Juicios paralelos:  togas de pega


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Muchas veces se hace realidad el dicho de que la realidad supera a la ficción. Pero el verdadero problema surge cuando se hace difícil distinguir realidad de ficción, lo que es y lo que quieren hacernos ver que es, sea o no. Lo que la verdad esconde es, en ocasiones, mucho menos llamativo de lo que parece, y entonces sale eso de que la realidad no estropee un buen titular. O una buena Primera página.

Lo de los juicios paralelos -¿o quizás para lelos?- parece que existe desde que el mundo es mundo. Mucho antes incluso de que existieran los periódicos ya andaban los juglares dando sus propias versiones de los hechos. En realidad, si no existiera el boca-oreja, Romeo y Julieta no hubieran acabado como el Rosario de la aurora. Y no tenemos más que echar un vistazo a la historia de El Crimen de Cuenca para percatarnos de los perniciosos efectos de ver más allá de lo que hay. Una historia que, por cierto, motivó una reforma procesal histórica en su momento: la introducción del recurso extraordinario de revisión.

Y sin duda alguna, aquí sí que se lleva la palma nuestro escenario. Que hay que ver la de sitios donde les gusta imitarnos, reproducirnos y hasta suplantarnos. Mucho más allá de las series de ficcion con sus juicios de la Srta. Pepis, hay un universo entero de togas de pega que recorre prensa, radio y televisión en diversos formatos, desde pseudo programas de investigación hasta magazines con todológos diplomados que tan pronto opinan sobre la separación de la famosuela de turno como sobre la última sentencia del tribunal Europeo de Derechos Humanos. Y, como diría una buena amiga, tan pichis.

Como adelantaba, esto de los juicios paralelos no es nuevo, ni mucho menos. Pero conforme se extiende el mundo de la globalización audiovisual las posibilidades del circo mediático se multiplican y  se convierte en un circo de infinitas pistas. El mayor espectáculo del mundo. Pasen y vean.

Si hay un asunto que marcó un antes y un después en todo esto, creo que fue la horrible tragedia de las niñas de Alcacer. Aunque hace tanto tiempo que ni siquiera me había convertido en una toguitaconada de pleno derecho, todavía se me ponen los pelos como escarpias al recordar aquello. El regodeo en el dolor de todo un pueblo por el tremebundo asesinato de unas adolescentes, con entrevistas a amigas y familiares incluídas, fue todo un máster de lo que no se debe hacer. Y lo que siguió a aquello, con programas diarios comentando la jugada como si fuera la moviola de fútbol, un doctorado cum laude. Tanto es así, que podríamos hablar de una alcacerización de los medios de comunicación cuando el morbo traspasa todos los límites admisibles.

Pero aunque por un momento pudo parecer que se aprendió la lección, fue solo un espejismo. Y cada vez que el asunto puede generar morbo, la tentación parece ser demasiado grande para que alguien no caiga en ella. Marta del Castillo, la niña Mari Luz, el asesinato y enterramiento en cal viva de dos mujeres en Cuenca o la desaparición de Diana Quer son hitos en los que todo el mundo se cree con derecho a opinar y hasta a sentar cátedra. Y, de paso, a pasarse la actuación judicial o las labores de investigación de las fuerzas y cuerpos de seguridad por el arco del triunfo. Tal cual.

El otro día veía en televisión cómo varios tertulianos y tertulianas se refocilaban ante aquello en lo que creyeron encontrar un filón: la muerte de una niña, presuntamente, a manos de su tío de una paliza. Las desavenencias entre los progenitores, la sorpresiva llegada del padre desde el extranjero y las acusaciones mutuas, micrófono mediante, dieron carnaza suficiente para comentar mucho más allá de lo que recomienda la prudencia. Máxime, cuando hay un asunto subiudice con una menor asesinada de por medio.

Y así sigue. Hasta el infinito y más allá. Y así parece que seguirá cada vez que la realidad nos dé un nuevo bofetón con unos de esos hechos que superan la ficción y hasta la imaginación del mejor de los guionistas. Y cuando pasan, oímos cosas en tertulias y debates que nos dejan de pasta de boniato. Como, sin ir más lejos, la que escuché hace poco de labios de una abogada reconvertida en tertuliana sabelotodo: “yo no respeto una sentencia de conformidad”. Y que me dejó con mi capacidad de asombro bajo mínimos, después de haber asistido a un enconado debate sobre una “prueba testimonial” que me ha hecho repasar la ley a ver si mi ejemplar está errado.

Pero tal vez lo peor de todo es saber que hay periodistas de toda seriedad y solvencia esperando una oportunidad para demostrar cómo hacer bien su trabajo, y también me consta que los hay peleándose con sus jefes, día sí y día también, por permanecer dentro de los límites de la ética aun a costa de perder un titular glorioso.

Aunque tampoco hay que matar al mensajero. Lo mejor que podríamos hacer cuando montan un circo de ese calado, es no comprar entradas. Apagar nuestros televisores y no dar pábulo a determinadas cosas. Que no todo vale. Y a veces conviene pararse a pensar y ponerse en la piel de los  afectados por el hecho para imaginar cómo se pueden llegar a sentir ante tanto aluvión de imágenes y de comentarios irresponsables. Obviamente, tenemos derecho a la información, pero no hay patente de corso para la deformación de un noticia hasta dejarla irreconocible

Así que hoy el aplauso es doble. De una parte, para quienes ejercen su labor en los medios con responsabilidad. De otra, para quienes se niegan a ser espectadores o cómplices de determinados circos. Porque, aunque no lo creamos, nos puede tocar a cualquiera.

Y, además, una ovación extra para la autora de la imagen que ilustra este estreno, Lucía Mompó Gisbert, realizada ex profeso para nuestro teatro,

 

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4 pensamientos en “Juicios paralelos:  togas de pega

  1. A veces dichos desagradables espectáculos son útiles para que se investigue en profundidad la veracidad de la base en que se fundamentan. La presión social, a veces , es fundamental para ello considerando el ocultismo con que actúan los delincuentes para quedar impunes, sobre todo algun@s. El morbo, según mi opinión, a veces fuerza a investigar a fondo algunos casos que no interesa sean investigados más que superficialmente.
    Un saludo.

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  2. De acuerdo en todo Susana. Una cosa es la información y otra cosa es el morbo que se le da a las cosas. Pero tristemente parece que si no es morbosa no vende y se dejan de tener en cuenta los sentimientos de las personas involucradas en el suceso.
    Por cierto, mi más sincera enhorabuena por tu blog, tu labor y tu libro que recién recibí y estoy leyendo con mucho interés. Me gustaría saber si puedo contactar contigo por privado para comentarte ciertas cosas en relación con la violencia de género.

    Un abrazo y adelante con tu labor!!

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