Stand by: quita y espera


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Siempre nos han dicho que conviene tomarse una pausa, un respiro para tomar fuerzas cuando hace falta. Pero, cuando la pausa no es voluntaria sino impuesta, la cosa se hace más difícil. Pocas cosas más impensables para un artista que el inmovilismo, cuando el mundo del arte se caracteriza por sus constante movimiento. Y, si de la escena se trata, todavía más. Tanto es así que incluso las figuras de papel más estáticas cobran vida a través de la llamada stop motion, y, además, si hay un género indiscutible es la animación. Incluso el paro laboral da lugar a obras maestras como Los lunes al sol o la inolvidable Full Monty. Pero una cosa es eso, y otra quedarse en Standby, algo de lo que en poco tiempo todo el mundo tendrá un master.

Desde que se decretó el estado de alarma, nuestro escenario se ha convertido en un teatro fantasma, y nuestras tablas son virtuales, salvo las excepciones fijadas en las que, o bien es inevitable la presencia física, o bien no hemos encontrado una forma de sustituirla, aunque la tecnología tenga muchas posibilidades. Pero como he dicho muchas veces, una ley procesal del siglo XIX no da muchas opciones, y ha hecho falta una pandemia del siglo XXI para demostrarlo. Ojala nos sirva de lección.

He tratado de encontrar una figura jurídica que describa de algún modo las sensaciones que estamos viviendo, y no se me ha ocurrido otra mejor que la quita y espera. Aunque no estoy muy ducha en Derecho Mercantil, creo recordar que se trataba de una posibilidad con la que terminar un proceso concursal –lo que antes llamábamos quiebra y que todavía es más visible en el imaginario colectivo- con un acuerdo. Dicho acuerdo, como su propio nombre indica –por una vez el Derecho es claro con os términos- consiste en que se extingue una parte de la deuda y se hace un compromiso de pago, con un aplazamiento, para la otra parte. No quiero ni pensar en el tema de las deudas cuando salgamos de este trance, pero la cosa ahora no iba de eso. Me refería a que pondremos toda la carne en el asador para que se extinga esta situación –quita- con la esperanza de volver a la normalidad –espera- y hacer frente a lo que se nos venga por delante. No nos queda otra.

Nuestra situación es de una especie de standby jurídico y vital. Somos como una grabación en pause esperando que el dedo oportuno vuelva a activarla, pero hemos de cuidar el dispositivo todo lo posible, no vaya a dar problemas de reproducción después. Por eso, mientras tanto, hay que ir solucionando los problemas que aparecen, con mejor o peor tino. Veamos algunos de ellos

El primero del que voy a hablar es de una de las excepciones al trabajo penal de los juzgados, más allá del servicio de guardia, y que no es otro que las causas con preso, también llamadas, cuando el sentido del humor florecía sin necesidad de esforzarse, causas con prisa. Como no se le escapará a nadie –aquí el Derecho vuelve a ser más claro en su nomenclatura de lo que suele- es un procedimiento donde hay, al menos, un investigado en prisión preventiva, aunque pueden ser más. Hasta aquí la claridad del Derecho porque para quien  no lo sepa le diré que hay otras causas que no se consideran tales, aunque haya una persona en prisión: se trata del caso de que esta personas ya este condenadas por sentencia firme, en cuyo caso pasa a tratarse de una causa con penado , por más que el penado esté preso, y al no considerarse “con preso”, tampoco es tanto “con prisa”. Prisa, en todo caso, la del sentenciado de que su condena pase lo más pronto posible. Como la nuestra en que este confinamiento acabe.

Pues bien, son estas causas con preso preventivo las que gozan de máxima urgencia y, por ello, están incluidas en las excepciones a la paralización de actuaciones judiciales vía estado de alarma. Pero ¿es realmente posible la celebración de un juicio con preso? Pues me van a perdonar pero tengo más que serias dudas, aunque en un par de días las solventaré y podré dar una respuesta basada en hechos reales, como las películas del domingo a mediodía. Y es que, salvo que exista una conformidad, que no es posible en muchas de las causas con preso porque la pena prevista excede del límite de la conformidad, 6 años de prisión –pensemos en un homicidio o una violación, por ejemplo- la cosa se pone complicada. Está claro que los y las profesionales, intérpretes fijos de la función, ahí estaremos. Pero ¿qué pasa con los testigos, verdaderas estrellas del juicio en muchos casos? Pues que veo casi imposible que aparezcan. Y no les culpo, claro.

Lo explicaré mejor. Si una persona recibe una citación para un juicio como testigo, su obligación es ir, sin duda. No solo eso, sino que puede ser sancionado por no hacerlo, e incluso acusado de obstrucción a la justicia o desobediencia. Pero si antes del juicio se ha decretado un estado de alarma donde se impide salir de casa, y no consta entre las excepciones el actuar como testigo, la multa se la podría llevar si sale de casa por incumplir el confinamiento. Y claro, alguien dirá que las causas con preso son una excepción, pero eso debe afectar a profesionales, pero no a testigos, que ni siquiera tienen por qué saber ni que hay un preso preventivo, ni que esa es una de las actuaciones que en Justicia se consideran como urgentes. Así que ahí está la dificultad, en quedarnos compuestos y sin testigo, que es casi lo mismo que decir sin prueba, por lo que lo suyo será acabar pidiendo la suspensión. Y acordándola, of course.

Y al hilo de esto, hablare un poco de la desobediencia. Y del delito de desobediencia, que no es lo mismo, que, como ya estamos viendo, el Derecho nada es lo que parece. Algo que se ha convertido, por desgracia, en la rutilante estrella de nuestros juzgados de guardia del confinamiento.

En estos días tan raros, hay gente que se cree con patente de corso para hacer lo que le dé la gana y aprovechan para demostrar al mundo que ser descerebrado, en tiempos de coronavirus, es ser descerebrado al cuadrado. Así, sé de buena tinta que tuvieron en la guardia detenido a un tipo por pasear un peluche, para escaquearse del confinamiento con la excusa de pasear al perro. Algo que en prensa decía que fue en Palencia y que sé que también fue en Valencia, porque me lo han confirmado fuentes oficiales. Similares fuentes me han confirmado también el multazo que le ha caído al dueño de un bar por preparar almuerzos clandestinos, como si fuera un esbirro de Al Capone en plena ley seca. Y ya no tiene nombre lo de los detenidos por celebrar fiestas de cualquier tipo en locales, azoteas o donde quiera que sea.

A ver, berzotas ¿cómo hay que explicar que no tiene ni pizca de gracia? ¿Qué vuestra insensatez no solo arriesga a quienes están a vuestro alrededor sino que incrementa tontamente el trabajo de jueces, fiscales, letrados y personal del juzgado, que ya tenemos bastante con lo verdaderamente urgente?. Dicen que la gente les grita por los balcones cuando ve estas cosa pero, la verdad, no es para menos. Son ocasiones en que -guardadme el secreto-  le pido al karma que actúe. Espero que no me defraude

Y ahora, para que no coincida con el  las 8 de la tarde, mi aplauso. Una vez más, para todas las personas que están al pie del cañón. Un cañón  con el que vamos a vencer al bicho verde de las narices.

Mientras tanto, en casita todo el tiempo que sea necesario. Aunque dé la impresión, como en la ilustración que encabeza el estreno, que se han invertido los papeles entre el despertador y las personas a quienes despierta. Una ovación extra para @madebycarol por pintarlo así de bonito.

Un pensamiento en “Stand by: quita y espera

  1. Pingback: Incertidumbre. ¿qué se nos viene encima? | Con mi toga y mis tacones

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