
(Comienza con una adolescente cargando con una vieja maleta)
- ¿Qué es esto, mamá?
- ¿De dónde lo has sacado?
- Estaba en el trastero. Me ha caído encima cuando buscaba cosas viejas con qué disfrazarme…
- Tíralo –imperativa- Tíralo a la basura inmediatamente
- Pero… Me gusta –abre la maleta y saca una prensa de ropa gastada- Me puede servir
- Tíralo –dice con menos energía- Por favor…
La niña ignora el ruego de su madre. Continúa sacando objetos de la maleta. Un abrigo y un jersey viejos, unaas botas,varias prendas de ropa interior anticuadas y muy gastadas, algunas fotos antiguas, un rudimentario botiquin con vendas, un frasco de mercomrina reseco y unaas pastillas sin identificar, y un sobre lleno de papeles amarillentos. – ¿Qué pasa mamá?. ¿Estás llorando?
- Que va, Algo se metió en el ojo
- No es verdad. Lloras. A mí no me engañas. ¿Qué tiene esta maleta?
- ¿De verdad quieres saberlo?
- Sí, por favor. ¿Qué es?
- Esa maleta es mi pasado. Ni más ni menos
- ¿Tan pocas cosas?
- Está llena de cosas que no se ven, ni se pueden tocar. Está llena de dolor
- ¿Dolor? ¿Y por qué nunca me lo has contado?
- Si tú quieres… No lo hice antees porque eras demasiado pequeña, y era demasiado horrible. Pero tal vez ha llegado el momento de que sepas la verdad.
Es cierto que nací en un pueblo pequeño de un país a muchos kilómetros de aquí. Y cierto es también mi nombre de pila, casi lo único cierto de la hitoria que inventé para ocultar la realidad.
Llegué aquí sola, después de dar muchas vueltas por lugares que no conocía y cuyo nombre nunca llegaré a saber. Me captaron en mi país, con la promesa de un trabajo que nunca llegó. Iba a ser secretaria, o recepcionista, o algo así. La necesidad de salir de allí y el hambre que pasaba mi familia hicieron que me agarrara a aquella oferta como a un clavo ardiendo. Me creí a pies juntillas todo lo que me dijeron, y me embarqué en un vuelo sin retorno hacia el infierno.
- ¿Hacia el infierno?
- Tal cual. La amabilidad de aquel hombre que me ofrecia trabajo se acabó en el mismo momento en que el vuelo despegó. A partir de entonces, tanto a mí como a las otras chicas con las que viajaba, nos trataron como una basura. Tanto, que llegué a creer que solo era eso, una basura.
Nada más llegamos a tierra firme nos metieron en una camioneta y nos llevaron a una casa en medio de la nada. Nos obligaron a desnudarnos y nos manosearon para comprobar la mercancía. Hasta los dientes, como si fuéramos caballos. A una chica menuda que no paraba de llorar le dieron bofetón tan fuerte que se golpeó contra el suelo. Se la llevaron de allí, inconsciente. Y nos advirtieron que eso era lo que nos esperaba si protestábamos o desobedecíamos
- ¿Y ella?
- Jamás la volvimos a ver. A continuación sacaron un papel con una ristra de números, donde se suponía que constaba nuestra deuda con ellos. Por el billete de avión, los papeles y no sé cuantas cosas más. La cifra era imposible de pagar, y nos dijeron que les pagaríamos trabajando. Y que se quedaban nuestros pasaportes como garantía hasta que pagáramos nuestra deuda
- ¿trabajando de qué?
- Ya te lo puedes imaginar. En ese momento supimos que no seríamos secretarias ni recpecionistas. Por si teníamos dudas, nos dieron nuestros “uniformes”, unos pedazos de tela de raso y encaje barato
- Qué horror, mamá
- Cada día era peor que el anterior. En la casa se turnaban para violarnos, y por la noche nos trasladaban a un club de alterne donde tipos babosos nos usaban como si fuéramos objetos. Al principio, ttataba de soportar aquello del modo menos malo posible, pensando en ganar el dinero suficiente para saldar mi deuda y largarme de alli. Tardé un tiempo en darme cuenta que aquello era imposible. A la hipotética deuda se sumaban intereses, e intereses de intereses y cada vez era mayor.
- ¿Y no podias escapar?
- Me amenazaron con matarme y, cuando ya me dio igual porque la muere era mejor que vivir así, comenzaron a amenzarme con matar a mi familia. Hubo una chica que trató de escapar y la cogieron y le pegaron una paliza de la que tardó en recuperarse varios meses. Al cabo de un tiempo, le enseñaron un recortee de periódico de nuestro país. Su hermana pequeña había sido encontrada muerta “en extrañas circunstancias”
- ¿Y a tu familia?
- No les hicieron nada, que yo sepa. Yo estaba tan asustada que obedecía a todo lo que me decían, me acostaba con tantos tipos babosos cuantos tocaba, accedía a tener relaciones con ellos cuando querían. Llegó un momento en que yo misma me daba más asco que todos ellos juntos. Quise quitarme la vida, pero me tenían vigilada. Hasta conseguí unas pastillas, ésas de la maleta, y pensaba tomármelas en un descuido que nunca llegó. Hasta el día que cambió todo
- ¿Qué paso?
- Me quedé embarazada. Tuve la suerte de que me permitieran quedarme al niño, de que no mme obligaran a abortar como hicieeron a otras compañeras. Pero lo que creía que era un pequeño descanso, fue un desgarro más. Me enseñaron al niño y, acto seguido, me dijeron que se lo llevaban, que ya tenían la venta apalabrada. No pude hacer nada. Nada –llora sin parar-
- Continué haciendo aquel asqueroso trabajo, por llamarlo de algún modo, como una autómata,, un día tras otro, de un club a otro, sin sentir apenas otra cosa que asco de mí misma. Hasta que volví a quedarme embarazada. Notaba las patadas del bebé dentro de mí y, en vez de restarme energía, era como si me la insuflara poco a poco. Y conseguí huir
- ¿Cómo?
- Estudié el recorrido que hacíamos, esperé el día propicio y embauqué a nuestro carcelero, que nos acompañaba a todas partes, mientras le hacían efecto aquellas pastillas que guardé y le puse en un vaso de whisky. Me tiré en marcha de la furgoneta cuando cruzábamos un pueblo, y corrí y corrí, y grité y grité. Fue tal el alboroto que decidieron no bajar a buscarme. Al menos, entonces. Por una sola vez en mi vida, la fortuna me sonrió en forma de una buena persona que me llevó a la comisaría.
- ¿Y no te persiguieron?
- Pacté con la policía, les proporcioné toda la información que tenía. Pasé mucho tiempo escondida mientras tus patadas dentro de mí me seguían dando fuerza. Y en otro sitio, en otro lugar, empecé una nueva vida, aunque cada noche revivía aquella vida antigua que todavía puebla mis pesadillas. Por eso…
- Por eso me llamaste Libertad
Cierra la maleta y abraza a su madre. Juntas la agarran y la lanzan lo mása lejos posible








