Semanas: día a día


 

IMG-20190409-WA0003Hace poco, oí a una persona decir que la unidad de tiempo había pasado a ser la semana. Y algo de razón tenía. Ya no contamos los ciclos en meses y menos aún en años, una semana es un ciclo completo, desde las mejores sensaciones del fin de semana hasta la pesadumbre de ascender la cuesta cada lunes. Y viceversa. El día de la semana determina en muchos casos nuestra vida y nuestra actividad, y el cine da buena muestra de ello. Encontramos títulos para cada día de la semana: Los lunes al sol, Si hoy es martes esto es Bélgica, Los miércoles no existen, Jueves, Gracias a Dios es viernes, Fiebre del sábado noche, La enfermedad del domingo. Y no olvidemos que hace unos cuantos años, los Payasos de la Tele nos obsequiaban con una canción llamada así, Los días de la semana, en que una pobre niña no podía jugar porque tenía que planchar, que barrer, que lavar, y no sé cuántas cosas más. Menos mal que las niñas de entonces no hicimos mucho caso y aquí estoy, con mi toga y mis tacones en vez de estar todo el día lavando, cosiendo, y barriendo.

También en Toguilandia determinan la vida los días de la semana. Y como quiera que  somos seres humanos, nos sentimos bien cuando llega el finde y se puede descansar, y nos cuesta la vida empezar las semanas. Porque, aunque un trabajo pueda gustar, disfrutar de otras cosas gusta cada día más, mientras sea en su justa medida.

En cualquier caso, hay que hacer una puntualización. En nuestro teatro hay muchas veces en que los días de la semana se difuminan hasta desaparecer. Es exactamente lo que ocurre en el Juzgado de guardia  y lo que nos pasa a quienes estamos de guardia  el fin de semana, porque en ese caso no hay descanso posible. Se trabaja sábados, domingos y festivos para que el resto del mundo pueda gozar de su descanso en paz.

Pero en este estreno quería centrarme en los que llamamos entresemana, que del finde ya hablaremos en otra función -atención, primicia al canto- en próximos días.

Los lunes son para la mayor parte de la gente, el peor día de la semana. O, al menos, de la gente que podemos considerar normal, que nunca se sabe. Los lunes son días de vuelta al cole después del fin de semana, o de su correlativo, la vuelta al trabajo. Con ese añadido que son los domingos por la tarde en que más de una vez me asalta la misma sensación que de niña. Dios mío, en nada es lunes y no he hecho los deberes. Y no solo eso, tampoco he hecho aquellas cosas pendientes que tenía que hacer y que me repetí a mí misma que haría estos dos días. Y sigue ocurriendo, aunque siempre nos demos el atracón jurándonos a nosotras mismas que no nos vuelve a pasar, que a la próxima no nos pilla el tren. Porque lo realmente malo es tener un señalamiento complicado un lunes, de esos que hay que estudiarse en casa sí o sí. Aunque no solo afecta a este lado de estrados. Más de una vez me he encontrado con acusados que llegaban tarde alegando, tan ricamente, que era lunes. Sin ir más lejos, una compañera que lleva Menores me contaba que alguno de sus habituales ha llegado a reñirla por señalar tan pronto un lunes, que tiene sueño y tiene que dormir. Acabáramos, que hay fiscales que no tenemos corazón y no dejamos dormir a la gente.

Los martes ya son un poco menos malos. La semana se ha encauzado como se ha podido y ya hemos arrancado. Suelen tener, eso sí, más señalamientos que los lunes, que me consta que siempre se tiende a ponerlos los días centrales de la semana, por si las moscas. No obstante, hay algo que no olvido, pese al tiempo transcurrido. Los martes eran para mí, cuando era opositora, día de cante. Porque cuando una estudia una oposición la semana se mide de otra manera, en función de los días que se va al preparador a cantar; el fin de semana no es más que un maldito obstáculo de un par de días donde el resto de la gente disfruta y quien oposita hace lo mismo que el resto de la semana, pero de peor humor. O así lo vivía yo.

El miércoles es, pese a lo que diga el refranero, el día central. Y digo eso porque todo el mundo ha escuchado alguna vez lo de “estás siempre en medio, como el jueves”. Y es que, aunque en sentido literal, el jueves es el día central, el miércoles es un okupa que ha acabado adquiriendo ese puesto central de la semana por usucapión. Y contra tábulas, nada menos. Aunque hay que admitir es que algunos de nuestros protagonistas tienen un complejo de miércoles que no se les aguanta. Están en medio de todos los fregaos. Y eso me vale tanto para profesionales como para justiciables, que hay quien tiene una vis atractiva tal para algunos temas que antes de que se sepa quién los lleva, ya hay quien ha montado la porra y la ha ganado.

El jueves el camino hacia el descanso dominical empieza a ponerse cuesta abajo. Salvo que se le compliquen mucho las cosas, una ya va sabiendo que el fin de semana se acerca y todo resulta más fácil. Salvo, por supuesto, plazos  que venzan y todas esas cosas, que no hay que olvidar que lo malo que tienen los días de la semana es que son hábiles  a efectos de cómputos de cualquier tipo

  El viernes, como la semana ya está acabando, todo parece ir bien. Aunque no hay que tomarlo al pie de la letra. Si bien es cierto que el número de señalamientos disminuye, sigue habiéndolos, y no podemos tomar como un derecho el de no tener juicios en viernes. Y no digo esto porque sí, que alguna vez he oído quejas del tipo “ese juez es un…. (rellénese la línea de puntos al gusto), que no tiene más ocurrencia que señalar en viernes”. Pues sí, señoras y señores, a efectos de juicios, los viernes, como Teruel, también existen.

Y ahí queda nuestra particular semana toguitaconada, igualitas unas a otras con la excepción de aquellas en que un puente o un festivo las hacen más atractivas. Algunas, incluso,se convierten en semanas intermitente -trabajo ahora sí, ahora no- o semanas Guadiana, porque las fiestas te hacen aparecer y desaparecer

En cualquier caso, el aplauso esta vez es para ese calendario que va marcando nuestra vida profesional, y al que nunca le dedicamos una palabra amable. Venga, hoy va por ti.

 

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