Día a día: siempre queda el humor


                No hay mejor receta para superar los problemas que el humor. El humor no cura las enfermedades, ni resucita a los muertos, pero ayuda a sobrellevar la tristeza derivada de estas situaciones. Quizás por eso la comedia es uno de los géneros más exitosos, por duros que sean los tiempos. ¿Quién no recuerda el Make ‘En Laugh de Cantando bajo la lluvia, con esa lección de optimismo para el cine y la vida?. La risa y mucho más es una buena fórmula para salir adelante, aunque tengamos Sonrisas y lágrimas por partes iguales. Ya el genial Chaplin nos mostraba en El gran dictador que el humor es un instrumento ideal incluso para los temas más duros. Y es que no podemos vivir sin reír, aunque a veces cueste.

                En nuestro teatro nos encontramos, junto a situaciones dramáticas, otras en las que no podemos evitar esbozar una sonrisa, incluso en las que pasamos verdaderos apuros para disimular la carcajada. Anécdotas y más anécdotas han sido tema de varias de nuestras funciones, pero siempre hay más. Como el rayo que no cesa en versión humorística y toguitaconada.

                Hace apenas unos días tuve una sesión de juicios de esas que constituyen un verdadero filón, y no he podido sustraerme a la tentación de compartirlo. Nos hallábamos a la espera de la acusada por una apropiación indebida respecto de la cuenta de la persona a la que cuidaba. Ya pensábamos que no llegaba y que celebraríamos en ausencia cuando su propia abogada nos alertaba de que estaba en la puerta esperando que le dejaran pasar debido a un incidente que había protagonizado. La señora había traído una bandeja de pasteles, una botella de vino y un bote de olivas caseras de su pueblo. Y aún consintió que le interceptaran el dulce y la bebida, pero lo de las olivas, ni hablar. Su letrada, tratando de calmarla, le dijo que aquello no podía llevarlo, que podía ser cohecho, a lo que la señora, muy ofendida, dijo que no llamara así a las olivas de su pueblo. Ni que decir tiene que al final consiguió convencerla y nadie probó las famosas olivas que, aunque no dudo que serían deliciosas, no era el momento ni el lugar de comprobarlo.

                En ese mismo juicio la testigo principal, al tiempo que perjudicada, nos pidió entrar con su hijo, porque necesitaba que le ayudara. Como no era testigo, le dejamos pasar, instándole a que se quedara en un discreto segundo plano. Pero no había hecho apenas mi primera pregunta cuando el hijo intervino diciendo que “tenía que traducir”, lo que nos extrañó porque la mujer parecía expresarse en perfecto castellano. Cuando escuchamos que lo que el hijo hacía era repetirle lo mismo pero a muchos decibelios más, lo entendimos. La señora no es que no hablara bien castellano, sino que estaba sorda. Por supuesto, lo solucioné hablando a gritos tan fuertes que tuvieron que entrar desde otra sala preguntando si nos pasaba algo. Prueba superada.

                Apenas un día antes, en la guardia, tuve otra experiencia inolvidable. Estábamos con un asunto de acoso a través de medios tecnológicos cuando vimos a una abogada esgrimiendo muy ufana unas fotocopias al preguntarle al acusado, Cuando oí su pregunta, casi me quedo muerta. Nada menos que le preguntaba si él le había enviado aquellos mensajes desde una cuenta que se había abierto a nombre de “Spam”. Ante nuestra reacción de estupor, se disculpó diciendo que no era muy ducha en TIC. Aunque la verdad es que no le hacía falta decirlo. Por obvio.

                Pero no solo me pasan cosas pintorescas a mí. Me cuenta un abogado amigo el show que presenció en un juicio por delito leve. El empezó su interrogatorio a la denunciante diciendo si “era cierto que..” No pudo acabar la fase al ser interrumpido por ella que, a voz en grito, le dijo “Es mentira por Dios y la Virgen que yo no miento”. Mi amigo le pidió, obviamente, a Su Señoría, que le dejara terminar la pregunta antes de negar la respuesta. Y es que ya dice el refrán que por la boca muere el pez.

                Otras veces es la palabrística de querer hacer las cosas complicadas la que lleva a meter la pata. No hace mucho veíamos en un estreno varios ejemplos, pero me topé con algunos más, Otra amiga abogada contaba en Twitter algo que escuchó en la tele respecto a la paliza que recibió un hombre. El reportero dicharachero dijo que a la víctima le dejó la cara desconfigurada. Y claro está que mi amiga y yo aún le damos vueltas para saber como pudo hacer semejante muestra de ingeniería o robótica. Y nos quedaremos con la duda, claro. Lo que no dudamos es que si el periodista hubiera optado por la palabra obvia y sencilla no nos hubiera proporcionado unas risas

                No es el único. En otro programa de televisión, a propósito de las joyas dejadas por una famosa en su herencia, las describió como muy sinuosas. Y ahí estaba yo imaginando collares con forma de serpiente cuando caí en la cuenta de que no era a eso a lo que se refería sin a algo mucho más sencillo. Eran, huelga decirlo, suntuosas.

                Y acabo con una casi metedura e pata por culpa del corrector que también hace de las suyas. Si no llego a repasar un escrito de acusación después de varias veces, no me hubiera dado cuenta que había deslizado un “gustazo” por “Gustavo”. Y poco gusto me hubiera dado descubrirlo cuando fuera irremediable.

                Y hasta aquí la función de hoy. El aplauso se lo daré a todas estas personas que nos dan esos ratos inolvidables, con todo mi cariño. Y, por supuesto, a mis amigos y amigas letrados cuya aportación ha sido fundamental en este estreno. Mil gracias de nuevo.

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