Pegatinas: señales de alarma


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                Todas las profesiones tienen su código cifrado, aunque no lo parezca. Y este código siempre se traduce en una etiqueta, adhesiva o no según tiempos y presupuestos, destinada a llamar la atención sobre algo. Las etiquetas, sean en pegatina, en cartón o por medio de cuño, han dado tanto de sí que hasta integran los títulos de obras como Top Secret o L.A Confidential. Y es que pocas cosas hay tan atractivas como un documento cruzado con esa leyenda que le confiere caché.

                Por supuesto, el teatro también tiene las suyas. Desde la maravillosa “entradas agotadas” hasta la desazonadora “función suspendida”, pasando por “próximo estreno” “pronto en sus pantallas” o “sesión aplazada”, hasta un sinfín de posibilidades. Como aquellos dos rombos rojos en la pantalla del televisor que nos enviaban a los niños de la época directitos a la cama o las actuales pelotitas con un número dentro que supuestamente indica la edad para la que es adecuado tal o cual programa.

                Y nosotros, claro está, también tenemos las nuestras. Si hay suerte y el suministrador de material está de buenas, en forma de pegatinas de colores. Muchas veces, con una simple cartulina de colores con la leyenda correspondiente impresa en gruesas letras. Otras, con un papelito grapado donde alguien ha garrapateado el mensaje. Y otras más, con los imprescindibles pósits, como esos que daban lugar a la positprudencia a la que dedicamos otro estreno (https://conmitogaymistacones.com/2015/01/30/jurisprudencia-mayor-y-menor/). Pero siempre ahí, alertando que esa causa tiene un plus.

                La reina de las etiquetas es, sin duda la de “causa con preso”, una etiqueta roja que da un respingo nada más una la ve. Sobre todo si acompaña a varios tomos, y más aún si es víspera de vacaciones. Es la Alerta máxima de nuestros procedimientos, la etiqueta infarto. Y significa, en lenguaje descodificado: deja todo lo que estás haciendo y dedícate a mí en exclusiva y Deprisa, deprisa. Se lo digo yo, que tengo la piedra Roseta de las pegatinas.

                Está también su hermana pequeña, la de “causa preferente”. Esta pobre igual vale para un roto que para un descosido, y las hay de varios colores. Sería una simple etiqueta no me pierdas de vista si no soliera ir acompañada de otras, muchas veces de la de “orden de protección” “violencia de género” o “violencia doméstica”. Cuando se juntan, su valor se multiplica y, si no llegan a ser etiquetas infarto, sí que suelen ser etiquetas que queman. Y, como los huevos Kinder, suelen llevar sopresa dentro. Así que cuidadito con ellas.

                Además de éstas, hay otras muchas. Algunas causas llevan, después de ser sentenciadas, la de “ejecutoria”. Esta es solo una etiqueta informativa, de las que te llevan a saber de inmediato en qué montón colocar ese expediente de los muchos que atiborran la mesa. Lo que en ocasiones se agradece, no digo yo que no.

                Pero hay más etiquetas susto. La de “Víctima de especial protección”, por ejemplo, que te mira desde el armario diciéndote que es distinta, que has de tener cuidado y tomar medidas. O la de “causa secreta”, que solo con verla te dan ganas de abrirla y enterarte de todo antes qe nadie.

                Pero el lenguaje de las etiquetas no es un numerus clausus, sino apertus. Puede haber tantas cuantas se le ocurran a los titulares de los órganos jurisdiccionales, o a la fiscalía, a los secretarios judiciales o a quién sea. Son las etiquetas cajón de sastre. Y destinarse a cualquier cosa. Incluso al órgano donde se va a desarrollar el juicio –audiencia, jurado, juzgado de lo penal-. Pero de éstas, hay una a la que le tengo especial manía, aunque a primera vista no debiera. La que pone “Fiscal”, así, en grande. Y que no significa otra cosa que eso: que en ese procedimiento tiene que asistir el Fiscal, aunque en algunos como ése no lo haga. Lo que ocurre en algnas faltas, o en algunos procedimientos de familia, o en otros de laboral o contencioso. Y que te indican: podrías haber tenido más suerte, pero esta vez te ha tocado. Game over

                Pero así y todo, qué haríamos sin ellas. Sin ese semáforo en forma de rectángulo que nos advierte que ella está ahí, y que su nivel de alerta es más o menos elevado.

                Así que, ¿por qué no?. Démosles un aplauso. Pero, sobre todo, démoslo a aquellos qe cuidan de que vayan siempre en su sitio. Y evitan que se desencadene alguna tragedia, qe ya tenemos bastante.

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4 pensamientos en “Pegatinas: señales de alarma

  1. En primer lugar, enhorabuena por la entrada en particular y por tu blog en general! Hay una etiqueta que lejos de dar el mal rollo de todas las que cuentas produce una inesperada y alegre sorpresa y que se utiliza al menos en el orden social -o se utilizaba cuando todavía existía aquello a que hacía referencia…- me estoy refiriendo a una que decía: DINERO. Sí, hubo un tiempo en que no siempre le tocaba pagar al FOGASA…

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  2. Pingback: Cumpleaños: una año de toga y tacones | Con mi toga y mis tacones

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