Constitución: feliz cumpleaños


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Ya hemos comentado más de una vez que al mundo del espectáculo le gusta celebrar aniversarios y efemérides varias. Cualquier excusa es buena para ponerse de tiros largos y posar en el photocall, aprovechando, si surge, para promocionar el próximo estreno. Y hasta lo emplea en sus propios títulos, como El aniversario, Feliz aniversario o, simplemente, Celebración.

También nuestro escenario tiene sus efemérides. Y aunque las hay más o menos importantes, hay una que no podemos pasar por alto: el 40 aniversario de nuestra Constitución. Que coincide, por buscarle una pareja cinematográfica, con el de Grease, el musical que nos marcó a toda una generación.

Me vais a perdonar si me pongo un poco en modo abuela cebolleta, que una tiene sus años y, además de canas y arrugas -y veteranía , por supuesto- alguna ventaja me tenía que dar. Imaginadme, para haceros una idea, como María, la hermana pequeña de Cuéntame, que a veces creo que mi madre  les prestó fotos mías para vestirla igual.

Cuando yo nací no había Constitución. Era muy niña cuando se aprobó, tanto que apenas recuerdo poco más que el hecho de que en la tele estaban pesadísimos. He de confesar que, en esa época, me parecían bastante más importantes Olivia Newton John y John Travolta y su Happy end en aquel Instituto Ryder al que me hubiera encantado ir, porque no hacían otra cosa que bailar y cantar y ponerse estupendos modelitos y no había una sola escena que estuvieran dando clase o haciendo exámenes.

Con  el tiempo, la balanza de la importancia fue inclinándose a favor de la Constitución en contra de Olivia y John y sus gorgoritos. Una se hace mayor, aunque también he de confesar que no me pierdo ninguna reposición de Grease y que salgo a la pista como una posesa si en una verbena o una boda suenan los acordes del “Tell me more” o del acachudermotuplayer. Pero ya hace tiempo que perdí mi álbum y mis carpetas forradas de escenas de Grease y, sin embargo, conservo como oro en paño el primer ejemplar de la Constitución, que me dieron en el colegio por cortesía del Ayuntamiento, y el primero que tuvo mi padre, ese con fondo ocre que he visto en más de un nostálgico tuit,  como el de la compañera que me ha prestado la imagen.

La cuestión es que, por suerte para mí, crecí como si el hecho de tener una Constitución fuera normal, sin acabar de ser consciente de que durante los cuarenta años anteriores no lo había sido en absoluto. Conforme me fui haciendo adulta, empecé a ser consciente de ello, y, cuando me decidí a encaminar mis pasos hacia Toguilandia, tuve, además, que estudiarlo. Por supuesto, el día que me puse mi toga y mis tacones por vez primera, me sabía a pies juntillas la Constitución enterita, incluidos esos enormes artículos 148 y 149 sobre las competencias del Estado y de las Comunidades Autónomas a los que tanto debo, ya que me salió ese tema en el examen y creo que fue la clave no solo para aprobar sino para hacerlo con buena  nota. Y la verdad es que les debía un homenaje al estilo de Lola Flores, que siempre decía eso de su público, al que tanto quiero y al que tanto debo.

También he de decir que fue una buena inversión. Además del impagable aprobado, con su pasaporte a Toguilandia incluido, es una de las pocas materias que no han cambiado casi, apenas un par de retoques que cabrían en un folio de las famosas actualizaciones de los apuntes.

Eso me lleva a la pregunta seria de este estreno, que cualquier peli que se precie tiene que tener un mensaje. ¿Hace falta reformar la Constitución? ¿Necesita una buena capa de chapa y pintura, como cualquier edificio por bien construido que esté?. No contesten ahora, háganlo al final del post.

Es cierto que todos los partidos coinciden en que algo hay que reformar, aunque en lo que no coincidan tanto es en el qué. Yo le daría una vueltita al lenguaje, que sonara un poco más inclusivo. Eso de que el término “mujer” solo salga dos veces, y sea para decir que será preferido el varón sobre la mujer en la sucesión del trono, me chirría. Y creo que también le chirría al propio texto y a su artículo 14, que proclama la igualdad.

También retocaría alguna que otra cosita, aunque voy a dejarlas a la imaginación de cada cual para mantener el suspense. Creo que ya ha pasado suficiente tiempo para que podamos revisarla sin complejos, aunque no creo que llegara a desgastar la punta de mi lápiz rojo.

Eso sí, a quienes daría un toque, y no un retoque, sería a quienes se empeñan en patrimonializar la Constitución para sí, declarándose constitucionalistas a machamartillo y arrogándose la pertenencia de un texto que pertenece a todo el mundo. No quisiera que pasase como con la bandera, que ha acabado por identificarse con determinada tendencia aunque no debiera ser así. Y, de paso, recordaría que la Constitución tiene más de un artículo, que a veces parecen olvidarlo.

Si me dan a elegir, me quedo con toda la parte dedicada a los derechos fundamentales, porque creo que ahí late nuestra esencia. Aunque no puedo por menos que mostrar mi debilidad por el título relativo al poder judicial y, en concreto, a ese artículo 124 dedicado al Ministerio Fiscal. Cosas de la fiscalita que llevo dentro, y que no me perdonaría si no dijese.

Así que este es el The End de este estreno. Ahora, que cada cual decida si hace falta una reforma y dónde. Mientras tanto, mi aplauso es para nuestra Constitución y por quienes, desde sus distintos puestos, hacen cada día que se cumpla. Feliz aniversario.

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