Siatodismo: decir siempre que sí


              No siempre es fácil decir que no. Hay incluso quien sostiene que es imposible, y hay incluso una película titulada Ella siempre dice sí, aunque haya otra cuyo título no está tan claro, y nos invita a hacerlo con una exclamación, Dí que sí. Y como en el cine hay de todo, también hay filmes que muestran exactamente lo contrario, como Sí, señor, la historia del hombre que a todo decía que no. Aunque, como siempre, en e medio está la virtud. Ni calvo ni siete pelucas.

              En nuestro teatro nos vemos muchas veces en la encrucijada de decidir, y ahí está el tema a que quería dedicar hoy nuestro estreno. ¿Cómo acertar, tendiendo al sí o al no? ¿Cómo sabemos si hicimos lo correcto al aceptar una cosa, o nos equivocamos al rechazarla? Pues es complicado, pero hay que arriesgarse. A meter la pata y a algo casi peor, que alguien nos salga con el consabido “te lo dije”. Cuanto cansino hay por el mundo con esa frase a flor de labios.

              No obstante, no todos los intérpretes de nuestras funciones estamos en la misma posición a la hora de aceptar o rechazar cosas. No es la misma la situación de la abogacía y la procura, que son profesiones liberales y necesitan tener clientes para salir adelante, que jueces, fiscales o LAJs, que no tenemos más cliente que la sociedad y no podemos aceptar o rechazar ningún caso más que por razones estrictamente procesales, como la falta de competencia

              Pero hoy quería centrarme en una parte no profesional. O no tan profesional, al menos, como el despacho diario de asuntos y la celebración de juicios. Lo que es nuestro día a día. Y ahí sí que la posición de unos y otros habitantes de Toguilandia no es tan diferente,

              En mi caso, me confieso siatodista de hecho y de derecho, y no tanto porque no sepa decir que no, sino porque no me da la gana hacerlo. Aunque a veces luego me arrepienta o al menos me pregunte a mí misma eso de ¿por qué narices me he metido en este berenjenal? Soy siatodista, por si alguien no ha caído aún en la etimología del palabro, porque digo sí a todo. O a casi todo, que nunca se pueden hacer afirmaciones absolutas.

              ¿Y a qué me refiero cuando hablo de decir que sí a todo? Pues, por redundante que resulte, a todo lo que se presente. Porque no hay nada que me guste más que un buen reto, sea profesional o se encuentre en las antípodas de Toguilandia. Y, encima, trato de disfrutar y sacar el jugo a todo, como ya he contado más de una vez. Disfrutona que es una.

              Me referiré a algunos supuestos. Salvo que sea absolutamente imposible, nunca digo que no a colaborar, con una conferencia, mesa redonda o cualquier otra cosa, en actividades solidarias para fines que merecen la pena. También he participado y sigo haciéndolo en libros solidarios, y aúno la solidaridad con la literatura, otra de mis pasiones.

              Pero no todo es altruismo. También suelo decir que sí a cursos, charlas y similares en los que puedo aportar algo. Con una excepción: soy una fiel seguidora del lema “zapatero a tus zapatos” y no me meto en temas que desconozca. Se puede ser decidida, pero la osadía tiene un límite. Y ponerme hablar de la usucapión contra tábulas, de la servidumbre de parada y partidor o de Derecho bancario, por poner algún ejemplo, no entra dentro de mis planes ni por todo el oro del mundo.

              Y, como no solo de Derecho vive la jurista, hay muchas más cosas a las que decir que sí. Y digo que sí a todo tipo de danza, y a cualquier propuesta literaria, y a cualquier cosa que me divierta o que me permita aprender, o ambas a un tiempo. También digo que si a cualquier propuesta de reunión, cena, comida o actividad diversa que me aporte algo, aunque de un tiempo a esta parte sea un poco -solo un poco- más selectiva. Siempre digo lo mismo: dimelo con tiempo y me organizo. Porque la gestión del tiempo es la clave para conseguir llegara todo.

              En definitiva, y como decía antes, puedo decir que no y sé hacerlo, pero las más de las veces no me da la gana. Aunque reconozco alguna vez debería pensarlo un poco mejor antes de lanzarme en pancha a todo. Qué le voy hacer si es lo que me pide el cuerpo.

              Así que el aplauso de hoy se lo dedico a todas las personas que comparten conmigo este siatodismo. Porque en la inmensa mayoría de los casos vale la pena.

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