Cumpleaños: soplando velas


 

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Lo confieso, soy de la generación del Cumpleaños feliz de Parchís, esa cancioncilla que siempre aparece cuando alguien cumple años y le quieren homenajear. Para quien no lo sepa, sobre todo por razón de edad, cuando dice eso de “te desean tus amigos de Parchís” no se refiere a una peña que se dedica al dado y las fichas, sino a un  grupo musical de la época. También soy del Feliz, feliz en tu día, amiguita que Dios me bendiga, que cantaba Fofó en Los payasos de la Tele en un tiempo en que todavía pensaba que Susanita tiene un ratón fue escrita para mí. Ya he comentado otras veces que películas dedicadas al cumpleaños hay para todos los gustos y de todos los géneros, desde el terrorífico Cumpleaños sangriento hasta el drama social de Mamá cumple cien años pasando por Familia, Aniversario y hasta Feliz no cumpleaños, como hacía Alicia en el País de las Maravillas.

   Hoy es mi cumpleaños. La verdad es que es la primera vez que celebro el mío y no el del blog. Pero es que no solo soy yo. Mis otras yos, Fiscalita y Taconita -recordad que hay una leyenda urbana según la cual soy una de tres trillizas– me han dicho que si no lo celebrábamos se enfadaban. Y enfadar a tus voces interiores puede ser peligroso. Se pueden poner a gritar y una corre el riesgo de que le estalle la meninge. Y eso sí que no.

Ahora bien, una vez cumplido el trámite de felicitarme y felicitarlas, habrá que ir al lío, que nuestro teatro sigue ahí, esperando abrir el telón para dar su función. Y es que aquí también tenemos cumpleaños. Unos buenos, otros malos y otros regulares. De todo hay en botica, o mejor dicho, en toguica. Y vamos a ver algunos de los que más me acuerdo, por una razón u otra.

Desde luego, no voy a perder mi oportunidad para seguir reivindicando el fin de un precepto que nunca debió existir, el tristemente famoso artículo 324 de la Lecrim, que limita el tiempo de instrucción, ese que hace que juristas en general y fiscales en particular vivamos con el temporizador de una bomba de relojería a punto de estallar en forma de impunidad, mientras presuntos corruptos y otros malandrines pasean esa impunidad y se quedan tan pichis. He perdido la cuenta de las promesas de derogación de esa norma que ya lleva más de cuatro años torturándonos, y, lo que es peor, ya he perdido la cuenta también de los bloqueos que esa derogación ha sufrido, incluso por quienes luego se lamentan de que algunos se salgan de rositas. El juego político, que a veces tiene más de juego que de política entendida como bien común.

Y es que hay que insistir es el de nuestra ancianita, la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ya ha cumplido más de un  siglo -es de 1882- y ya no puede más la pobre entre achaques y cicatrices de todas las intervenciones que ha venido sufriendo a lo largo de su historia en forma de reformas. La pobre ya no da más de sí, las heridas se le infectan y los huesos se le rompen, y está esperando como agua de mayo su jubilación, bien ganada. No podemos olvidar que se trata de una ley procesal pensada para cuando se iba a juicio en diligencia, que se tiene que aplicar en plena era digital.

También aprovecharé la oportunidad para reclamar la modificación de otro de sus preceptos, el 416, referido a la dispensa a declarar de determinados parientes. En los casos de violencia doméstica y de género -sobre todo en esta última- está resultando un herramienta apta para cavar la tumba de algunas víctimas. Así que a ver si hacemos algo mientras se prepara a la criatura para la jubilación.

Por otro lado, tenemos otro ancianito que se conserva bastante mejor. El Código Civil, también centenario, nos ha resultado con buenos genes y aguanta los achaques de la edad con bastante entereza. También ha sufrido sus operaciones pero, o quienes hicieron las cirugías fueron mejores profesionales, o la materia prima era de mejor calidad. El caso es que ahí está.

Mucho más joven es, sin embrago, su  primo el Código Penal  que está a punto de cumplir sus bodas de plata. La verdad es que de momento resiste bien, y eso que no debe ser nada fácil estar en boca de todo el mundo, y ser al primero que quieren meter mano en cuanto surge el descontento. Que sufrido es el pobre, con esa constante manía de modificarlo por cualquier cosa. Como resulta tan barato…

Y cómo no olvidarnos de la Constitución, cuyo cumpleaños celebramos hace poco. Ya va teniendo sus años (más de cuarenta) y aguanta como una jabata. Solo un par de retoques estéticos y ahí sigue, inasequible al desaliento, a pesar de las manazas que tantas veces quieren manipularla o quedársela para sí. Por muchos años, guapa.

Acabaré recordando un aniversario agridulce. El de laderogación de las tasas judiciales, por el que tanto luchamos, pero que nos dejó un fleco que perdura. Continúan teniendo que pagarlas oNG y Pymes y parece haberse olvidado el tema o quedarse aparcado. Y no es poca cosa.

Y no me quiero olvidar de un aniversario especial, por importante y doloroso. Tal día como hoy Ana Orantes era asesinada por su marido, y con su muerte, la lucha contra la Violencia de Género despegó de un modo imparable. Solo pido que no demos ni un paso atrás ni borremos jamás a Ana de nuestra memoria

Y ahora ya llegó el momento de pedir mi regalo. Por mi cumple, quiero unas leyes nuevecitas que sustituyan esos artículos de la ley de enjuiciamiento criminal que no aguantan más, y eso ya, mientras preparan la residencia donde llevar a la ley completa. También quiero una justicia con medios y, sobre todo, que la clase política nos tome en serio. Además, por encima de todo, quiero que la igualdad ante la ley sea más que papel mojado, que no vamos a ser pobres hasta para pedir. Y bueno, si de paso queréis regalarme un jamón, genial O unos cuantos posits y bolis que no sean verdes, que siempre vienen  bien.

El aplauso lo dejaré en suspenso. Me espero a darlo a quien lo merezca cuando veo que me han llegado los obsequios que pido. Que para una vez que pido para mí….

Y no se me olvida. Gracias una vez más a @madebycarol2 por el regalazo de esta ilustración para mi cumple.

 

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