Detalles: cosas que hacen feliz


luna y venus

La felicidad es un concepto vago. O concreto, según se entienda.Hay quien entiende la felicidad como algo abstracto y absoluto que no se alcanza nunca. Hay, por el contrario, quien tiene la suerte de hallarla en las pequeñas cosas. Eso es lo que trata de hacer precisamente el arte. Cuando alguien ve una obra de teatro, o una película, cuando contempla una escultura o una pintura o ve un espectáculo de danza y por un instante sale de su vida diaria para disfrutar de la de otros, el artista ha logrado su objetivo: hacer feliz a alguien. Da igual que sea a través de un drama o de una comedia, de una biografía o de una historia de ciencia ficción. Todas las personas, de un modo u otro, andamos En busca de la felicidad, recibimos La llamada que nos llevará a ella, recordamos Aquellos maravillosos años o buscamos Un lugar en el mundo. Al fin y al cabo, ¿a quién no le gusta Un final feliz?.

Es difícil que en Toguilandia tengamos finales felices tal como ocurre en las películas. Nuestro mundo se nutre de desgracias y problemas que tratamos de arreglar, ley mediante, lo mejor que podemos. Pero es imposible reponer las cosas a su estado original. Hay que reconocerlo. Aunque también hay que reconocer la satisfacción, si no felicidad, que puede dar que se haya hecho justicia. O la que nos da el deber cumplido. Pese a todo.

Pero hay pequeños trocitos de felicidad que aparecen cuando una menos se lo espera. Y donde una menos se lo espera. Y hay casos que merece la pena compartir.

Leía el otro día como mi compañero y amigo de profesión y redes sociales @nandogerman contaba una experiencia surgida a través de twitter, un mundo donde se prodigan insultos y desprecios más de lo que sería deseable. Nos contaba que, a raíz de una de sus maravillosas fotos –precisamente, la que ilustra este estreno, como no- Con su permiso, voy  a dejar que sean sus palabras las que hablen: “Hace poco alguien vio una de mis fotos de Venus y la Luna y me escribió en privado. Me explicó que se había emocionado al verla porque desde que murió su madre, hace cuatro años, todas las noches busca a Venus, ya que su madre le dijo que estaría allí”. Termina diciendo que le envió la fotografía por correo, y la hizo feliz, y al hacerla feliz también se sintió feliz. Y he de admitir que esta toguitaconada, al leerlo, también sintió un poco de esa felicidad. Aunque pueda parecer cursi. A veces no puedo evitar serlo, y a mucha honra.

Recordé al leerlo algo que me había pasado a mí no hace mucho. También a través de redes, y por mensaje privado, alguien me dijo que había prestado mi Mar de Lija . La mujer a la que se lo prestó, al leerlo, se sintió tan identificada con una de las protagonistas de mis relatos que tomó la decisión de salir de la situación de malos tratos que asfixiaba su vida. También yo me sentí feliz. Y coincidiréis conmigo que si eso es ser cursi, vale la pena cursilizarse de vez en cuando. Que para sobredosis de realidad ya tenemos de sobra.

Hago hincapié en mi presunta –digo yo que tambien tendré derecho a la presunción de inocencia- cursilería por otra cosa que me ocurrió a través de redes. Algo que da fe –sin necesidad de notario o LAJ- de lo que decía al principio respecto a la abundancia de insultos y desprecios en redes sociales. Que más bien parecen insociales, dicho sea de paso. A propósito de un post que hablaba de que no somos de piedra  hubo alguien que se molestó en en entrar en el blog y comentar al respecto. Me llamaba cursi y ágrafa, y lo que es peor, se refería a mis seguidores como “personas sin criterio”. Por eso precisamente no aprobé el comentario, porque tolero que me insulten – o lo intenten- a mí pero no a toda ese gente que me leéis y con eso también me hacéis feliz. Y, en cualquier caso, como dice el refrán, no insulta quien quiere sino quien puede. Y no me ofende ser cursi, ya lo he dicho. En cuanto a lo de la agrafía, aun le estoy dando vueltas, entre la hilaridad y la perplejidad. Por si alguien no lo sabe, se trata de una pérdida de la habilidad de producir lenguaje escrito causada por una lesión cerebral. Y yo creo que a nadie se le escapa a estas alturas que mi lenguaje escrito puede gustar o no, pero producir, produzco. No puedo evitarlo, soy escriborreica. O lletraferida, como dice una amiga. Por supuesto, en cuanto a la lesión cerebral, mejor ni lo cometo.

No es este el único insulto que he recibido en redes, aunque tal vez sí sea de los más pintorescos. Al césar lo que es del césar. Pero me han llamado de todo. Como ocurre, en mayor o menor medida, a todo aquel que se atreve a adentrarse en este mundo de las redes sociales 

Por eso me gustó la historia de Fernando. Por eso conté la mía y podría contar alguna más. Como la de una persona que se fue de este mundo hace poco y que, cuando la desvirtualicé, me dijo “qué feliz me has hecho”, unas palabras que ahora que ya no está son un tesoro que guardo en mi memoria. También la de alguien que había perdido el contacto con mi familia desde antes de que yo naciera y que no hace mucho me encontró a través del blog , y con quien tengo una cita pendiente que me ilusiona mucho -no haré spoiler para entonces-. O la de la recuperación de un familiar perdido, con reencuentro en persona incluido.

Así que ahí queda eso. Llamadme cursi, si queréis, que cualquier día le pongo purpurina a la toga y lazos a los tacones, y me saco el máster de cursilería. Pero antes, ahí va el aplauso. Dedicado esta vez a @nandogerman y a todas las personas que hacéis que las redes sociales merezcan la pena. Gracias.

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