Adaptación: las viejas novedades


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Para el cine, la adaptación es algo tan importante que tiene su propia categoría. En todos los certámenes cinematográficos existe el premio al mejor guión adaptado, para aquellos que consigan resultados prodigiosos del ejercicio de convertir en cine una obra literaria. Hay adaptaciones notables, como El nombre de la rosa, las hay que carecen de la magia del libro, como La historia interminable -en mi opinión, claro está- o que mejoran la novela como -también en mi opinión- La lista de Schindler. Aunque hay otro tipo de adaptación, la que consiste en adecuarse a nuevas realidades, como la transición del cine mido al sonoro que plasman Cantando bajo la lluvia o The Artist, el cambio de los Dias de radio a los de las pantallas, o de los cines de pueblo como el de Cinema Paradiso a las multisalas.

En nuestro teatro, vivimos en constante adaptación a los cambios y, aunque siempre llegamos tarde a todos ellos, como ocurrió con el teléfono móvil, la digitalización o el teletrabajo, ahora no nos queda otra que apretarnos los machos porque el coronavirus ha impuesto sus propias reglas a velocidades de vértigo.

Aunque, cuando de Toguilandia se trata, una siempre piensa que las velocidades de vértigo son más bien el vértigo a la velocidad porque aquí ya se sabe que las cosas de palacio van despacio. Por eso vamos a ser de las actividades más tardías en incorporarse a pleno rendimiento. O a todo el pleno rendimiento que en las actuales circunstancias sea posible.

La verdad es que pensar que se pueda tomar un café un una terraza pero no celebrar un juicio, resulta extraño cuanto menos. Pero también resulta extraño que los jugadores de fútbol regresen a los estadios, aunque sea sin público, y que les hayan hecho test a todos para seguridad, y que no ocurra igual con nosotros. Pero claro, donde va a parar la alegría de una camiseta de un equipo de primera con lo sombrío del negro de una toga de la Sala Primera…o de cualquier otra. Un buen ejemplo de las prioridades que tenemos y de lo que importa nuestra pobre justicia

Aunque he de hacer una aclaración, cuando hablo de equipo de fútbol de primera me refiero al masculino, que para el femenino ya han dado por finiquitada la liga. Una patada en el trasero del derecho a la igualdad que, desde luego, no se podrá resolver en un tribunal a tiempo de que resulte efectivo, porque en Toguilandia no metemos goles.

Pero hay que ser imaginativos. Podríamos celebrar los juicios en terrazas, o al aire libre, como los entrenamientos de fútbol, y asunto arreglado. Al fin y al cabo el Tribunal de las Aguas viene haciendo justicia consuetudinaria desde hace siglos al aire libre y ahí sigue, como el más antiguo, cuanto menos, de Europa. Al igual que otros como el Consejo de Hombres Buenos de la Huerta de Murcia, el Juzgado privativo de aguas de Orihuela o el Rotllet de L´Horta de Aldaia.

Desde luego, toda adaptación pasa por dos vertientes: La física y la telemática. El adecuado equilibro entre una y otra dará la clave de la recuperación y, sobre todo, del futuro. No podemos permitir que se utilice la pandemia para eternizar soluciones que nacieron con un carácter transitorio. Y de provisionalidad en Justicia tenemos un máster

Empezando por el tema físico, es evidente que mamparas, pantallas protectoras, guantes y mascarillas han venido a quedarse. Ya lanzábamos muchas preguntas al respecto en el anterior estreno, como qué hacer si alguien en Toguilandia no la llevaba, fuera magistrado o investigado. Parece que se avecina una disposición que las hará obligatorias, y asunto resuelto, al menos aparentemente. Porque ¿quién asegura que se usen bien, que sean las correctas, que se les dé un solo uso a las de un solo uso, valga la redundancia? Pues volvemos a lo de siempre, los medios. Si hay material suficiente para proporcionarlas cada día, se puede obligar a cogerlas y a deshacerse de ellas a la salida, lo que podría ser una solución, pero pasada por el tamiz del Poderoso Caballero.

En cuanto a los guantes he de confesar que a estas alturas tengo una empanada mental de tal calibre que ya no se si es mejor usarlos o no ni cómo ha de hacerse. Menos mal que lo de lavarme las manos una y otra vez lo tengo claro. Tanto, que Pilatos a mi lado sería un aficionado.

Sin embargo, una de las cosas más controvertidas es el futuro de las actuaciones telemáticas, y no tanto en el qué, porque todo el mundo está conforme que eran necesarias y hoy se ha demostrado y lo son aun más, sino en el cómo. Me explico. ¿Han venido para quedarse?

Aunque parezca viejuna, me arriesgaré a no dar un sí tajante, sino condicional. No se pude soslayar la necesidad y la utilidad de las posibilidades tecnológicas, como vimos al hablar de la blogoconferencia, pero esta nunca puede sustituir al capital humano. La tecnología es una herramienta, un medio, pero nunca un fin en sí misma. Del mismo modo que un juez o jueza utiliza un ordenador para dictar una resolución adecuada al caso, y no lo hace el ordenador con solo introducir las variantes y apretar un botón, tampoco la tecnología puede suplir el contacto humano

Y no es solo cuestión de seguridad, que también. Hay que evitar caer en la improvisación y que los sistemas en los que realizamos actuaciones judiciales sean seguros. Y ojo, seguridad no implica que vayan lentos como un caracol reumático, que a veces parecen ser sinónimos.

La distancia, las circunstancias especiales como las que vivimos, las dificultades de desplazamiento y mil cosas más pueden aconsejar un juicio en todo o en parte por videoconferencia. Y es, desde luego, un avance magnífico. Pero hay casos, como ocurre cuando hay menores o cuando la declaración de la víctima es la última prueba en que la inmediación es muy importante, porque todos los matices cuentan cuando una declaración puede por sí sola fundamentar una condena.

Sin embargo, hay muchos supuestos donde sobran trámites presenciales y falta eficacia. Así que en estos es en los que hay que avanzar aun a riesgo de que más de u día pase de con mi toga y mis tacosnes a con mi toga y mis pantuflas porque los pies no se ven. Pero no sé si sería capaz, que soy de llevar a rajatabla lo de Antes muerta que sencilla aunque sea desde casa.

Y hay otro factor que no quiero eludir. Aunque pueda resultar romántica y hasta cursi, creo que quienes trabajamos en Toguilandia necesitamos vernos, aunque sea de vez en cuando. De los compañeros y compañeras se aprende tanto o más que de la jurisprudencia, y eso no hay pantalla que la sustituya. Y un café virtual nunca puede ser un café de verdad.

Así que, como diría mi madre una vez más, el el medio está la virtud. Lo difícil es, precisamente, encontrar ese punto medio. Por eso, ahí va el aplauso, para quienes lo consiguen

Y, como ya se ha convertido en costumbre, el aplauso extra para@madebycarol, que siempre ofrece los mejores decorados para nuestras funciones

Un pensamiento en “Adaptación: las viejas novedades

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