PERIODISTAS: ¿ÁNGELES O DEMONIOS?


periodismo 3

                Poco a poco, nuestro gran teatro va avanzando en número de representaciones y en espectadores. Conocemos a gran parte de los personajes y hasta parte de la trama y nuestro escenario ya se va consolidando. Por eso, ha llegado el momento de enfrentarse a aquello que todo artista teme: la crítica. Y, claro está, nosotros no íbamos a ser menos. Y contamos, por supuesto, con nuestros propios críticos, esa prensa que cada vez más destina páginas y páginas a nuestro particular espectáculo. Amables o despiadados, según los casos. O ambas cosas a un tiempo. Como no puede ser de otra manera.

                Hubo un tiempo en que los periodistas de tribunales, como ocurre con los críticos de cine o de teatro, estaban especializados. Incluso en casos, ultraespecializados, diferenciados entre periodistas de sucesos o de tribunales. Hoy esa línea se desdibuja, como se desdibuja también la especialización en esta materia. En parte, la causa está en la coyuntura, que no están los tiempos para dispendios y la optimización de recursos hace que el que lleve la sección de tribunales haya de compatibilizarla con la de fiestas y tradiciones populares, por poner un ejemplo –real, por cierto-. Pero en parte también está la judicialización de muchas facetas de nuestra vida, fundamentalmente la política, vista la cantidad de políticos que se ven obligados a frecuentar los pasillos de los juzgados. Y también cierta invasión por parte de la prensa frívola, con la aparición voluntaria o involuntaria de algunos de nuestros más conocidos protagonistas en sus páginas.

                Reconozco que desde que parte de mi labor profesional se encarriló en las relaciones con los medios de comunicación, se me cayó un mito. En apenas un par de meses, ya me habían robado todo el glamour que siempre presumí que tenía esa profesión, a la que admito que también me hubiera gustado dedicarme. Nada de aquel ambiente especial de Primera página o Al filo de la noticia que una en su ignorancia creía que iba a encontrar. Nada de Watergate. Ni siquiera la camaradería y sentido del humor patrio de la serie Periodistas. Nada de nada. Personas como las demás, desesperadas por llevarse una noticia a la boca con que llegar al periódico, casi mendigando. “Chacho, dame argo…”, solía bromear una periodista amiga tratando de encontrar algo noticioso en nuestro devenir diario. Y así un día tras otro.

                Es difícil hacer ver en nuestro colectivo que la prensa no es el enemigo. O que, al menos, no tiene por qué serlo. Como cualquier crítico, pueden hundir o llevar al éxito un espectáculo. Y el nuestro no es una excepción, nos guste o no. Gran parte de la opinión de nuestro público, el ciudadano, viene influenciada por lo que ellos digan de nosotros. Ese es su gran poder, pero también es su responsabilidad. Incluso puede llegar a depender de la imagen que ellos den que algunos espectadores asistan o no a nuestra función, decidiéndose o no a acudir a los tribunales para denunciar un hecho o demandar una solución.

                Quizás por eso, o por un miedo que parece venir de serie con nuestras togas, es ver las cámaras a la puerta de la sala de vistas y tener sudores fríos. Las mariposas del estómago se convierten de repente en pirañas y no podemos evitar enfrentarnos al juicio con un plus de angustia al saber que vamos a ser observados a través de lo que esos críticos ávidos escriban en sus libretas, y en lo que capten con sus cámaras y micrófonos. Y con la misma ansiedad que el actor o director lee las primeras críticas tras el estreno, abrimos con avidez al día siguiente los periódicos a la espera de lo que puedan decir de nuestra actuación. Y quedamos satisfechos, o no. Todos tenemos experiencias de uno u otro color.

                Por todas estas razones, debíeramos replantearnos nuestras relaciones con la prensa. Comprender de una vez por todas que por no hablar de algo, no evitaremos que se publique. Que la noticia, si interesa, va a ser publicada igual, y más vale dar nuestra explicación o nuestra versión, que callar y que busquen en otros sitios la información que nos demandan. Y que el derecho a recibir información veraz asiste al ciudadano y no somos quienes para sustraérselo. Del mismo modo que asiste al periodista la libertad de expresión, y no podemos enfadarnos si hacen uso del mismo, siempre que no traspase determinados límites, por supuesto.

                Todos hemos tenido experiencias negativas con la prensa, no voy a negarlo. Pero no podemos hacer pagar en todos los periodistas con las culpas de otros, y en ocasiones generalizamos demasiado, y metemos a todos en el mismo saco. Y eso no es justo, como no lo es ninguna generalización. Y menos aún cuando se les identifica con muchos de los opinadores y tertulianos que salen en los medios sin tener ni idea de lo que hablan. Que haberlos, haylos.

                Estos críticos nuestros pueden ser aliados o enemigos. Y en parte es labor nuestra elegir su papel en nuestra función. Quizás así contribuyamos a evitar espectáculos tan lamentables como el vivido hace años con el terrible asunto de “las niñas de Alcácer”, o esa manía de que todo el mundo se crea legitimado para opinar de justicia. La “alcacerización” de los medios y la “belenestebanización” de la justicia son males a erradicar, pero también nosotros hemos de poner de nuestra parte. Con permiso de Ana Rosa, faltaría más.

                Así que perdamos el miedo. Siempre recordaré una frase de una periodista que, ante mi afirmación de que muchos jueces o fiscales sentían temor ante la prensa me dijo “¿Y qué crees que sentimos los plumillas cuando nos mandan a hablar con todo un señor juez o fiscal?”. Pues eso, cada uno en su sitio.

                Y por cierto, aprovechemos ahora que aún podemos hablar, que si la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial prospera, lo vamos a tener más que difícil…

                Por último, queridos periodistas de tribunales, sean benévolos conmigo y hagan una buena crítica de este estreno. La esperaré ansiosa.

 

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13 pensamientos en “PERIODISTAS: ¿ÁNGELES O DEMONIOS?

  1. Todos o casi todos los seres humanos tenemos esa polarización en nuestra vida, nuestro trabajo incluso ante nuestras más íntimas amistades, no hablamos ni actuamos igual con compañeros de trabajo que con compañeros del gimnasio; no vertemos las mismas opiniones ante el camarero de un céntrica cafetería que ante el camarero del bar de la esquina; según que o quien nos rodea, dejamos ver una faceta diferente de nosotros mismos, de modo que podemos parecer un “ángel” o un “demonio” si no hay un componente económico, sentimental o espiritual, cuanto más se acentuará la historia si ello conlleva conservar un amigo o acceder a un puesto de trabajo. Dicho esto, creo que los periodistas ni son ángeles ni son demonios, pero si creo que pueden y deben discernir si vale la pena posicionarse a un lado o al otro. Dejo fuera a esos seres que no se cortan ni con una gillette afilada y sueltan aquello de “Yo por mi ……mato”

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  2. Gran Post, respecto a los fiscales y jueces siempre he tenido una gran curiosidad. ¿Os dan placa para identificaros?

    Me refiero tipo levantamiento de cuerpos etc, cuando surgen esas cosas, o si hay algún problema

    Gracias.

    Un saludo.

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    • Gracias!!! No tenemos placa ni nada parecido. Un carnet horroroso que parece el de la biblioteca del instituto. Nos identifican porque vanos como comision judicial desde el juzgado de guardia. En los otros casos, es un auto de fe o carnet cutre

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  3. La vida no cap en un tweet, per molt que hi haja qui s’enteste en el contrari, de manera que faré alguna que altra reflexió directament al teu bloc, estimada Susana (i artista!).

    La primera impressió que he tingut només llegir-te ha estat la sorpresa: “com és possible que tota una senyora jutgessa o tot un senyor fiscal puguen tindre por d’un simple mortal com és un periodista?” Sí, la pregunta té ‘un poc’ de mala llet i ‘un molt’ d’ironia… però crec que és una sensació compartida entre molts professionals del periodisme: jutges i fiscals estan molt allunyats de nosaltres, i quan hem intentat acostar-nos a molts d’ells, el prejudici ha prevalgut; és a dir: no ens han adreçat cap ni una paraula, o la seua mirada ha sigut suficient com per a fer-nos pensar que no hi havia res a fer. És bo saber que alguns periodistes tenen el do de la insistència, i s’atemoreixen davant de molt poques coses. Realment, com bé expliques, es tracta d’un clàssic de les relacions de parella: la falta de comunicació. Jutges i fiscals no ens tindrien tant de recel si saberen com funciona el nostre treball, i si comprengueren que les nostres intencions no són tan retorçudes com alguns d’ells arriben a témer. En el fons, ja veus, els periodistes som uns angelets…

    …o no. També, com qualsevol persona i en qualsevol àmbit podem ser dimoniets. Podem tindre una ambició de vegades no massa saludable, i donar (o rebre) alguna colzada de tant en tant. De fet, en el meu cas personal, diria que la secció de Tribunals ha sigut potser la més competitiva en què he treballat. Però és que ens va la marxa. Tanmateix, i més enllà d’algun cas lamentable, el perill real de la nostra professió no sol estar en nosaltres, sinó en l’empresa informativa: la que pressiona per a omplir pàgines, per a dur un tema propi o per a emetre abans que ningú la notícia; o la que desincentiva, quan després d’escrita una notícia, “algú” et canvia el titular per un de més cridaner (però menys rigorós), o quan no et permet informar de la realitat que veus i la rebel•lia personal es converteix en posterior càstig. És en aquests casos, quan l’angelical professió periodística baixa als inferns.

    Per últim, m’agradaria remarcar un fet que també comentes. La creixent falta d’especialització, el fet de tirar mà d’il·lusionats (però inexperts) becaris i la precarització del periodisme fan impossible que assumptes tan delicats i transcendents com els que trobem als corredors judicials siguen abordats amb la seriositat i rigor que calen. La societat en què vivim no té la suficient consciència del paper fonamental que el periodisme de qualitat ha de tindre si volem que la democràcia també tinga eixe mínim de qualitat.

    (Perdona el testament que t’he escrit, però no m’he resistit al teu abordatge! :P)

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  4. Totalmente de acuerdo Susana, no conocía su blog, pero sí seguía No sin mi toga, aquí tiene un nuevo seguidor. Como dijo Grande Marlaska en un discurso, los jueces, fiscales y periodistas están condenados a entenderse. Ambos tienen las mismas aspiraciones y recorren el mismo camino pero a distintas velocidades y profundidad.

    Estoy muy de acuerdo con que en la Justicia falla la política de comunicación. Pero no sólo por la Justicia o Fiscalía en sí, considero que es necesario que desde todos los estamentos jurídicos (abogados, procuradores, jueces, fiscales, notarios, etc.) realicemos una labor de pegagogía y de acercamiento sobre cuáles son los derechos fundamentales y libertades públicas de los ciudadanos y a la vez defender con responsabilidad y firmeza que entre ellos en cualquier Estado de Derecho y Democrático moderno. Me parece muy preocupante el que haya delincuentes condenados en tertulias televisivas, twitter o medios antes que en los juzgados, el que se desprecie la presunción de inocencia o que 9 de cada 10 jóvenes estén a favor de la pena de muerte por ejemplo. Son cuestiones que parecían superadas desde hace tiempo pero cada vez son más cuestionadas en nuestra sociedad civil. Essa responsabilidad ha de cogerla por los “cuernos” el Poder Judicial y el Ministerio Fiscal. Los jueces y fiscales han de ser accesibles, no puede existir ese concepto de “endiosados”. Entre “un juez estrella” y aquellos que “sólo hablan con sus sentencias o escritos de acusación”, ha de existir un término medio. Es posible facilitar la comprensión del lenguaje sin detrimento de calidad tecnica-jurídica, el PJ y el MF han de defenderse más, no ser tan retraídos, explicar por qué se toman determinadas resoluciones, explicar que las leyes son las que hay, reclamar las reformas oportunas con más ahínco etc. Está bien eso de que “el Juez se pronuncia en sus sentencias y el Fiscal por su acusación”, pero si no se entienden para la ciudadanía o son 300 folios que leen 4, entonces no se pronuncia en ningún sitio o se malinterpreta que es peor. Mayor presencia de los Gabinetes de Comunicación que para eso están. Se escuchan muchas críticas a las actuaciones de jueces y fiscales pero nadie suele explicar que las actuaciones tienen una motivación, un trasfondo, que los jueces y fiscales no actúan por capricho.

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    • Muchas gracias. No puedo estar más de acuerdo con todo. Esa es parte de mi lucha diaria en mi labor de portavoz de mis fiscalía, un cargo no retribuido y poco valorado en muchos casos. Nos debemos al ciudano, y mal nos puede entender sí no salimos a explicRnos, o lo hacemos en unas resoluciones cuyo lenguaje dificilmente comprenden. En cuanto a las condenas por Twitter, te remito a la entrada que en breve haré en Nosinmitoga, en el que también sigo escribiendo, tras una pasillo vacacional. Un abrazo y gracias por seguirme

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