediremos, queridos Reyes Magos, esa varita mágica que nos debéis desde hace varios años. Creo que es hora ya de tenerla, y que, después de toda la experiencia que hemos adquirido -a la fuerza ahorcan- seguro que sabemos usarla. Y si no puede ser varita mágica, que sea su versión low cost, la lámpara de Aladino. Creo que a estas alturas tenemos la capacidad de síntesis suficiente para resumirlo todo en tres deseos, y hasta que nos sobre alguno.

                Por todas estas cosas, este año voy a introducir una novedad. Traed lo que queráis, pero, por favor, llevaos unas cuantas cosas. Llevaos el maldito virus para que no vuelva jamás, y llevaos con él la incertidumbre en la que nos ha sumido. No os pediré optimismo, ni alegría, porque seguro que sabemos encontrarlas en el momento en que el bicho desaparezca. Y seguro también que desaparece como por ensalmo ese cansancio perenne con el que vivimos cada día. No más Día de la Marmota, por dios. Y si tampoco hay Día de la Mascarilla, mejor que mejor. Ya va siendo hora de volver a vernos las caras, una frase que ha pasado de ser una amenaza velada a un canto a la esperanza.

                No me pondré muy pelma. No vaya a ser que no me hagáis caso, querido Reyes Magos. Por eso bajaré hoy el telón con el aplauso. Ese que os daremos, aunque sea en diferido, cuando todas estas cosas se cumplan. O, cuando al menos, se cumpla la que resume todo. Que se baja el bicho de una vez. Y para siempre.

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