Ayuno y abstinencia: obligación o devoción


              Un año más llega la Semana Santa, y un año más, nuestras cadenas de televisión alternan la emisión de programas destinados a la infancia, que está de vacaciones, con las películas sobre hechos bíblicos de toda la vida como Jesús de Nazaret, La túnica sagrada, Ben Hur, Quo Vadis, El evangelio según San Mateo, Rey de Reyes o Los diez mandamientos, entre muchas otras. Y es que no hay Semana Santa sin películas “santas”, por más que hoy no ocurra como en mi infancia, en que eran lo único que se podía ver.

              En nuestro teatro, como no, también tomamos vacaciones de Semana Santa. Siempre más cortas que las vacaciones escolares, y siempre con los problemas que supone la conciliación o, mejor dicha, la corresponsabilidad. Y todo esto a salvo de quienes forzosamente tienen que trabajar, que para el Juzgado de guardia son hábiles todos los días del año.

              En otros estrenos hemos hablado de los penitentes, de las procesiones y hasta de las torrijas pero hoy vamos a dar una vuelta a la Semana Santa y a hablar de otro de sus aspectos, el del ayuno y abstinencia. Aquello que un día fue una obligación y hoy solo lo es para los creyentes e, incluso para estos, dependiendo de cómo vivan su religiosidad.

              Y es que hubo una época, hace mucho tiempo, en que la religión marcaba la vida de las personas y fijaba los preceptos con los que había que vivir. E incluso que morir, que no hay más que recordar a la Inquisición para ponerse a temblar de las cosas que teóricamente se hacían en el nombre de Dios.

              Por fortuna, este tiempo ha pasado, aunque no para todo el mundo. Todavía hay países en el mundo que cometen verdaderas barbaridades en nombre de la religión, tomándola como excusa para librar guerras que matan cada día a inocentes, o utilizándola para probar de toda clase de derechos aparte de su propia población, como ocurre en algunos países con las mujeres o con personas LGTBI.

              España es, desde la proclamación de la Constitución de 1978, un país aconfesional, de modo que ningún precepto religioso puede ser objeto de conocimiento en nuestra Toguilandia. Es más, la libertad religiosa es un derecho humano que goza de la máxima protección, y lo tentados contra la misma pueden integrar el delito de odio y también los delitos conta los sentimientos religiosos.

              Así que, como podemos bromear sobre determinadas cosas sin que nos juzguen o nos procesen por brujas, es momento de rebajar un poco el tono. Y una buena idea sería pensar de qué podríamos prescindir haciendo ayuno o abstinencia, sea o no semana Santa. Esto es, de qué podríamos librarnos en Toguilandia por unos días.

              En cuanto al ayuno que, como sabemos, es la privación de alimento a modo de sacrificio, podríamos decir que nada tiene que ver con Toguilandia, pero no vayamos tan deprisa. ¿No es cierto que más de una vez nos ha tocado quedarnos sin comer porque un juicio se hace eterno y se decide no parar ni a comer? ¿O acaba tan tarde que enlaza con la hora de recoger a nuestras criaturas -quienes las tenga- y hay que saltarse la comida? E iré más lejos aún ¿No hay veces en que lo que hemos vivido en la sala de vistas  en la guardia nos deja tan mal cuerpo que no hay quine prueba bocado luego? Pues eso. Que también ayunamos, lo queramos o no.

              En cuanto a la abstinencia, lo primero que se nos viene a la cabeza, sobre todo a quienes ya peinamos canas -o tinte, según el caso- son aquellos tiempo duros de la heroína, bajo cuyo síndrome de abstinencia se cometían tremendos delitos, especialmente atracos. De hecho, esta circunstancia se contempla entre las atenuantes .

              No obstante, la abstinencia de quienes trabajamos en Toguilandia no es esa. Más de una vez bromeo diciendo que, cuando me dediqué a la especialidad de Violencia de género, a la que se añadieron después el odio y la memoria democrática, con carácter exclusivo, me dejé lo de las drogas. Pero la verdad es que ya me gustaría, porque aunque no lleve estos asuntos en instrucción sigo haciendo juicios en sala por tráfico de drogas. Por desgracia, son tantos que, si los hicieran solo los especialistas, no darían abasto.

              La otra abstinencia es aquella de las cosas que nos gustaría hacer y no hacemos porque la toga nos absorbe. Y hasta nos confunde, como le pasaba a Dinio con la noche -quienes tengan cierta edad, entenderán la gracia, el resto, que se lo pregunten a la IA-, lo queramos o no. Y es que nuestro teatro es lo que tiene, que nunc sabes cuánto duran las funciones.

              Sin embargo, de lo que no me abstengo ni hago ayuno hoy es del aplauso. Y se lo daré a quienes trabajan esta Semana Santa, que alguien tiene que hacer guardia en Toguilandia. Que les sea leve

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