ABOGADOS: CONTRARIOS, QUE NO ENEMIGOS


muñeco abogado

Todos los buenos espectáculos tienen sus mejores representaciones en días de fiesta. Y nuestra función, claro está, no podía ser menos. Por eso, aprovecho este día en que media España está de fiesta –no en vano es la Virgen de agosto- para presentar uno de los personajes más polivalentes de todos: el abogado. Ese que igual defiende que acusa, demanda que es demandado, se querella o es querellado, apela o es apelado, en definitiva, gana o pierde. O ambas cosas que, como nos decían en la Facultad, todo es interpretable en Derecho.

La elección de esta fecha, 15 de agosto, para dedicar mis palabras a los abogados, no es casual. Si cuando hablaba de los forenses decía que mi cadena de ADN estaba pegando saltos, hoy precisamente todos mis genes están revolucionados y apenas me dejan teclear. Porque como bien saben quienes me conocen, soy hija y nieta de abogados, y hoy, precisamente, se cumplen veinticinco años que mi padre se marchó de este mundo, dejando abandonada su toga para siempre. Precisamente, la imagen que he utilizado para ilustrar este post es la de un muñeco que siempre presidió el comedor de mi casa, y que he tenido la suerte de encontrar en Internet. El se fue cuando apenas hacía un par de meses que yo era oficialmente opositora, cuando podía haber aprovechado todo lo que tenía aun por enseñarme. Por eso, permitidme este momento de sentimentalismo para dedicarle a él la representación de hoy. Porque de otro modo mis genes no me dejarán tranquila.

Los abogados son esa parte del reparto necesaria, aunque no siempre muy lucida. La calidad de su interpretación en la función no sólo depende de ellos mismos, porque no son del todo libres a la hora de elegir su papel. Este les viene condicionado en parte por la voluntad de sus clientes, no siempre dispuestos a dejarse aconsejar por quien contratan precisamente para eso, para que les aconseje. Por contradictorio que parezca. Y a veces se ven abocados a sostener posturas que ellos mismos saben que son insostenibles porque, ya se sabe, quien paga, manda. Esas veces en que, desde el otro lado del banquillo, nos percatamos de su cara de angustia o de resignación, aunque ellos no lo sepan. Esas veces que ellos mismos adornan con un manido “dicho sea en estrictos términos de defensa”, que viene a significar un “lo siento pero no puedo hacer otra cosa”, que en la mayoría de casos entendemos mucho mejor de lo que ellos se piensan.

Los abogados, también conocidos como letrados, suelen hacer de todo, salvo los afortunados que han podido superespecializarse y se dedican solamente a lo suyo. Mi padre, como ya he dicho alguna vez, afirmaba que el derecho penal era para disfrutar, y el resto para ganarse la vida. Aunque seguro que no todos piensan lo mismo, pero lo bien cierto es que tan pronto acusan de parte de la familia de una víctima como defienden al asesino o asisten a un detenido por un hurto en un supermercado como a un narcotraficante. A veces se presentan como acérrimos defensores de la custodia compartida en un divorcio y en otro son los adalides de las bondades de la custodia exclusiva de la madre. En ocasiones, tan pronto representan a un empresario que despide a sus trabajadores como a un trabajador despedido o piden una cantidad exorbitante por un incumplimiento de contrato como intentan achicar las responsabilidades cuando representan al incumplidor. Y hay casos en que casi se ven obligados a pedir la luna, cuando pleitean contra administraciones. Y representan, en la parte más amable y social de su trabajo, a menores, a extranjeros, a discapaces, a víctimas de violencia de género y a muchos de los más desvalidos. Esa es la grandeza y la miseria de su papel en nuestro gran teatro de la justicia.

Pero entre los letrados hay de todo, como en botica. Buenos, malos y regulares, al igual que en todas partes. Y quienes vestimos toga con galleta y puñetas los sabemos. E interpretamos su mirada de “menudo papelón estoy haciendo” mejor de lo que piensan. Aunque quieran vendernos que están totalmente imbuidos del síndrome de Estocolmo y se creen a pies juntillas lo que dice su cliente. Así que les advierto, señores letrados: no cuela. Sabemos cuándo creen a su cliente y cuando solamente fingen creerlo. Y nos valemos de ello, dicho sea de paso, que los demás también aspiramos al Oscar.

Y, ya que estamos, aprovecharé para aclarar un par de cosillas, menos obvias de lo que parecen. Los jueces y los fiscales no nos creemos superiores –al menos, no la mayoría de nosotros-, aunque  sea un lugar común de los letrados entenderlo así, que algunos tenemos buen oído y captamos parte de las conversaciones que tienen en los pasillos. Pero tampoco somos tontos –al menos, no la mayoría de nosotros- así que no se molesten en hacernos tanto la pelotilla. Y, si me admiten un consejo, nunca den demasiada coba a un juez delante de un fiscal, o corren el riesgo de ganarse un enemigo eterno. Se lo digo yo.

Así que hasta aquí esta pequeña semblanza de esos actores versátiles que no siempre arrancan los aplausos del público. Porque no es fácil defender a un asesino o un maltratador. Pero es necesario, y debe saberse. Por eso, desde aquí mi pequeño homenaje y, cómo no, mi aplauso. Espero haber cumplido, y que mis genes me dejen dormir tranquila por haberlo hecho bien. Como mi padre me enseñó, por supuesto.

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14 pensamientos en “ABOGADOS: CONTRARIOS, QUE NO ENEMIGOS

  1. Me quedo con esta frase: El papel de los abogados “les viene condicionado en parte por la voluntad de sus clientes, no siempre dispuestos a dejarse aconsejar por quien contratan precisamente para eso, para que les aconseje”.

    Llevo unos años ya al frente de mi despacho independiente y me he vuelto muy intransigente: cuando un cliente se pone pesado y pretende pasar por dónde el Derecho no le permite, le digo: “ahí está la puerta y aquí sus papeles”. Prefiero perder un cliente y su dinero y ganar tiempo, paz y mantener intacto mi “savoir faire”. Porque si algo he aprendido en 12 años de profesión es que un buen abogado no puede salvar una mala actuación de un cliente.

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  2. 🙂
    Me siento identificado y claramente definido: ¡sin duda nos conocemos!
    Superiores sí hay quien se cree, pero como siempre: igual que “en botica”; incluso es frecuente ver compañeros que Son Superiores (no voy a decir el qué…) y no se cortan en dar consejos, de los no solicitados, criticando algo que ellos hacen mal, sin preguntarse primero si es así lo que dicen, o si simplemente saben que es así con motivo de que llevan haciéndolo toda la vida así. Supongo que intentan que bajemos a su nivel, para equilibrar la contienda, que por otro lado no suele tener generalmente, efectos directos en el sentido del fallo.
    No puedo sino recordar una Magistrada de un Juzgado en el que sólo le falta (no lo descarto) decir expresamente: tiene la palabra el letrado de la defensa, por imperativo legal… Lo cierto es que no es Superior, de hecho eso precisamente es causa para poder considerarla inferior de lo podría llegar a ser: como decía mi compañero Angel Gaminde: “porque un Magistrado sin curiosidad, es medio Magistrado”.
    Un saludo.
    Ion Palacios

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  3. Discrepo en muy buena parte del contenido de ese blog. Yo soy abogado, enamorado y decepcionado al mismo tiempo de su profesión y con 35 años de ejercicio. Salvo unos años, siempre permanecí y permanezco en el turno de oficio porque entiendo que es una misión social que nos corresponde a todos los abogados. Nunca llevé un asunto de narcotráfico porque va en contra de mis principios (afortunadamente para la justicia habrá abogados que se ocupen de esas defensas necesarias); jamás tuve que llevar defensa de delitos de agresión sexual a mujeres (al estar en el turno de defensa de las mujeres maltratadas, la Junta de Andalucía nos impiden defender en el turno de oficio a maltratadores sean sexuales o no -no así si la víctima es un niño- y así pude librarrme de una terrible defensa de una violación a una niña). No es cierto que quien paga manda. He rehusado muchas defensas renunciando a considerables minutas. He intentado que mis defensas se ajustasen lo máximo a mi moral. Y en cuanto a la ”coba” a los jueces jamás practiqué ese sucio hábito que puede que algunos practiquen. Es más, tras 35 años de ejercicio acabo de denunciar a una jueza ante el CGPJ por grave falta de consideración a mí y con ello, al derecho de defensa. El abogado de raza pelea, lucha sin decanso contra la incerteza y la ignorancia de muchos.

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    • Creo que no es incompatible lo que dices con lo que expongo. Pretendo dar una vision amena y distendida de un oficio al que respeto y admiro. Y añado que todo imputado, por repugnante que sea su acción, tiene derecho a la defensa. Si todos la rechazaran por principios éticos o morales, no tendrían defensa. De ahi algunas situaciones a las que quise referirme
      por ultimo, siento si te sentiste molesto. Mi intención era homenajear a la profesión, incluida la referencia a mi padre. Por suerte, muchos lo han entendido asi
      en cualquier caso, gracias por leerme. Espero que el desacuetdo sea con este post y no con todo el blog

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      • Muchas gracias Susana por tu homenaje de hoy a nuestras profesión…es divertido y emotivo y me identifico plenamente…soy abogada de oficio desde hace 16 años y seguiré siendo muchos más. En este gran teatro en el que vivimos el abogado interpreta su papel…unas veces en un lado del escenario y otras en el contrario…pero ahí estamos. Y pese a que a veces quisiera abandonar siempre hay algo en mi interior que me ayuda a seguir…quizás porque igual creo en mis principios….nuevamente gracias y me encanta tu blog!

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  4. Muchas gracias por lo que toca. Letrada de a pie soy y sudo tinta muchas horas en estrados, por lo que el reconocimiento realizado a nuestro papel, lo aprecio en lo que vale, mucho.
    Y me encanta saber que su padre ya opinaba como yo, el Penal para disfrutar (yo, sin que se entienda como falta de respeto, pues no lo es, para divertirme) y el resto para vivir de la abogacia.

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  7. Bellisimo relato Su Señoría, disfrutado letra por letra me inagino su jurisconsulto señor padre orgulloso desde el cielo por vuestros logros. Estimula para seguir adelante en la vida de una abogada como lo soy, revivir en sus palabras los día a dia de la abogacia, no obstante las diferencias entre los sistemas legales español y mexicano, aun cuando ahora abordamos un nuevo distema de justicia penal, el acusatorio dejando atras los voluminosos expedientes que construía el inquisitorio. Un abrazo

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