Semana Santa: togas penitentes


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Pocos temas han dado para tanto metraje como la vida de Jesucristo y la temática religiosa en general. Y pocas películas han sido tan repetidas a lo largo de la historia de televisión como ese arsenal que nos ponían cada Semana Santa sin solución de continuidad. La túnica sagrada, Jesús de Nazaret, Quo Vadis, Ben Hur, El Evangelio según San Mateo, Los Diez Mandamientos y muchas más, a las que han sucedido otras versiones más iconoclastas como La ultima tentación de Cristo. Aunque, insuperable en el ranking La vida de Bryan, que una dosis de humor siempre viene bien.

En nuestro teatro no hay representaciones religiosas, desde luego. Pero también vivimos la Semana Santa a nuestra manera toguitaconada. O sea, vacaciones, en el bien entendido caso de que vacaciones no significa no llevarse deberes  a casa, como tantas veces nos toca. Pero es lo que hay.

Con motivo de estas vacaciones pascueras, desde Con Mi Toga y Mis Tacones queremos sumarnos a nuestro modo a ese espíritu de celebración, montando nuestra propia Pascua. Que espero que no le haga la pascua a nadie.

Como no hay Semana Santa sin procesiones, podemos montar la nuestra propia. Y lo primero que no pueden faltar son los penitentes. Y los penitentes no son otros que aquellos que tienen que desfilar purgando sus pecadillos. Y ahi, desde luego, hasta nos faltarían capirotes. Los que le pondría a todos los culpables de que las plazas de jueces y de fiscales sigan siendo las mismas que desde la noche de los tiempos, los que siguen sin crear juzgados, los que continúan sin dar una retribución digna y adecuada al turno de oficio, los que consienten que algunas sedes judiciales se caigan a pedazos, los que continúan manteniendo programas informáticos y equipos que funcionan a pedal o los que inventan leyes sin presupuesto. Y, en el papel de clavarios o clavariesas quienes, además de todo esto, presumen de que la digitalización va viento en popa o de que se ha agilizado la instrucción de las causas. Que cada cual les ponga nombre, y su sitio adecuado en el cortejo.

En nuestra procesión imaginaria, podríamos sacar en andas a Lexnet, que menuda murga han dado con ese invento que, hasta el momento, da más dolores de cabeza que otra cosa.

Pero en Pascua no todo son procesiones. También hay gastronomía propia de la época. Torrijas, potaje de bacalao, mona y huevos de pascua y hasta longaniza propia de la época. Y ¿por qué no transformarlas en un suculento menú judicial, propio del mejor bistro jurídico?. Tan suculento que no dé tiempo a que prescriba, ni a que se agote el plazo de instrucción, porque ya hayamos dado buena cuenta de ello, haciendo de la digestión la fase de consumación del delito. Con premeditación y alevosía, si hace falta

Podríamos empezar por un potaje de leyes, como el que nos hacen cada vez que les entra el furor reformista, bien aderezado con la retroactividad de la ley penal más favorable y no demasiado generoso, que siempre va a venir acompañado de una disposición adicional que nos escamote los ingredientes, que es tiempo de ayuno y abstinencia. Y como es momento de vigilia, nada de carne, pero sí unas verduritas aliñadas al aroma de claúsulas suelo, con un toque de jurisprudencia europea para darle sabor. Y, por supuesto, ligero, para que no origine lesiones en la gula que requieran tratamiento médico ni dejen como secuelas cartucheras de unas armas cuya tenencia no sepamos si es iícita o no.

Y como siempre, lo mejor, los postres. Esas torrijas de Semana Santa cocinadas a base de presunción de inocencia y consumidas más deprisa que cualquier juicio rápido. Y sin demasiada bebida espirituosa, que luego llegan las pruebas de alcoholemia y ya se sabe. Y cuidado con comer más de una, que podemos caer en la reincidencia y hasta en la habitualidad. Un poquito de zumo de equidad para alcanzar la medida justa, sin necesidad de acudir a arbitraje ni mediación alguna. Con aplicación estricta del principio de oportunidad, por descontado, que nada más oportuno que darnos un homenaje de vez en cuando.

Sin olvidar la merienda. Una buena mona de Pascua confeccionada por alguien que no sea el tercero hipotecario, que a ése nadie lo ha visto, no vaya a ser que su ingesta se convierta en un delito imposible por falta de objeto. Y, coronando la mona, un buen puñado de azúcar de instrucción, que aún no sabemos si se lo acabarán comiendo jueces o fiscales, y si dejaran algo para el resto de habitantes de toguilandia. Buen provecho.

Una forma de celebrar una especial Semana Santa Toguitaconada que algunos afortunados no verán porque han conseguido enlazar varios días de vacaciones y marcharse a desconectar a Dios sabe dónde. Bienaventurados sean, aunque no salgan en el sermón de las siete palabras.

Así que hoy el aplauso es para todos. Con un especial recuerdo a quienes pasarán estos días en el Juzgado de guardia, y una ovación muy especial para esas personas que, desde twitter, elaboraron esa idea del #BistroJuridico que he tomado prestada. Mil gracias.

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