Mujeres: sagas en femenino


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Ya sabemos que las sagas son un filón para el mundo del cine, porque lo hemos tratado otras veces. Pero no era de esas sagas de las que quería hablar, sino de esas películas protagonizadas por mujeres y que se suponen destinadas al público femenino aunque si las viera todo el mundo -y además, las interiorizara- otro gallo nos cantara. Thelma y Louse, Tomates verdes fritos, Entre amigas, Magnolias de acero, Armas de mujer, Mujercitas… Distintos modos de tratar la relaciones entre mujeres, siendo familia de sangre o, aun sin serlo, con ese vínculo especial que convierte en familia a quienes biológicamente no lo son.

Por eso en este estreno quería hablaros de mi Nancy, cuya foto, convenientemente toguitaconada, ya ha paseado por este escenario, como símbolo de esas sagas de mujeres y de muchas cosas más. ¿Queréis una entrada? Pues que se abra el telón.

Esa muñeca es mucho más que una muñeca. Es el símbolo de muchas cosas importantes, y eso es lo que quería compartir hoy.

Cuando se abrió el telón de este teatro por primera vez, la imagen del blog era otra. No muy diferente, pero sí algo. Elaboré un collage de portada del blog con varias fotos, entre ella una de una muñeca Nancy como la de mi infancia que aparecía vestida con toga y puñetas y rodeada de libros jurídicos y una imagen de la justicia. La encontré en Internet, donde aparecía como libre -es posible que fuera la foto de una foto- y la usé para mi blog. Es más, como ya ha prescrito, confesaré que con la mejor de las intenciones la estuve usando como foto de perfil en Facebook durante bastante tiempo sin ningún problema.

Pues bien, en cuanto el blog comenzó a tener una cierta repercusión -de nuevo, mil gracias- recibí un mensaje a través del Messenger del mismo. La que se decía ser dueña de la imagen -no me molesté en comprobarlo- me requería de muy malos modos para que la retirara de inmediato “o emprendería acciones legales” contra mí. Le respondí enseguida disculpándome y diciéndole que no tenía ningún inconveniente en citarla y enlazar su blog, que pretendía ser un homenaje a la muñeca de nuestra infancia, pero del modo más agrio posible rechazó mis disculpas y por toda respuesta me dio un ultimátum. Reconozco que me quedé de pasta de boniato por las formas, y, aunque pensé que si alguien podría reclamar derechos sería la empresa Famosa, fabricante de la muñeca, que no me constaba que supiera ni reclamara nada, eliminé la imagen de inmediato. La verdad es que a día de hoy le estoy agradecida, porque eso me hizo animarme a rescatar una foto de mi hija cuando era pequeña con la toguita que le confeccionó mi madre para una fiesta de disfraces, que es la imagen que tiene desde entonces el blog y con la que ha trascendido a su ya cerca del medio millón de visitas. Además propició la historia que os voy a contar.

Ni que decir tiene que el tema de la Nancy togada me supuso un sofoco de proporciones importantes. Fue entonces cuando mi madre, como si yo nunca hubiera dejado de ser la niña que fui, me consoló diciendo que no me preocupara, que daríamos con una solución. Le dije que ya había cambiado la imagen y sonrió enigmáticamente diciendo que no se refería a eso.

Dicho y hecho. Buscó en el altillo y sacó a la luz la Nancy de mi infancia. No una muñeca igual, sino esa, la que había traído mi padre tras uno de sus viajes vestida de azafata. Mi padre, del que ya he hablado en otros estrenos, era abogado ejerciente en varios colegios de abogados -y cotizante, que entonces no había colegiación única, por cierto- y viajaba con cierta frecuencia, y nunca se olvidaba de traerme un regalo.

Como mi madre -de la que también he hablado- era modista, hizo un patrón y se puso a confeccionar una toga a medida para la muñeca, elaboración de puñetas a ganchillo incluida -sabe que no me gustan las de puntilla, manías mías-. Mientras tanto mi hermana se dedicaba a hacerle el lifting a Nancy, a untarla de crema y ponerle mascarilla en la melena para que estuviera estupenda. Y mi hija pequeña, con material de manualidades, le hizo unos zapatos de tacón de lunares como los de la portada, trabajo nada sencillo porque la muñeca Nancy tiene los pies planos, a diferencia de Barbie.

Ellas tres junto con mi hija mayor, que también estaba en el ajo y había escogido la ropa que Nancy llevaría debajo de la toga -ya sabéis que yo no me visto de revisor de tren- me presentaron a mi Nancy toguitaconada para que se me pasara el disgusto. Y mi madre añadió que así vería la causante del sofoco que la mía era mucho más bonita. Y lo era, desde luego. Y mucho más auténtica, porque lleva el trabajo de tres generaciones de mujeres unidas por un mismo fin.

Con esta pequeña historia solo quería, además de compartir algo bonito con la gente que me leéis, mostrar un ejemplo de la colaboración entre mujeres, de la unión y el trabajo, de la ilusión compartida, del querer es poder y, por qué no decirlo, de esa cosa preciosa llamada sororidad. Y aunque aquí el fin era uno, vale para cualquier propósito. Incluido el resarcimiento por el soponcio, mucho mejor que una indemnización de daños y perjuicios en toda regla.

Y al hilo de ello, enlazaré otra historia, parecida pero totalmente diferente. En otra ocasión, compartí en mi time line una imagen que me gustó de una muñequita que comprobé libre de derechos. Me contestó alguien diciéndome que ese era un dibujo de su amiga @madebycarol y le dije si podía ponerme en contacto con ella. Me dio su contacto y yo hablé con ella, la felicité por su dibujo y le dije si quería que borrara mi tuit o prefería que lo mantuviera citándola y alabando su trabajo como merecía. Optó por lo segundo y me invitó a conocer su obra. De inmediato, comenzamos una colaboración que empezó por hacerme un dibujo de una fiscalita toguitaconada con sus zapatos de lunares y que ha seguido con muchas ilustraciones más. Hoy en día somos buenas amigas y ha sido la ilustradora de dos de mis libros, y seguimos con proyectos en común. Me gusta contar esta historia por contraposición a la otra porque las cosas pueden tener distintos finales según se comporten los personajes del cuento. Y los nuestros se merecieron un final feliz, que se ha prolongado más allá. Otra saga de mujeres.

No me queda otra cosa hoy que dar el aplauso a todas esas mujeres de todas las generaciones que siguen luchando por lo que quieren. Y a las protagonistas de historia en especial. Sobre todo, a mi Nancy y a quienes hicieron posible esta historia.

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