Titulares: del dicho al hecho


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Pocas cosas hay que llamen tanto la atención como un buen titular. O uno malo, según sea. Pero un titular escandaloso es muchas veces lo que queda, dejando de lado Lo que la verdad esconde. Si nos anunican una película como La historia más grande jamás contada, o dicen que no nos dejará indiferentes, o que jamás vamos a volver a conciliar el sueño, ya entran ganas de verla, o de salir corriendo, según los casos. Aunque luego la cosa no sea para tanto. Pero ya picamos.

La verdad es que nuestro teatro es campo abonado para titulares escabrosos, escandalosos y hasta espeluznantes. Aunque luego no sea oro todo lo que reluce. Porque entre los periodistas, que hoy más que nunca viven entre la Primera página y Al filo de la noticia, hay de todo, como en botica, pero bien saben que el titular es la puerta de entrada para que la gente lea su texto. Y no solo quienes escriben, sino muchas veces quienes mandan en sus respectivos medios.

Siempre recordaré una anécdota. Andaba yo en mis primeros tiempos de portavoz cuando una periodista de un conocido medio me preguntaba por una noticia de rabiosa actualidad. Como quiera que la cosa no era tan llamativa como esperaba, su director, que estaba al teléfono con ella, le espetó que aquello no era así porque Ana Rosa estaba diciendo algo distinto en la tele. Tal cual. Y es que es cierto eso de que la realidad no estropee un buen titular.

Hubo un caso en que la noticia, bastante simple, resultaba poco menos que pintoresca por el modo en que redactaron el titular. Decía que el famosillo de turno había sido condenado a ir cuarenta días seguidos al juzgado con 10 euros. Lo cierto es que era algo tan prosaico como una condena a multa de 40 días con cuota diaria de 10 euros. Pero claro, la cosa así pierde la gracia.

Pero hay titulares tan torpes que si no fuera porque entrañan muchas más cosas de lo que dicen, sería para estallar en carcajadas. Des este tipo es el de “detenidos tres personas y un gitano”.,  “atropella con su camión a tres personas y un francés”, o “estafado por una tal Laura, que al final resultó ser un maromo”. A algunos se les tenían que dar unas cuantas lecciones de esa cosa que parece tan obvia como el derecho a la igualdad

. Otros rozan el absurdo, como “deja tuertos a tres perros y la fiscal propone absolverlo” –que me cuenta además la fiscal en cuestión- o el que ilustra el post, referente a que la autopsia confirma la muerte. Faltaría más, menos mal que hubo un forense espabilado. Y, si de dictámenes médicos hablamos, otro titular que se las trae es éste: “ la acusación solicita un año de cáncer y una indemnización de 12.020 euros por una imprudencia médica”. Condena terrible donde las haya, sí señor.

Y a veces, la propia realidad lo pone fácil. Como a la buena señora condena por conducir ebria y tocar el trasero del guardia civil que la paró (ver aquí) , que no sé yo que es peor, al menos para el guardia civil en cuestión.

O el caso de un señor muy aficionado a nuestro teatro, que acabó “en prisión por no haber ido a un juicio por no haber ido a un juicio por estar en prisión por no haber ido a otro juicio (ver aquí) , un trabalenguas al lado del cual los tres tristes tigres desenladrillando el cielo que está enladrillado son como tres gatitos de angora jugando con los legos.. Y si no, que se lo cuenten a Caperucita Roja, que era como decía ser y llamarse un habitual de los juzgados, cosa que plasmaban los atestados con fidelidad ejemplar.

Pero si hay un titular que ha cobrado cierta fama, ese es un titular falso que de vez en cuando se hace viral. Quizás más de uno lo haya visto. Dice “soltar una ventosidad es violencia de género” y lo achaca a un juzgado que jamás puso esa sentencia. Y si bien, buscando buscando, hay en otro juzgado diferente una resolución que alude de pasada a esa conducta, lo hace en el relato de hechos probados acompañado de los insultos y vejaciones por los que se le condenó. No obstante, el aludido recorte de prensa recorre de vez en cuando nuestras redes sociales y hasta se ha hecho eco de él algún medio serio, cuando no hay más que mirarlo para ver que, curiosamente, no tiene fecha, ni autor, ni periódico. Por supuesto, ningún juez escribió ni dijo tal frase -al menos en público-. Y ojo, que lleva pululando por ahí desde el año 2010 como si fuese lo más novedoso. Igual mañana lo tienen en algún chat de nuevo.

Aunque no hay que ir muy lejos buscando titulares pintorescos. Bastaría con recopilar algunos con los que nos obsequian quienes mandan mucho para que a una le entren ganas de llorar o de reír, según le pille. Afirmaciones como que todos los juzgados funcionan perfectamente, que se han creado más plazas de jueces y fiscales que nunca,  que el papel 0 es una realidad o que la digitalización va viento en popa nos dejan entre ojipláticos y cariacontecidos a quienes transitamos entre togas. Pero es que el papel es muy sufrido, con 0 o sin él.

Así que hoy el aplauso es reapartido. En primer lugar, para quienes desde sus redacciones hacen bien su trabajo y, aunque no nos hagan reír, cumplen a pies juntillas con la función de informar. Y el otro, muy grande, para mis queridos compañeros y compañeras que de nuevo han colaborado con mi toga y mis tacones a redactar este post. Mil gracias

 

 

 

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