Cuños: viejunismo imprescindible


      No siempre es fácil distinguir entre lo viejo y lo antiguo, lo anticuado y lo vintage, lo tradicional y lo obsoleto. Las cosas que tienen tiempo pueden ser simplemente desechables por eso o, por el contrario, tener un enorme valor por la misma razón. Es cuestión de perspectiva, y de eso sabe mucho el mundo del cine. Tal vez por eso La tienda de antigüedades sea un escenario idóneo para cualquier película, incluso si es de dibujos animados, como la de Toy Story 4, te hagan o no la mejor oferta. Sin olvidar, por supuesto, las subastas, y entre ellas la fabulosa escena de Con la muerte en los talones.

      En nuestro teatro no cabe duda que de viejunsimo sabemos un rato. Con una ley de enjuiciamiento criminal del siglo XIX y unos medios materiales que casi siempre nacen anticuados, no hay que ser un genio para concluir que lo nuestro está más cerca de lo viejo que de lo antiguo, de la obsolescencia que de lo vintage. Por eso, ya menos dedicado más de un estreno a cuestiones como los anacronismos . Y seguro que este no es el último.

      Pero hoy me quería detener sobre un elemento concreto un imprescindible de la mesa de cualquier fiscal, junto con las carpetillas y los posit : los cuños. Y sí, ya sé que no es exclusivo de los miembros del Ministerio Fiscal, ni siquiera de la Fiscalía, que la burocracia campa en Toguilandia por sus fueros y pocas cosas hay más burocráticas que una buena ración de sellos y membretes. ¿O no?

      El cuño más propio, más característico de la carrera fiscal es el cuño de “visto”, Cuando desembarqué en este mundo, lo consideraban poco menos que el no va más de la tecnología. De hecho, mi primer fiscal jefe no quería ni oír hablar de cuños para poner “visto”. Los “vistos”, según él, se ponían a mano como toda la vida y sanseacabó. Con el tiempo, conseguimos convencerle de que nos dejara utilizarlos, y accedió. Eso sí, siempre que nos los costeáramos de nuestro bolsillo, que el erario público no estaba para esas cosas. Así que, por supuesto, me pagué mi primer cuño, uno que estampaba “VISTO. Fecha ut supra. Fdo Susana Gisbert Grifo “ Oui, c’est moi.

      El tiempo pasó y cuando me marché de aquel primer destino, me llevé en mi mochila aquel primer cuño, que todavía utilicé durante un tiempo. Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que, cuando llegué a la Ciudad de la Justicia en Valencia, me proporcionaban uno con mi nombre, el lugar, y una ruedita muy mona que coloca la fecha exacta, nada de ut supra. La verdad es que pensaba que ese cuño me duraría hasta el final de mis días toguitaconados, pero he tenido una nueva sorpresa con este cuño. Tiene fecha de caducidad. Su fabulosa ruedita no es como esos calendarios perpetuos que vendían en los quioscos. El mío, en concreto, acababa en 2021. Así que ahora estoy en tiempo de descuento, esperando que llegue el nuevo y haciendo una chapuza para tapar con boli el 1 y poner un 2. Con boli bic, por supuesto.

      A propósito de eso, me viene a la cabeza una anécdota que ahora parece divertida `pero en su momento no tenía ni pizca de gracia. Nos llamaron de la guardia para que acudiéramos a un juzgado de un pueblo donde había aparecido un paquete sospechoso. Como era una época dura de terrorismo y sospechas, llamamos a la Policía y esta a los artificieros, que acordonaron la zona y se dispusieron a examinar el paquete de marras. Tras todo este despliegue de medios, un sábado por la mañana, resultó que el paquete no era sino un cuño de “visto” que el cartero había dejado en la puerta de la fiscalía al no encontrar a nadie.

      Por descontado, hay más cuños que el de “visto”, aunque sea nuestro rey particular. Algunas y algunos fiscales, con ya algunos trienios, tenemos el de “visado” para dar fe de que hemos realizado esta labor. Por supuesto, sin perjuicio de hacerlo constar en el programa informático, que cada cosa va por su lado. Faltaría más.

      Nuestro personal auxiliar, al igual que el de los juzgados, maneja de maravilla todos esos que dejan constancia de la entrada de un documento y de su salida. De hecho y, aunque parezca mentira en los tiempos en los que estamos, la fecha del sello es la que se tiene en cuenta en relación a los plazos . Increíble pero cierto. Hablo de una fiscalía no digitalizada, más allá del programa informático donde hay que registrar todo además de tenerlo en papel. Los compañeros y compañeras que disponen di fiscalía digital tienen otras cuitas como ya contamos en su día.

      Por último, dedicaré unas líneas a uno de los sellos que más me gusta, el de “es copia”. Aunque parezca mentira, me resulta utilísimo para poderme saltar la enésima versión del mismo documento en el expediente, con el ahorro de tiempo, y de mal humor, correspondiente.

      Y, hasta aquí, el estreno de hoy. Podría dar el aplauso a quienes manejan los sellos, cuños y membretes con buenas dosis de gracia y donaire, pero no lo haré. Lo dedicaré a quienes, algún día, consigan una administración de justicia eficiente donde los cuños no sean necesarios.

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