Reseteo: cosas que no volveré a decir


aplauso

Había un programa de televisión que, parafraseando el refrán castizo, decía algo así como que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Era un programa dedicado a la seguridad vial -pionero en su época-, presentado por Paco Costas y que, si no recuerdo mal, se emitía antes del inolvidable Un dos tres responda otra vez, protagonista de mis noches de viernes durante mucho tiempo. El programa de llamaba La Segunda oportunidad y ese sonsonete me lleva persiguiendo ya varios días, y se repite en mi cabeza sin cesar, más que la canción del coro del anuncio de telefonía por el que se pregunta el prota del spot si estará pagando de más. Como el título de aquella película, lo que estamos viviendo es una buena razón para decir Las cosas que no nos dijimos y para darnos Una nueva oportunidad, sea La segunda oportunidad o la que hace mil.

En estos días he pensado mucho en el valor de la libertad, un bien jurídico que damos tanto por hecho que pensamos que no podemos perder. Salvo, claro está, que cometamos algo muy gordo. Algunas veces se bromea con mandar a los investigados a prisión refiriéndose a “enviarlos al hotelito” o cosas parecidas. Y la opinión pública, o parte de ella, frivolizan con la pena privativa de libertad por excelencia diciendo poco menos que son unos suertudos que se van a un retiro pagado con televisión, gimnasio y piscina. Pensemos por un momento en que, si se pasa mal simplemente con la imposibilidad de salir más que para lo básico, encerrados en nuestra propia casa y con todas nuestras comodidades, hacerlo en un sitio diferente y por la fuerza debe ser tremendo. Y no se parece nada a un hotelito ni a ninguna de esas cosas que se dicen sin saber. Espero que nunca más caigamos en el error de decir algo así.

También me he acordado más de una vez estas días de mis propias peticiones a pena de localización permanente a la que reconozco que soy muy aficionada, sobre todo en caso de delitos leves. Solo hay que echar un vistazo a la cantidad de quebrantamientos de esta pena para apercibirnos de que permanecer en casa sin más no es tan fácil como parece. Y, desde luego, por lo que a mí respecta, borraré de mi vocabulario esa costumbre de quitar importancia a esta pena, como si no fuera nada. Y es que perder la libertad, aunque sea por poco tiempo, duele.

De otra parte, voy a desmitificar para siempre algo, creo que junto con medio mundo. Adiós a la mantita sofá como objetivo de los fines de semana o días de asueto. Creo que, por bastante tiempo, voy a dejar que la mantita y el sofá sobrevivan sin mí que, en cuanto pueda, me voy a dedicar a callejear como si no hubiera un mañana. Si siempre han dicho de mí que el techo no me caerá encima, ahora va a ser literal. Por estas que son cruces.

E igual es cosa mía, pero tengo la sensación de que hay delitos que en una temporada no vamos a tener que calificar. A ver quién es el guapo a quien le han quedado ganas de cometer un allanamiento de morada, como si no hubiéramos tenido bastante casa por muchos días. Y, que me perdonen los del plan de choque -que tiene más de choque que de plan-, pero que no piensen que es por su medida de suprimir la competencia del tribunal de jurado para este tipo de delitos. Semejante decisión respondía simplemente al sentido común, a ese al que no han querido hacer caso en mucho tiempo. La naturaleza de este delito -como de algunos otros- nunca ha justificado el despliegue de medios que supone el tribunal del jurado.

En la misma línea, dudo que en una larga temporada haya ganas de cometer delito de robo en casa habitada, o cualquier otra cosa que suponga cerrarse entre cuatro paredes. Y en consonancia con ello, la próxima vez que tenga entre las manos un delito de detención ilegal tendré que respirar hondo un par de veces para no pedir las penas del infierno para el infractor.

Otras de las cosas que habrán de cambiar es la aplicación de la agravante de disfraz. Con esto de la generalización de las mascarillas, si se sigue entendiendo como disfraz cualquier artificio que impida la identificación del autor, todo el mundo estaría disfrazado. Ojala no tarde el día en que dejemos de estarlo, y no porque trabajar con mascarilla y guantes dé un aspecto fantasma a los juzgados, sino porque desechar su uso significará que el peligro ha pasado.

Y, claro esta, me temo que si se hacen realidad las previsiones y rumores que ya corren como la pólvora, habremos de dar carpetazo a todas esas frases propias de veteranos a bisoños: “no cojas agosto de vacaciones, que aunque trabajes no tendrás trabajo” Pues va a ser que no, que parece que será hábil, y que nos destrozará la clara diferencia entre días hábiles e inhábiles que ya se ha visto sacudida por un terremoto con el estado de alarma. Y, por supuesto, en el mes de agosto la ciudad de la justicia ya no será una ciudad fantasma, sino el metro en hora punta, cuando el metro y la hora punta eran lo que eran.

Por último, hay otra cuestión mucho más triste, que por eso dejo para el final. No creo que nadie vuelva a plantearse ahorrar en sanidad, comentar que el personal sanitario se pega la vida padre porque libra tras las guardias ni nada parecido. Pero especialmente doloroso es algo en lo que tal vez nunca nos habíamos parado a pensar, lo importante que es poder acompañar a un ser querido en sus últimos momentos. Las circunstancias han hecho que poder ir a un entierro sea un verdadero lujo y también han hecho que nos demos cuenta de lo trascendentes que son esas cosas. Ojala no las olvidemos nunca

Pero, para no cerrar el telón con mal sabor de boca, quedémonos con otra cosa que cobra valor especialmente. Los aplausos. En este escenario los teníamos en cada estreno, pero tan vez nunca les conferimos su verdadera importancia. Por eso, hoy quiero dar el aplauso a quien aplaude, Porque reconocer el mérito ajeno tienen mucho mérito. Más del que parece.

 

 

3 pensamientos en “Reseteo: cosas que no volveré a decir

  1. A veces sentirse libre no es cuestión de estar confinada es cuestión de ser tú misma, sin miedo. Gracias por todo. Lo haré, claro que lo haré porque la muerte en vida no es vida.

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